BAFICI: “El baldío” de Liliana Paolinelli

 

Liliana Paolinelli estrena El baldío, su primer documental, en el marco del BAFICI, donde participa en la competencia oficial. Luego de haber dirigido varios cortometrajes y largos de ficción, entre ellos Por sus propios ojos (2007), Lengua materna (2010), Amar es bendito (2013) y Margen de error (2019), con su nuevo film cambia al género documental y lo hace con una historia que la viene tocando personalmente.

En un baldío del barrio de Colegiales, en Capital Federal, habita una colonia de gatos (llegaron a ser más de 30), que, como dice la directora, “están en un limbo entre lo silvestre y la domesticación”; sin embargo, un grupo de voluntarias los cuidan y les dan de comer, creando un vínculo afectivo y solidario más allá del portón que separa ambos mundos (y que en ocasiones las mujeres se animan a sortear). Además, sobre los gatos y sus cuidadoras pende la amenaza de una inminente construcción. Sin voces en off ni testimonios a cámara, la narración recrea la interacción y las formas de ese vínculo que, con intrigas y sorpresas, al espectador se le va revelando paulatinamente.

La película se podrá ver de manera presencial el lunes y viernes (abajo horario y lugares), y a partir del lunes y por 72 hs. online y gratis en el sitio del BAFICI.

¿Cómo fue que te encontraste con la historia de los gatos y el baldío? ¿Tenés alguna relación especial con los gatos y con otros animales domésticos?

Los gatos no me gustaban. Me producían miedo, asco. En mis pesadillas estaban siempre ellos. Hasta que conocí a Paula, mi esposa, que tenía gatos. Y así empezó. Hicimos una familia de gatos, perro y tortuga. Ahora los gatos no sólo me encantan, los extraño hasta la desesperación cuando no los veo. Se ha vuelto un problema hacer un viaje largo, por ejemplo. Trato de no pensar qué estarán haciendo, pero al tercer día ya sueño con ellos y me quiero volver. Por supuesto no voy a pegar la vuelta, pero necesito urgente ver un gato, cualquier gato. Y bueno, me encontré con el baldío y estos gatos caminando por el barrio, mirando el piso. Me impresionaron de tan lindos. Me uní al grupo de voluntarias y les damos de comer por turnos. Los medicamos, atrapamos, castramos; transitamos cachorros, también. En este momento tengo dos en mi estudio. Es una tarea enorme, aunque paradójicamente me hace descansar de los gatos de mi casa. Es un apego diferente, otro amor, digamos. Con la película quise explorar ese otro apego y experimentar en lo formal también. El baldío está cerrado con un portón de chapa, se puede ver a los gatos espiando a través de las ranuras. Este límite contiene para mí todo un dispositivo cinematográfico: el recorte, el espacio fuera de cuadro, lo visible, la puesta en abismo…

Si bien se trata de un espacio pequeño -un baldío-, los gatos que lo habitan no son salvajes pero se perciben reacios a la interacción. ¿Esto supuso algunos problemas en el rodaje?

Nunca me planteé filmar los gatos más allá de los que ellos permitiesen. Tampoco tenía alternativa, justamente son gatos no domesticados, de todos modos filmarlos no resultó complicado. Esto escribí en mis apuntes: “Los gatos ya no se asombran por la cámara. Fijan la mirada en el centro de la lente y la mantienen hasta que los párpados se les caen del sopor. Pareciera que traen un sentido de la composición innato: una vez que descubren el objetivo, se ubican a un costado dejando aire visual, ni muy al centro, ni con el cuerpo cortado. Y miran directo a cámara como diciéndole: nunca vas a saber todo de nosotros”.  

 

Una de las cosas que me llamó la atención es la decisión de no utilizar la voz en off ni el testimonio a cámara. Incluso los parlamentos de las protagonistas. ya sea cuando monologan con los gatos o cuando dialogan entre ellas, son fragmentarios, por momentos solo balbuceos, y en ningún momento hacen mención explícita de porqué están haciendo lo que hacen. A su vez, se animan a hacer cosas que implican un riesgo, como cuando saltan los techos y pasan al baldío o cuando capturan a uno de los gatos enfermos. 

Hice entrevistas a las voluntarias pero me divertía mucho más cuando las filmaba en acción. Además, ¿cómo se iba a integrar la entrevistadora a la narración? La entrevistadora es voluntaria y también directora, sí, pero esa dualidad me creaba un conflicto de posicionamiento frente al material. Un día me dije: no entrevisto más. Filmé gatos y mujeres en acción y entonces vi que las dos especies quedaban ubicadas en un mismo plano. Era mucho mejor, las mujeres no tenían la ventaja del discurso. Somos animales. Animales que cuidan a otros animales. Y balbuceamos frases sin sentido o a medio decir en lugar de tener un discurso armado, “contundente”.

También llama la atención el hecho de que el espacio y los personajes animales que registra la cámara, parecen estar en un hábitat que en algunas escenas parece lejano al urbano, incluso amenazante para los humanos. 

Ese bosquecito no parece Buenos Aires, tal cual. Fue lo que me sedujo, un lugar donde fugar la vista y poder trepar techos y saltar a terrenos ajenos. Hay un poco de clandestino en todo esto. No podríamos cuidar gatos callejeros de otro modo, pidiendo permiso, usando arneses de seguridad… Supone riesgos y al mismo tiempo es fascinante.

Los gatos son como los animales preferidos para mostrar y exhibir en redes sociales, pero en el espacio de la película no aparecen como dóciles sino más bien como huraños y agresivos. Pareciera que tu intención ha sido la de rescatar esa otra cara de los gatos, pero que tampoco termina de ser la contracara de la visión idealizada que se extiende por las redes y por los medios. 

Está bueno eso que señalás. Los gatos del baldío no son completamente salvajes, ellos se acercan al portón todos los días a las siete para recibir su cena. Ojo, también son tremendos cazadores de palomas. Pero están en un limbo entre lo silvestre y la domesticación. Lo que al revés me hace pensar mucho en la naturaleza de nuestros gatos domésticos. Hay mucha cultura sobre la domesticación, programas de conducta felina… A veces no resulta tan fácil saber dónde termina la adaptación y empieza la naturaleza. Tal vez haya que definir el concepto de naturaleza. Para mis gatos, su hábitat natural es la cama y el sillón. En cuanto a los del baldío, se avecina una obra. Hemos debatido largamente en el grupo y seguimos debatiendo qué hacer, si llevarlos a un refugio, si transitarlos. Por ahora va prevaleciendo la posición de dejarlos ahí, en lo que es su naturaleza. Algunos se asustarán, otros se irán por los techos. Por lo pronto nosotras seguiremos yendo dos veces todos los días, a la misma hora.

 


Funciones

Lunes 22 de marzo: a las 20 h. Quetren Quetren
Viernes 26 de marzo: a las 14 h. Sala Leopoldo Lugones – CTBA
Online: desde el lunes 22 a las 20 h. (disponible por 72 hs.)


Ficha técnica

Dirección, Guión, Producción, Producción Ejecutiva: Liliana Paolinelli
Fotografía: Alejandro Ortigueira
Edición: Lorena Moriconi
Sonido: Leandro de Loredo
Compañía Productora: Mandrágora Producciones
Intérpretes: Elsa Tyrakowski Lelawski, Dina Priess Dos Santos, Paula Gandini, Laura Guaragna, Camila Wolfzun

  • Licenciado en Letras Modernas y periodista cultural. También incursionó en la docencia y la escritura de guiones documentales. Publicó el libro de cuentos El fin de la intimidad, y tiene otro más inédito, además de uno de perfiles en preparación.

2 comentarios

  • Liliana Paolinelli invariablemente ha sido muy clara en su alocución, firmeza y precisión
    al hablar resulta ser lo que presiento intenta formalizar en su trabajo a través de otras herramientas.
    La entrevista es fluida y es difícil encontrar giros que quieran engrandecer el trabajo
    realizado como resulta ser muy común en muchos realizadores audiovisuales a la hora de ser entrevistados.
    Habrá que ver el documental y sacar cada uno sus propias conclusiones.
    Cabe aclarar que viniendo de Paolinelli y teniendo en cuenta el trabajo que antecede de esta realizadora,
    difícilmente el material caiga en el total desinterés.

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