[Bésame, estúpido] 12

 

A medias

 

Green Book

Algunas personas se ofenden con mi manera de juzgar las películas y toman lo que es un juego apasionado de mi parte como un insulto a sus propios gustos. Hasta me han bloqueado por eso. El problema empezó con mis comentarios sobre Glenn Close y la película La esposa. Y antes con mis ataques a Elle y la Huppert y Tres anuncios para un crimen y Frances McDormand, grandes actrices que se la creyeron. Pero también dije que GC merecía el Oscar por trayectoria y porque lo de Olivia Colman de La favorita es más tic todavía, si algo así es posible. Voy a seguir lo que me dicta il cuore.

Green Book

Esta Green Book es lujosa, entretenida y obvia, muy predecible toda ella en su historia y en lograr los momentos emotivos o dramáticos a su debido tiempo.

Pero lo que más pena me dio fue ver a un gran actor y persona como Viggo Mortensen copiando paso a paso la actuación de un italiano semimafioso al estilo Joe Pesci o Al Pacino. Le faltaba el palillo en la boca. Y le sobraba la comida también en la boca, mordiendo sándwiches como desesperado, engrasándose entero y luego humanizándose en cuentagotas. También imitaba el acento americano mechado de italianidad o lo que los gringos han impuesto al mundo como estereotipo tano.

El pianista negro, Mahershala Ali, también compone mucho, durito como si tuviera un palo clavado en el culo, voz aterciopelada y movimientos de mimo. Y el retrato de la familia perfecta es de una obviedad asombrosa.

Pero es entretenida, se deja ver y tiene un momento precioso. Un solo momento en más de dos horas es una miseria.

Conduciendo a Miss Daisy

Es una más de las películas de redención, de héroes tocados por la gracia divina. Hay toda una batería de filmes estadounidenses embanderados. Conduciendo a Miss Daisy era muy superior, tenía a Jessica Tandy, con un momento de actuación asombroso cuando, comiendo unos emparedados sentada en el estribo de su auto señorial años 40, junto a su chofer negro, mirando el paisaje alrededor, le dice: Antes aquí todo era laguna, ahora son prados, antes tocabas el agua y eran tan salada…, se lleva un dedo a la boca y se estremece con el recuerdo de la sal, el recuerdo la embebe como el sabor de un limón, y la voz y los ojos se le quiebran.

 

Munro

Alice Munro

Sobre el Nobel de Literatura: no adhiero a la ola entusiasta en extremo creada sobre Alice Munro. Creo haber leído prácticamente toda su obra. Para mí es una escritora irregular, muy buena por momentos, y es cierto que algún cuento es inolvidable, pero en muchas otras ocasiones no llega a conseguir lo que se propone, se siente el impulso grande pero el salto queda corto, apenas insinuado. Esto no sería una crítica, porque considero que en la búsqueda está la gracia, el sentido, y también en el error está lo importante. Pero ella, a mi entender, no tiene esa grandeza imperfecta de las verdaderamente extraordinarias y renovadoras, como Virginia Woolf o Karen Blixen o Carson mcCullers. Considerarla la mejor escritora viviente es ser injustos con la más grande a mi entender, de todas las que aún están vivas: Anne Tyler, una joya de humor delicado, estremecimientos y sorpresas genuinos y ausencia de golpes de efecto, salvo los que la vida dispone. No he leído un solo comentario que señale alguna crítica, aun menor, sobre Munro, y me sorprende esa ola sin matices, formada de puro halago.

 

Rosa Patria

Santiago Loza

Rosa Patria

Estoy viendo Rosa Patria, me parece bello cine. Luz espléndida, narración sensible. Como siempre en Santiago Loza toda la emoción está contenida y a la vez se filtra. Estas palabras son tontas, pero ya elegiré mejores, cuando termine de verlo y arme el pensamiento.

Es tal vez demasiado aséptica, demasiado controlada. Le falta creo lo que Néstor Perlongher tenía: violencia, desafío, desenfado. Es un hermoso film cauteloso/cautelante. Me sorprende que nunca se hable de sus amores. Se mencionan sus encuentros sexuales, un poco, pero debe haber sido un tipo que se enamoraba fiero. Eso no aparece. Nuevamente el amor pareciera ser relegado, como algo obsceno. Santiago no se atreve a entrar en eso o no le interesa entrar, pero de este modo lo niega, lo aparta. Siento que a la peli le falta sangre, también sexo, también amor, los amores del Néstor. La figura de él, de la que tanto se habla, está muy escamoteada, escondida, ni siquiera se muestra su cara en la ventanilla, yéndose en el ómnibus a Brasil.

Es cine elegante y original, pero algo falta, algo esencial, que sí aparece cuando, de modo escondido y muy discreto, la cámara permanece horas sobre el rostro del bello violinista que termina de ejecutar su pieza.

Le veo otro problema a la película, y es que por momentos corre poco cronológica, algo mezclada adelante/atrás, lo que es lindo, pero de repente parecen cosas ya dichas, o de relleno; lo que sucede no es ya tan interesante porque se lo conoce y no agrega nada.

En fin, bella pero media sin carne, o al menos con huecos inexpresivos, si es que los huecos pueden serlo.

Creo que Santiago Loza, aunque resbale en el sinsentido a veces, como en 12 casas, una serie rimbombante de bodrios, es uno de esos genios irregulares de los que hay pocos. Es raro ver un filme de él que esté terminado, perfecto, pero se percibe la perla escondida. Los labios, La vida íntima de las tortugas y La paz son, en cambio, obras maestras.

 

 

Border

Ali Abbasi, Suecia 2018

Pocas veces viendo una película no pude soportar la imagen y cerré los ojos o desvié la vista. Así como en las noticias de la tele me pasa a menudo porque la brutalidad es constante y desvergonzada y todo se ve, en cine me pasa muy poco, creo en Irreversible, la otra de Gaspar Noé entre la hija y el padre y fragmentos de Michael Haneke –la primera Funny Games, de 1997. Pero eso era otra cuestión, era rebelarme contra el regodeo del cineasta –Noé– y rechazarlo, aunque me gustaran sus películas.

Pocas veces quise tanto querer a una protagonista y no poder y de repente poder, como aquí a Eva Melander.

Y hay secretos de la filmación que mejor los busque cada quien luego de verla.

Border

La película bordea la ternura y el horror, mejor dicho se va adentrando en horror sin que te des cuenta, de pronto estás metido hasta el cogote.

Es rarísima, te tiene de los pelos aun cuando en varias ocasiones se pasa de la raya. Esas que me obligaban a no mirar.

Seguí pensando y pensando. Me di cuenta de que cuando entra en el terreno del horror puro de las películas de terror clásicas, me dejó de interesar. Se pasaba de la raya mía. En cambio, cuando se aferraba a esa atracción y a ese amor fou me encantaba. En cierto modo debo reconocer que me desilusionó, si hubiera seguido en el camino real sería una gran película.

 

Sol ardiente

Alguna vez creí que algunas películas eran necesarias para cambiar las cosas. Y que podían hacerlo. Desde 12 hombres en pugna, desde Matar un ruiseñor, desde En primera plana, Tarde de perros, Sol ardiente, etc. Y eran necesarias no solo las películas de contenido netamente político o de denuncia, sino también las que promovían una manera distinta de amar, como Jules et Jim, que no significaba ser más felices sino que tenían que ver con la libertad.

No sé bien qué pienso ahora, tal vez no cambien nada en lo social, pero siguen siendo necesarias para mi vida.

Sol ardiente, de Nikita Mijalkov

 


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  • Licenciado en Cine UNC, luego integrante del LTL. Vivió exiliado 10 años y a su regreso, en 1984, fue director de teatro de varios grupos reconocidos y docente en Cine y Teatro de la UNC, de donde se jubiló en 2017. Desde 2008 escribe novelas y relatos autobiográficos. Ya tiene 16 libros publicados, entre los que se destacan El chico y Perla, un retrato del vínculo con su madre.

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