Alberto Giordano: Celebrar al padre

“Siempre hubo un impulso celebratorio moviéndome a escribir sobre mi papá. Celebrar el gusto por la música, por el cine, por las historias amorosas, por la generosidad”, confiesa Alberto Giordano, quien publicó Volver a donde nunca estuve. Algo sobre mi padreDesde hace varios años, el ensayista y crítico rosarino viene posteando en Facebook textos autobiográficos de dispar extensión y tema: experiencias del pasado y del presente más cercano, recuerdos y curiosidades de la vida familiar y social, de sus amistades y del ambiente literario, así como opiniones sobre discos y libros, entre muchas otras. Estos textos forman parte de su diario y fueron reunidos en los volúmenes El tiempo de la convalecencia, El tiempo de la improvisación y Tiempo de más (también de reciente aparición).

Volver a donde nunca estuve reúne los fragmentos de su diario relacionados directa o indirectamente con su padre, y surgió a partir de una invitación que le hiciera el editor y escritor chileno Alfonso Mallo. “Si bien Alfonso no escribió nada del libro lo considero una especie de coautor, porque tuvo la idea y además la realizó -comenta-. Pensó la composición, armó constelaciones y series siguiendo criterios a veces temáticos y otros estéticos. Y después de esa primera etapa, trabajamos durante un mes a cuatro manos”.

¿Qué fue lo que te impulsó a escribir sobre tu padre?

Siempre me gustaba hablar de mi papá con mis novias o con las mujeres de las que me había enamorado. Les contaba historias, dichos, puntos de vista de él que me parecían curiosos; lo hacía de un modo bastante infantil, como para volverme interesante yo mismo por ser el hijo de ese hombre. Eso lo seguí haciendo con mis amigos. Algunas cosas las vengo contando desde hace 30, 40 años, pero con el tiempo he ido cambiando mucho el punto de vista. Lo que al principio contaba para mostrar lo admirable que era mi papá, ahora las cuento con una clave irónica, como diciendo qué entrañable que era mi papá cuando yo creía que era alguien más dotado de lo que realmente era.

En estos fragmentos el autor hilvana un recorrido por su propia infancia, por la época en que el padre se separa de la madre y abandona casas, trabajo y propiedades y se va a vivir a otra ciudad, los viajes que ambos debieron realizar para reencontrarse, hasta los años en que su padre estuvo internado en un clínica de rehabilitación en Córdoba. Pero también la admiración y el amor compartido por la música, las mujeres y el cine, así como los enojos y los desencuentros. “Escribí para mantener vivo el interés en su figura, tal vez para volverlo todavía más interesante de lo que realmente era, una especie de personaje novelesco. Este trabajo de novelización (aunque no haya nada de ficción, todo lo que cuento es real, pero la escritura lo transforma en algo novelesco), es una forma de apropiarme de su historia y de mi lugar en su historia, y de volver a su historia tributaria de la mía, y de enlazar la historia de mi hija, ‘los Giordano’. Pero apropiarme de todo eso sin que ese universo familiar pierda su rareza y su misterio”, dice.

Escribir como ejercicio espiritual

¿La escritura te puso en una posición diferente respecto al recuerdo de tu padre, y también a vos mismo como padre? 

Creo que desde que comencé a escribir diarios o pseudodiarios en Facebook, vengo inmerso en un proceso de modificación y apropiación del vínculo con mi papá, y también de mi pensamiento respecto a la paternidad. Y esta escritura rememorativa, reflexiva, introspectiva, sin un propósito claro para mí mismo, tuvo una acción múltiple. Por un lado, aligeró todo eso de una carga sentimental densa, lo volvió más liviano y fluido; por el otro me permitió apreciar de cerca y muy matizadamente la ambigüedad constitutiva de la figura del padre y de los vínculos familiares. No es algo que logre sólo por la escritura, pero escribir sobre la relación con mi papá y simultáneamente sobre la relación con mi hija me permitió ir reinventando la novela familiar, volverla más dichosa y estimulante, más propia.

En varias ocasiones has dicho que esta clase de textos cumplen, de alguna manera, con la función de ejercicios espirituales…

La idea de las escrituras de sí mismo como ejercicio espiritual es algo que siempre me interesó estudiar en todo tipo de escrituras autobiográficas. Cómo al escribir sobre uno mismo, además de proponer imágenes para el reconocimiento de los demás, a veces uno escribe para modificarse, escucharse y reconocerse en algo que había pasado inadvertido. Este conjunto de actividades tuvieron una eficacia en términos de un cierto ascetismo sentimental. Me ayudaron a desprenderme de representaciones, imaginarios y sentimientos que resultaban muy pesados, porque o bien se encaminaban por la vía de la idealización de la figura paterna, o bien por una especie de vía de depreciación de mí mismo como alguien débil, no capacitado para la vida. Aligerar eso, observarlo irónicamente, tuvo ese efecto de desprendimiento que yo considero una suerte de gimnasia espiritual que me deja en unas relativas mejores condiciones para moverme en la vida.

¿Qué opinás de las sospechas que sobrevuelan en torno a las escrituras del yo? ¿Hay aspectos de estas sospechas que te parezcan atendibles y otros que ni siquiera te interesa tener en cuenta? 

No hay nada bueno ni malo en usar ninguna convención literaria, sea la primera persona o la tercera, sea el registro autobiográfico  o el ficcional. La cuestión es qué uso se le dé, si el uso tiene alguna gracia, perspicacia o densidad. Hay un fragmento del diario en donde hablo de manera irónica sobre quienes continuamente enuncian las diatribas contras las escrituras del yo porque las consideran excesivamente egotistas o frívolas. Lo que había escrito y es lo que pienso es que ese tipo de diatribas son las manifestaciones de un yo enojado, molesto, de un yo demasiado centrado sobre sus pasiones más tristes. Esas diatribas son escrituras del yo en el sentido más deplorable. Porque la cuestión es la cualidad afectiva y estética del yo que se escribe. Qué tan imaginativo, lucido, generoso (en el sentido existencial), o qué tan estúpido es (porque la estupidez es un valor bastante interesante en estos casos). Agrego algo que le escuché decir a Martín Kohan cuando presentó uno de mis diarios. El decía que las escrituras del yo le despiertan cierta suspicacia en los casos en que el yo se impone a la escritura, y lo hace por cierta plenitud egocéntrica. Pero cuando el yo queda sujeto a la potencia, a la fuerza de la escritura, esos textos a él le interesan. Creo que su último libro, Me acuerdo, va en esa dirección, porque se trata de un yo fragmentado y disperso por obra del recuerdo. Y si nos interesasen las catalogaciones, lo pondríamos como un caso de escrituras del yo.


Volver a donde nunca estuve. Algo sobre mi padre
Alberto Giordano
Bulk Editores
Chile
150 páginas
$ 850


Una versión más breve de esta entrevista fue publicada el 6 de septiembre en la revista “Número Cero” del diario La Voz del Interior

  • Licenciado en Letras Modernas y periodista cultural. También incursionó en la docencia y la escritura de guiones documentales. Publicó el libro de cuentos El fin de la intimidad, y tiene otro más inédito, además de uno de perfiles en preparación.

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