[Bésame, estúpido] 10

 

Maldades

angosto 1

Meryl Streep

Fui rápido a ver Agosto, por ese montón de buenas actrices. Escándalo americano me había desilusionado como película pero admiré la bravura de las actuaciones, inspiradas y plenas. Pero este agostozononón es un mamotreto, un amontonamiento de lugares comunes, de golpes bajos mal hechos, de personajes caricaturizados al extremo compitiendo para ver quién se lleva el Oscar, de momentos graciosos para aflojar que dan pena. A la pobre Juliette Lewis le han dado un personaje que parece sacado del museo del estereotipo. Y Julia Roberts, ah, tan alisada y ronca, con sus raíces de canas sin teñir, Chris Cooper debatiéndose y los demás exasperados y haciendo mil mohines cuando les toca el plano. Menos mal que Sam Shepard está poquito. Y por segunda vez, ya en África mía el trabajo de Meryl Streep para mí fue fiero, detesté su actuación, llena de muecas y de sorpresitas: siempre mete una risa o un carcajadón en medio de las frases serias, subraya cada palabra de un modo entre magistral y obvio, se le ve siempre la cámara detrás o delante. Sus tonos quejumbrosos son afectados en medio de tanta filigrana diestra propia. En fin, podría seguir y seguir, y sigo: corre por el campo agitando los brazos como un molino de viento como si eso fuera expresivo y quedara bonito, luego aúlla y se retuerce a su modo, luego se muestra humana y tan simple, luego llora y la lagrimita cae justo, luego tambalea, tartamudea, se choca contra los muebles, hace preciosos gestos raros con las manos, que siempre están en movimiento convulso. Es tan omnipresente su personaje que cuando no está se la extraña, a pesar de los excesos.

Imitación de la vida, de Douglas Sirk

Además la peli no es un melodrama de Douglas Sirk, con Robert Stack o Ruth Roman o Rock Hudson o Dorothy Malone o Lana Turner: aquí se trata de una mala obra de teatro mal copiada de Strindberg o Ibsen. Pero claro, los actores se emocionan ante personajes tan jetones y se quieren apoderar de esos roles premiables. Una película que brilla por su poca verosimilitud, por su exceso, por su egocentrismo estallado. Pésimo cine. Salí irritado con todos y todas. Ah, olvidaba: ¡esa musiquita dulzona de Santaolalla! Cada paisajito con su notica.

 

angosto 2

Se me despertó el indio. Si se ve cada cosa por separado, en realidad los actores están muy bien, juegan con herramientas nobles, se ve oficio, entrega, pasión. El problema es que todo eso no basta. Hace falta también, además, autocontrol y mesura. Y un buen texto. Y una dirección adecuada. Aquí cada escena está trabajada como si fuera la escena madre, cada fragmento de historia pretende –y podría– ser una película en sí. Los temas, todos demasiado importantes, se superponen hasta anularse. Cada momento abre una espiral de sentidos que pretende abarcar el mundo familiar, el mundo de los matrimonios infelices, el problema de los hijos adolescentes, el problema del incesto, de la soledad, de la drogadicción, del alcoholismo, de la vejez, de la enfermedad, del suicidio, el problema de las cosas ocultas en las casas, en los hogares. Es claro que cualquier obra toca muchos temas a la vez, pero en esta pareciera que todo tiene que ser el principal. No hay foco, todo se desdibuja al ser cada tema enunciado e inmediatamente abandonado para saltar a otra sorpresa, como en un túnel del terror. La famosa escena de las pastillas es un ejemplo. No se sabe cómo Violet puede o podrá solucionar su crisis de abstinencia. Simplemente no se habla más de eso, no se ve nada más, todo se esfuma. Claro, porque viene otra escena madre.

Cambalache

Cuando miraba a Meryl Streep no podía dejar de pensar en cuántas horas habría pasado en la sala de maquillaje, cómo lograron que los ojos quedaran rojos en los bordes, si la habrían pelado o no, cómo habrían disimulado su verdadero pelo, si su papada y sus arrugas eran propias de ella o exageradas un poquitín. Todo eso interfería con mi mirada, que no era prejuiciosa. Llegué al cine fresco y entusiasmado. Pero se me impuso el truco. Ella es una máquina impresionante, generadora de maestría y verdad, pero aquí emplea toda la batería junta, al cien por ciento. Se repite mil veces en la película. Es cierto que sorprende, y el público reacciona con sus hallazgos, pero se volvieron destreza, no conmueve. Que es lo que yo quería: conmoverme.

Cold War

Cold War

Por favor alguien que me explique qué le han visto a esta película. Trato de no ser irónico. Es que realmente me asombra todo lo que se dijo comparado a lo que yo sentí: nada de nada. Sin sangre, sin calor, sin vida, muñecos manipulados en frío y obligados a recorrer una historia interesante pero vuelta opaca, gris. Todo me pareció sin gracia, hasta ella, o ella fue la menos graciosa de todo. En fin, me sentí dejado de lado por el director, los actores, el desarrollo de la trama, que me pareció absurda y con un final ridículo con las caras grises, muy maquilladas de tragedia. Y él tocando el piano llorando… ¡Vamos! Eso se hizo mil veces con mayor suerte. No la vi solo, y todos sentimos igual: aburrimiento, malestar, incomprensión, rebelión. Sobre el tema se han hecho maravillas, como Sol ardiente de Mijalkov.

En verdad, ya Ida me había dejado indiferente.

The Revenant

El renacido

A ver…  A Leonardo Di Caprio ni se lo ve, tapado por costras, sangre y pieles de bichos. No hace nada más que arrastrarse, gruñir y susurrar. Lo que hace muy bien, gesto que repite por lo menos dos veces, es apartarse el pelo con cuidado, en las peores escenas, para que no le tape el caripelón. Cara y edad de personaje que no van con un cuerpo flaco y debilucho de adolescente. La película es muy violenta, sádica, atrapa y también suelta, aunque uno no deja de mirar los minutos que faltan para que se termine de una buena vez. Es terriblemente kitsch en los zurcidos de la historia, almibarada como Carol y también ridícula. Estos guionistas son del medioevo. No entiendo por qué no dejaron la historia desnuda y la tuvieron que adornar con tanta pavada. Los enlaces y rellenos, pura musiquita y arbolitos, son aburridísimos; faltan datos esenciales para todo, y lo peor es que es la típica peli de superhombres, dioses del Olimpo que, en realidad, si fueran hombres normales no sobrevivirían dos segundos a tamañas desgracias. Es que el regodeo violento en las luchas no deja escape posible sino a divinidades.

Loveless

Sin amor, Loveless. Multipremiado y pésimo film ruso que arrasa en festivales y va por el Oscar. Una muy buena historia arruinada por recursos obvios y baratos, no de plata sino de buen cine. A la hora la cosa se pone algo interesante cuando comienza la búsqueda del chico que se escapó por desamor de padres tan fríos que parecen de plástico aunque andan siempre medio en pelotas haciendo cositas –qué frase larga, no sé dónde meter la coma. Ahí, en esa búsqueda, esta peli antonionesca vieja parece un documental didáctico de alguna organización caritativa que ayuda con los missing children. Lo demás es pura obviedad llena de moralina, como nos vamos acostumbrando a tragar –y aplaudir– en cada uno de estos papelones fílmicos presuntamente bienintencionados, pero en realidad nefastos, de la mortífera corrección política de nuestros días.

Sin amor y sin nada

La dama de plomo

rescate de años anteriores

La dama de hierro es una película idiota, parece un video clip hecho por principiantes, con grandes angulares o tomas desde el cielo mostrando los carísimos rasos celestes de la ropa de una pobre mujercita rodeada de los trajes negros de los hombres que se ríen de las mujeres a mandíbula batiente, en una de las escenas más fieras de la historia del cine. Además, la película salta de aquí para allá como enloquecida, tratando de estructurar un relato interesante, sin conseguirlo, sobre un período terrible de la historia contemporánea. Film balbuceante, inconexo, superficial, mentiroso, cobarde, que no se pronuncia sobre nada, salvo rescatar a la abuelita amorosa que todos tuvimos. Meryl Streep es genial, digamos…, pero me da odio que se meta en estas estupideces, sobre todo que se crea todo lo que se cree de sí misma y por lo tanto baje la guardia y se permita ser condescendiente y autocomplaciente consigo y con un guion pésimo y un personaje al que no aporta nada, salvo hacerla querible: una horrenda operación ideológica y política.

Thatcher/Streep

Es extraño esto que le pasa a Meryl Streep, ese afán de brillar a ultranza, ese narcisismo elegante y escondido que le permite mantener esas caras de sorpresa enormes cuando recibe los premios, como si ella no los mereciera. Me desconcierta y desagrada ese show que parece tan natural. Ya había cometido la imprudencia imperdonable de intentar representar a Karen Blixen. ¿Qué le queda ahora? El Mahatma Gandhi, Isabel Martínez de Perón, Farah Diba, Golda Meier o Mata Hari -imagínense los miles de mohines y cientos de kilos de maquillaje cuando esté frente al paredón de fusilamiento…

Todo es vanidad.

Kiss me, stupid. The crown

En el cine y en las series al inicio miro sin prejuicios, me dejo entrar en un medio acuoso que me va llevando y del que comienzan a aparecer, de a poco, ideas, sentimientos, palabras, ocurrencias, juicios. En ese vagar hay un momento en que comprendo qué estoy sintiendo y las cosas se ordenan: ¡zacatún! Es como haber estado tendiendo anzuelos que de repente pican. Casi enseguida me dan ganas de escribir lo que me pasa. También mi sentimiento se altera y me vuelvo bueno o malo, cínico, sarcástico o lloroso, o maravillado como un pibe. Ataco o justifico todo. Es entonces cuando empieza la diversión. Es que encuentro el canal, más bien el filón, que se revela rico en caminos, meandros, rincones y sorpresas.

En el tercer episodio de The Crown de repente sentí que algo se dibujaba con fuerza en mí, cuando de la nada se me apareció este título: Bésame, estúpido. Es de una película de Billy Wilder con Kim Novak. Trataré de desentrañar y explicar por qué se me apareció. Llegó lejos, llegó hasta el título de este libro.

Bésame, tonto

En mi infancia y en mi adolescencia temprana de pueblo sonaban muchas palabras, en la radio, en los diarios y en los cines, referidas a Inglaterra, o a eso llamado Gran Bretaña o ahora Reino Unido, UK. Eran imágenes simples y a la vez complicadas, y eran también palabras: sir, lord, milady, chaquetas rojas, zorros apurados, cientos de perros ladrando y corriendo por campos verdes húmedos, escopetas, niebla, me gustaba leer smog, Jack el Destripador, Shakespeare, Hamlet, claro que Romeo y Julieta, sombreritos con visera rígidos para hombres a caballo, faisanes colgados, sombrerazos rarísimos y enormes para las mujeres en toda ceremonia, ellas con faldas largas sentadas de costado en caballos, Windsor, Margaret, Elizabeth, Canterbury, Big Ben, la Torre de Londres, los tres mosqueteros, Ana Bolena, cabezas cortadas, corona, tiara, Westminster, fealdad, pasos cortos y como tontos de la reina que parecía una muñequita de torta, los bobbies que no tenían armas sino cachiporras, kilómetros de alfombras en la calle y en las iglesias, carrozas rimbombantes llevadas por caballos engalanados hasta más ver, trajecitos sastre, collares de perlas, Wally Simpson, divorcio, abdicar, Peter Townsend, Tony Armstrong Jones, su majestad, princesa, escándalo, multitudes en blanco y negro aplaudiendo, coreando y agitando banderines, avenidas rebosadas de fieles, piedras preciosas, guantes peludos de piel blanca con rubíes. Todo tenía un aire viejo, que causaba gracia, tanto lujo en cuerpos tan poco interesantes, tan poco atractivos. Todo era muy real pero todo parecía una broma, un error. Algo no encajaba bien, era una pompa de jabón demasiado grande en medio de un ventarrón.

Jack el Destripador

Vuelvo a la serie. Al tercer episodio se me apareció ese título agresivo y también el reconocer que Jared Harris, el que hace del rey George, es tremendo actor. Tiene que toser demasiadas veces para evidenciar que va a morir, es cierto, pero tiene una humildad y una transparencia en la mirada que me conmovieron. Los otros son solo eficaces. Hay que aguantar hasta el episodio 8 para ver dos buenos momentos, el de la reina madre que medio se enamora del dueño de un castillo –la despedida al borde del mar es emocionante de verdad– y la escena entre las dos hermanas en las que se reprochan cosas y no consiguen ni quieren salir del atolladero del destino. Muy buena escena, bien jugada, pero sin embargo el diálogo es también grandilocuente, no está a la altura de lo que sucede.

En el tercer episodio la serie se me volvió estúpida. Se me exigía conmoverme por la tontera, como si todavía fuera niño, y eso que siempre fui un niño descreído. Se me pedía, de nuevo, bésame estúpido. Tenía que aceptar que estaba ante una serie importante, lujosa, la más cara de la historia, y arrodillarme ante sus dramitas. No estoy dispuesto a dar ese beso. La serie me parece engreída y vana. Los conflictos son increíblemente idiotas: cambiar una palabra de un discurso, que el marido se arrodille o no ante la esposa y ella sí o no ante el marido, aprender cultura general porque de chiquita a Lilibet solo se le enseñó la constitución y nada más, hablar de cualquier pavada en términos estruendosos, un guion que repite ad infinitum que ella tiene su propia voluntad pero que siempre termina aceptando las órdenes del aburrido Churchill o de cualquiera para no hacer temblar la realeza, mostrar un montón de veces el culo de Felipe de Edimburgo –Matt Smith– para que el equipo de cine se lo espíe y de paso darle un toquecito gay al todo. Y soportar que cada mirada sea importante, fija, para la historia. En fin, volví a sentir aquello que en la infancia/adolescencia percibía como ridículo, música vana. Claro está que deben haber pasado cosas más importantes en la realeza, pero en el guion hay tal mesura, tal rigidez en los enunciados fílmicos, que todo parece sepultado en magnificencia helada, como un helado bonito y soso. Pese a todo, sigo muy enganchado.

Bésame, estúpido. El estúpido soy yo, sono io.


 

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  • Licenciado en Cine UNC, luego integrante del LTL. Vivió exiliado 10 años y a su regreso, en 1984, fue director de teatro de varios grupos reconocidos y docente en Cine y Teatro de la UNC, de donde se jubiló en 2017. Desde 2008 escribe novelas y relatos autobiográficos. Ya tiene 16 libros publicados, entre los que se destacan El chico y Perla, un retrato del vínculo con su madre.

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