[Bésame, estúpido] 13

 

 

 

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Bah

 

3 desconciertos y más: paparapa mípi

 

Desconcierto 1: Merlí

Desenfado, buenos sentimientos y el triunfo de la convención. Los buenos son recompensados en general, los malos o se vuelven muy buenos o en vez de ser castigados se accidentan y mueren de maneras estúpidas. Pareciera que el mal será evidenciado y que un castigo ejemplar sucederá, pero ese deseo de los espectadores, con el que juegan los guionistas, no es llevado donde correspondería y todo se vuelve una metáfora banal del infierno merecido. Doble moral. Montones de adolescentes bonitillos poniendo caras y luchando contra la institución familiar, que siempre se recompone idéntica a sí misma. El momento más obvio y brutal es la suma de convenciones con que se resuelve el amor entre una mujer adulta y un adolescente de 19.

La serie tiene su encanto hasta que se disuelve en chaucha y palitos. Hay buenas actuaciones y otras que parecen salidas del costumbrismo porteño. Es una serie ñoña, pero muuuuy sexy. Como Rita. Moralina y buenos polvos. Eso vale un poroto. O dos.

Merlí y sus retoños

Me da vergüenza: la maestrita que parecía buena en realidad es peor que Cruela de Ville y encima luego se redime pidiendo disculpas; también aparece la señal de Dios en la figura de un taxista bueno –no estoy bromeando. Solo vi unos segundos de algo que parece genuino cuando Pol no se decide a confesar un viejo robo, ese amague es lo único que valió la pena. Todo lo demás es tenebroso, con un final al borde del ridículo. Qué al borde, en el precipicio mismo. No quiero convencer a nadie. Eso era en otros tiempos, eso de convencer, cuando creíamos que se podía hacer la revolución, fuera y dentro nuestro, y en lo que hacíamos.

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Desconcierto 2: 120 latidos por minuto

La película muestra la lucha de los militantes anti SIDA en los primeros años 90 en Francia. Está contada desde dentro de las contradicciones del movimiento: los impulsores de políticas más explícitas y violentas contra la desidia del estado y los grandes laboratorios y quienes promueven un movimiento pacifista que no genere resistencias sino una mayor adhesión y colaboración social. A la vez se cuenta una historia de amor entre un infectado terminal y un seronegativo. La muerte está suspendida sobre todos ellos y su lucha por encontrar soluciones para poder sobrevivir.

Cannes

Mi desconcierto se debe a que no entiendo cuál es el propósito de la película. Lo que me queda es una sensación extraña de impotencia y culpabilidad, que se fue adueñando de mí hasta que pude entender lo que me pasaba. Parece un filme hecho para ser visto en festivales, que deja al público atado, lloroso y amordazado. No crea conciencia, quienes vemos la película somos un espejo que ya sabe. No hay ningún enganche con la situación actual, ninguna propuesta de acción. Me fue generando irritación y dolor mezclados, ahogados. Las actuaciones son estupendas; me gustó mucho la del amante, Arnaud Vilois, de una delicadeza especial. Es o parece un cine comprometido y político, como el teatro político de los 60 y 70 si fuera hecho hoy tal cual. No es una película ingenua, no, pero no sé qué aporta, salvo dolor y culpas.

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Desconcierto 3: The Square

The Square

 La película es elegante, muy pulida, gran pantalla gran. Inquieta, no se sabe dónde va y pareciera, solo pareciera, que va directo al horror. Recuerda Michael Haneke. El protagonista, Claes Bang, es un muy buen actor, tiene carisma y llena todo. Luego, de a poco, algo parecido a la estupidez, a la obviedad y lo descontado se hace sentir. Todo sigue fifí, pero eso se confunde con lamido y pretencioso, ampuloso, sin gollete. La escena madre de la cena comienza fuerte, luego parece Planeta Caníbal. Tuve la sensación clara de fraude y autocomplacencia.

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… potpourrí y más desconciertos

Destroyer, Nicole Kidman

 Martes, después de navidad, Radu Muntean 2010, no remonta esta película. Promete, promete y se queda en promesas. Eso de darle a la vida el tiempo que la vida tiene es interesante, y algunos consiguen aferrar ese transcurrir: Ozu, Jia Zhang Ke, Béla Tarr, Porumboio, muchos en realidad. Muntean se queda en la superficie. Sus personajes son más interesantes que el modo en que reaccionan. El matrimonio de Adriana y él se merecería otros movimientos, otras actitudes, también otros dolores. Todo suena ya visto cuando estalla, y estalla en la esposa de un modo mezquino que no condice con lo que intuimos de ella ni con la relación del matrimonio. Tampoco la amante convence, suena simplemente caprichosa, imprevisible y arbitraria. Él por momentos logra dar la incomodidad, la ajenidad que provocan en uno las traiciones y los amores desesperados, pero luego al quedar solamente en ese registro lo único que transmite es una especie de indiferencia hacia lo mismo que siente, o hacia los cambios que provoca. Son todos grandes actores, las tomas secuencia son muy elaboradas e interesantes y la de los regalos es espléndida. Creo que cierta inconsistencia es un problema del guion, o de concepción. Está todo listo, todo podría ser perfecto, pero todo se escurre de entre los dedos. Revolutionary Road–Todo un Sueño, de Sam Mendes, no es un camino revolucionario este film a mi entender. Me pareció excesivo, los actores gesticulando y redundando siempre, subrayando lo que ya se dice, se percibe y se adivina. Los momentos tristes son tristes a rabiar, las voces se quiebran cuando corresponde, parecen todos programados y recién salidos del sector maquillaje; Kathy Bates es la única que tiene dos segundos de verdad, luego se zambulle en la convención. También el hijo está bastante bien, pero esa suerte de ser sobrenatural, que dice todo lo verdadero y humano me pareció afectado y efectista. Creo que está nominado al Oscar por actor de reparto. ¿O es el amigo casado el nominado? No me dan ganas de chequear nada. El único momento que me agradó, sexy y suelto, es el baile entre ella y el que la ama. Winslet/DiCaprio para mí no funcionan bien entre sí, ella se ve muy grande para él, no veo la famosa chispa. Sam Mendes creo que dirige mal, es moderno y convencional, como en todo lo que hizo antes y después. Vicky Cristina Barcelona me parece un bodrio, como decían mis padres cuando algo no les gustaba: pobre a pesar del gran presupuesto, soso a pesar de las exageraciones y mohines de Penélope Cruz, ¿hasta cuándo la van a usar de latina o española explosiva? Barcelona parece recreada en Hollywood, una ciudad de postal, a Gaudí se lo muestra todo lamido y sin gracia, los entretelones a tres son ingenuos, pasados de moda y muy poco eróticos. Scarlett Johansson parece de cera, Bardem pone caras de galán latino tipo Banderas. Todo está lleno de pretendido glamour, en ambientes sofisticadísimos y vaciados de vida. La historia es pava, los tiempos extraños, parece que ese verano duró años y años. Un final en sordina y chato. En fin… Destroyer de Karym Kusama, hasta un poco más de la mitad me sentía envuelto en una red peligrosísima, suspendido en la tensión, asustado y violentado por una actuación increíble de Nicole Kidman. Y por una historia muy bien contada, intrigante. La tuve en pausa unas horas y volví a ver qué pasaba. Y bueno, se descarriló de mala manera. No ella, sino la película. También ella empuja demasiado a su personaje, transformando la escena con la hija en su mejor y peor momento. No puedo explicarlo de otro modo. Mejor y peor momento. Hay que verlo. Sería el rol de su carrera si la película no se hundiera como se hunde y la dejara ahí, boyando en la nada. Comienza a zigzaguear enloquecida, por momentos parece muy ingeniosa en su revelación final, hasta que te das cuenta que te han estado muleando, cameleando y utilizando. Aparecen entonces los varios finales y de golpe empezás a dudar de lo que al comienzo te convenció: la peluquita corta, la peluca roja juvenil, los ojos mustios –uno más colorado que el otro– la cara marcada y envejecida que la hace parecer muchísimo a Jane Fonda –de quien tiene la peligrosidad eléctrica. Empezás también a debatirte tratando, inútilmente, de atar todos los cabos, más sueltos que la gran coche. Lejano de Nuri Bilge Ceylan, la película es interesante y siempre se espera que pase algo que alivie el agobio, la imposibilidad. Es que esas cosas, las que alivian, pasan en la vida sin que tal vez le cambien de signo trágico. Pero suavizan, hacen buscar una mano amiga o sonreír y ver todo color de rosa por un segundo. Aquí no. Esa chatura constante termina por ahogar al film en nieve, frío y humo de cigarrillo mal apagado. Entonces la historia del ratoncito se vuelve demasiado simbólica, llena de subrayados, un poco tonta. La vida no es eso, este filme manipula la vida y no la deja respirar, ni como historia ni como película. Los protagonistas nunca comen juntos, con ganas o sin ganas, eso es simplemente un error de guion o pura torsión para no dejar que las cosas vivan o respiren por sí solas. El que llega se hace querer, pero ni siquiera se lo merece según el director. Propiedad Privada de Joachim Lafosse, lo no dicho. Me pareció interesantísimo y a la vez balbuceante. Engañoso. Todo es creíble e inquietante, pero a la vez todo suena a ficticio y exagerado. No podía conciliar estos dos opuestos mientras la veía: fascinación y manipulación, simplicidad y esencialidad mezcladas a maniqueísmo. Creo que el director no pudo dejar de empujar las cosas a un extremo tal que todo se derrite en una especie de tragedia convencional solapada. La escena casi final, de Thierry escondido en primer plano mientras en el fondo ocurre la tragedia, me parece ejemplificadora: puro escamoteo del problema, regodeo estilístico, omisión exprofeso pero manipuladora de datos importantes, manierismo mal copiado de Haneke. Muy buenas las actuaciones. Ella, Isabelle Huppert, como siempre, me fascina y a la vez me satura, con tanto eructo y meadas a la vista –hasta se quiso coger a la mamma en La Pianista. Los chicos son muy buenos, aunque el pobre de Jéremie es malo de pies a cabeza. Mi corazoncito espera que el otro no se haya muerto y no quede demasiado arruinado, aunque los horribles violines chirriantes del final auguran lo peor de lo peor.

lejano

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Un maldito policía en New Orleans

Herzog por dos

Hoy vi La cueva de los sueños olvidados y por azar en tv pasaron Un maldito policía, así que tuve un empacho de Herzog y se me superpusieron las desilusiones. La cueva… empieza lindo, sigue obvia y termina con los cocodrilos blancos en una especie de reflexión complaciente y Un maldito policía sigue el derrotero en esa toma final, también con bichos blancos, tomada de Fat City, aunque Herzog pueda llegar a decir que no vio el filme de Huston. En fin, me siento defraudado y embaucado. Solemnes y pretenciosas películas. Y Nicholas Cage me dio risa, con todos sus tics y sobresaltos.

La cueva de los sueños olvidados

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35 rhums de Claire Denis

Me pareció una película por la mitad. Se queda a media agua, a medio trayecto. Parece que va explorar un recorrido detenido y casi estático de la vida de un grupo de personas enamoradas, sus idas y vueltas, sus pequeñas grandes crueldades, sus deseos no expresados, lo que sería interesante y novedoso, y de repente empieza a jugar con la construcción convencional del cine de todos los días. Todo se vuelve una especie de alarde narrativo –por lo que oculta y deja afuera y no dice– que no llega a inquietar porque se revela como pura manipulación y capricho. En fin, me decepcionó, me hubiera gustado algo que empujara los límites, que se decidiera por la vida.

Claire Denis

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Another Year de Mike Leigh

Plantines y hamsters

Another Year

El plano final es muy hermoso, tiene todo lo que el resto de la película no tiene: es simple, sencillo, medido, transparente, dice todo sin decir nada. La primera parte funciona muy bien, los personajes son interesantes, llenos de vida. Luego todo se transforma en una serie de escenas muy manipuladas, iguales, repetitivas. Nadie crece o cambia, porque desde el principio todos ya están al cien por ciento de sus desarrollos. Lesley Manville es un amontonamiento de tics sensibles; es una gran actriz, pero tan crispada que no deja respirar a nadie al lado de ella. El amigo que llega ya en el tren viene bebiendo como una cuba y comiendo a rajacincha, y luego nunca para, lo que se me volvió demoledor y aburrido. El matrimonio perfecto es tan perfecto que no tiene vida, y ese error creo que es el más grave que comete Mike Leigh como director. Ni siquiera les critica el evidente desamor por sus amigos. El hijo me pareció lo más interesante de la película, es tan transparente que no necesita gimotear de aquí para allá. Otra cosa: es increíble que un matrimonio de dos seres así, cultos, bebedores sociales, conectados con la tierra, no tengan ni siquiera un amigo algo más reflexivo y consciente de lo que les pasa: parecen todos hamsters encerrados en una calesita enloquecida vaciando cientos de botellas de buen vino.

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Vivir al límite de Kathryn Bigelow

Cereales con suspenso

Límites

La película es hipnótica, está bien hecha, es buen cine, Jeremy Renner es sensacional. Sin embargo, lo de que no se pronuncia sobre esa guerra infame, tan exaltado por los críticos, no es una virtud. Como si en estos tiempos pronunciarse en contra de la barbarie fuera un ataque al buen gusto. La guerra en Irak es un genocidio, una masacre. Han sepultado –los norteamericanos y todos sus aliados–, en la barbarie a un país en nombre de la democracia y la libertad. ¿Y ninguno de ellos, pobres soldados, se pregunta si lo que hacen está bien o siquiera por qué combaten? ¿Acaso basta que él esté incómodo ante un montón de cajas de cereales? Esa toma es decididamente estúpida, banal, ingenua, mentirosa y ligada al peor conformismo radical chic. Lo más crítico del film, lo más convencionalmente contestatario es un animal sangriento desconcertado sobre qué marca de cereal elegir. Y con ganas de volver a la guerra a buscar otro niño Beckham… ¡Por favor! ¿Bigelow piensa que debe dejar que cada uno decida qué pensar con su bello film de suspenso? Por supuesto que exagero, en parte, porque también el film retrata la vaciedad, el horror y el sin sentido. Pero casi de un modo tangencial, y eso no me basta.

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Zero Dark Thirty, de KB  

Heroína y cocodrilo

Es otra película más de héroes, esta vez femenino –Jessica Chastain–, tan perfecta hasta en el peinado que parece una estatua. ¿Cómo hacía para tener tiempo de plancharse el pelo a cada rato? Claro es que están los momentos de Oscar: detiene la cara, la congela, luego hace un gesto imprevisto veloz, luego dice alguna pavada. Y ya está el premio a sus pies. Pero no quiero hablar de las actuaciones, que son flojas.

La otra se sostenía en una tensión particular, la de la bomba que puede estallar, esta se sostiene en la construcción detallada y aburrida por momentos de la chica que va a ganar, que ya sabemos además que gana. Luego llora. Lágrimas de cocodrilo. Con la anterior ya me había asqueado la moralina ultraviolenta. En esta película completa el cuadro. Todo es justificado, la masacre y la tortura.

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  • Licenciado en Cine UNC, luego integrante del LTL. Vivió exiliado 10 años y a su regreso, en 1984, fue director de teatro de varios grupos reconocidos y docente en Cine y Teatro de la UNC, de donde se jubiló en 2017. Desde 2008 escribe novelas y relatos autobiográficos. Ya tiene 16 libros publicados, entre los que se destacan El chico y Perla, un retrato del vínculo con su madre.

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