[Bésame, estúpido] 14

 

Pagos, raíces

 

Viaje en Italia o Te querré siempre

Bajo el volcán

 

Roberto Rossellini, des ilusiones

Qué desilusión. No había visto Viaje en Italia y sentía culpas, ahora entiendo que era una excusa de mi inconsciente. Nunca comprendí todo lo que Rossellini dicen significó para el cine contemporáneo. Sus films, salvo Roma città aperta, no me gustan. Me parecen didácticos, simplistas, retóricos, llenos de música que subraya la acción, con sus paisajes simbólicos, volcanes, catacumbas, procesiones, Pompeya y su pareja desenterrada, con su actriz Ingrid Bergman exagerada, llena de mohines, iluminada y peinada como en Hollywood. Ingmar Bergman sí consiguió lo mejor de ella. El final me pareció injustificado, patético, increíble. Es claro que esa pareja no dura una semana más y ese final cursi es engañoso. El cine pareciera estar en pañales, y no es que antes no se hayan hecho grandes films sobre los sentimientos y la pareja y el aburrimiento y el dolor. ¿O acaso no existía El ciudadano o Une partie de campagne? Eso es cine, innovador, profundo, doloroso. Una desilusión este viaje a Nápoles.

Tendría que morderme la boca y morir envenenado. Vi Stromboli y es magnífica. Reconozco que no vi muchas de él.

 

Stromboli

 

Las acacias de Pablo Giorgelli

Las acacias

las casi has…

Disculpen el título un tanto fácil que elegí, pero es que también la película me pareció un tanto fácil. Es hermoso escuchar al director cuando habla de ella, es humano y complejo, también en el filme todo entretiene y hasta atrapa, pero a la vez todo es superficie. Es difícil no gustar de una película con tantos premios, parece que uno no hubiera entendido nada. Sin embargo creo que le falta profundidad, faltan tiempos, no sé por qué el director le cortó los 45 minutos que dice haber eliminado. No puedo explicar bien lo que me sucedió: tal vez sentir el sonido tan perfecto, los planos tan cuidados, la iluminación tan convencional y plana, los actores tan pero tan buenos. Nada se descarrila, nada sorprende. Todo transcurre sin sobresaltos. En realidad no tiene por qué haberlos, pero así como está la película tampoco es que refleje el ritmo de la vida.

 

Santiago Mitre

La patota

La patota es incomprensible, no se sabe adónde va, aunque al final se percibe que es una declaración de amor del director a la actriz, o sea un pretexto para mostrar a la muy hermosa Dolores Fonzi en bonitos encuadres y con la misma cara de ceño arrugado toda la peli. No se le cree nada, pero nada, los diálogos con el padre son imposibles de tan obvios y falsos, el personaje de ella es inexistente y no obtiene la mínima empatía de los espectadores, de mí quiero decir; el dilema ético es traído de los pelos, sin explicaciones o sea sin un personaje que lo haga creíble; hasta la escena de la violación es pobre, chata. Tanto que hablaron de que en Cannes o Berlín los críticos se habían impresionado. No puedo creerlo, deben ser estrategias de mercado. La película hace agua por todas partes, deja mil cabos o sargentos sueltos y ella encima es una pésima maestra rural.

Paula Markovitch

 

Los abrazos rotos

Almodóvar

rotura

Me pareció un pésimo film. Enredado, poco atractivo, solemnote, con actuaciones, oh sorpresa, muy malas. No entendía bien qué estaba pasando y ni siquiera me despertó el mínimo interés de ir descubriendo lo que sucedía. Lloran todo el tiempo, gimen, aúllan sus dolorcitos y no convencen a nadie. Esta película parece salida de la nada creativa, una hoja hecha un bollo de un guionista poco inspirado pero obligado a hacer algo rapidito. Y que las actuaciones sean tan pobres es gravísimo, porque Almodóvar siempre manejó con rigor y libertad a sus actores. También me apenó ver a Ángela Molina perdida en este mamotreto, ella, una de las mejores actrices españolas.

 

El día de la lechuza

Damiano Damiani, sobre la novela de Leonardo Sciasciá, 1968

El día de la lechuza

Muy buena película, una de las primeras que aborda el tema de la mafia sin vueltas. Es algo ingenua, de muy buenos y muy malos, pero tiene un final nada condescendiente, muy duro. Por momentos semeja a El padrino –o los padrinos–, que salió 4 años después. Coppola seguro la vio.

Claudia Cardinale, Franco Nero y Lee J. Cobbs hacen un buen trabajo y los secundarios son espléndidos.

Coletazo: CC y FN son tan hermosos que llegan a distraer. Es que sin que pase nada entre ellos en la película –lo que es un error– de solo estar juntos en el plano pueden incendiar el paisaje siciliano. Actúan muy bien y uno puede reconectarse. Y mezclar placer y compromiso cívico, que para eso estamos en el reino de este mundo.

 

¡Cornudo!

Divorcio a la italiana de Pietro Germi, 1961

Es rara la memoria. Esta película la vi con mi familia a los 12 años en mi pueblo –donde no existía la censura– y siempre la recordé como muy, muy divertida. Y con un extraordinario final. Recuerdo el momento de salir del cine, riéndome, como todo el mundo. Claro, yo era un pibe, no tenía experiencias, las que sí tenían todos los espectadores mayores, y su risa seguro era más complicada y algo tenebrosa.

Divorcio bajo el sol

La conté mil veces, porque había quedado encastrada en mi vida. Era, después supe, un ejemplo de comedia a la italiana, fuera de todo respeto y norma. Provocadora. Costumbrismo y grotesco. Pero no es solo eso. Acabo de verla de nuevo, después de siglos. Me impactó la fuerza y precisión del lenguaje, lo entretenida que es –por algo ganó el Oscar a mejor guion–, la genialidad de los actores, de todos, secundarios y principales, pero me emocionó esta vez la violencia que expone, la bestialidad y la hipocresía de lo que denuncia, sí, porque es una película también de denuncia, enmascarada en una comedia brillante, brillantísima.

Divorcio a la italiana

Mastroianni es un genio, la Sandrelli bellísima, Daniela Roca sensacional. Y la historia, terrible. Y divertida. Sí, sigue siendo muy divertida. Muy. Un extraordinario ejemplo de niveles superpuestos y contrastantes en la misma película. Y además está ese homenaje increíble a La dolce vita cuando en el cine del pueblo la proyectan en medio del escándalo que provocó. Las caras de esos campesinos mirando a Anita Ekberg bailar en la fuente son como para reventar de risa.

 

Trapero

Carancho

elefantiasis

Abrumadora, repetitiva y con un extraño dejo a moralina y castigo divino. Tiene momentos muy buenos y fuertes en toda la primera parte, cuando plantea las cuestiones, pero el resto solo es reiteración opresiva, golpes y tajos o cintazos que nunca deforman el rostro –o sea mala continuidad y maquillaje–, exceso de golpes bajos del guion que cierran todos los espacios posibles, inverosimilitudes a rabiar, desmadre generalizado. Buenos encuadres, actuaciones de oficio solventes, aunque es cierto que en los personajes secundarios se revela una dirección de actores algo amanerada, llena de voces especiales por sus timbres y acentos que parecen elegidos luego de días y días de obsesivos castings. La escena del cumpleaños y de Nuestro Juramento es muy bonita pero parece estar entre paréntesis y fuera de lugar entre tanta grisura apabullante.

 

Elefante blanco

Considero a Trapero uno de los grandes directores argentinos. Y a El Bonaerense como una película dura, concreta, arriesgada en todo sentido, tanto en el plano del lenguaje como del discurso. También Mundo Grúa y Familia Rodante me parecieron magníficas. Luego, junto con la ola que se desató a nivel internacional con Trapero, llegó esa cosa llamada Carancho. Fue entonces que no comprendí ya nada. Hasta que después de mucho renegar, porque no quería desilusionarme de nuevo, vi Elefante Blanco. Y sigo sin entender. A Trapero. No al filme, que me pareció un elefante muerto, lleno de buenas intenciones, edulcorado, un sermón católico presuntamente alternativo, con todos los chichés colocados de manera que detonen en el momento correcto, preciosos travellings, buenas actuaciones, sobre todo de Renier, porque Darín está intrascendente. Todo es previsible, ampuloso. Sin embargo cuando terminó quedé bastante conforme, es que me había entretenido, como cualquier película de aventuras, pero después me di cuenta de que había caído en la trampa: con ese tema no hay que entretener, hay que sacudir, hay que jugarse, hay que gritar. Y este filme lo más que llega a esbozar es un chillido de ratón.

 

Tiro en la cabeza

Jaime Rosales

Me quedé casi sin palabras. Creo que es una película extraordinaria. No sé casi qué decir, de verdad, es que me obligó a estar primero atento para entender el código y después aterrorizado de la sequedad, la violencia, la brutalidad de la forma en que está narrada, de las actuaciones, los encuadres. Bellísimo film que muestra la muerte que anida en la vida, inexorable. Me gusta muchísimo Rosales, creo que hace un discurso pegado a los tiempos que vivimos, sin concesiones y con gran vuelo cinematográfico.

Petra

Al comienzo no podía entender, no aceptaba y no me gustaba que se intentara mezclar tragedia con un melodrama gigantesco. De pronto, todo encajó, estalló en una de las películas más fuertes que he visto este tiempo. Jaime Rosales siempre me gustó muchísimo: Tiro en la cabeza, La soledad, Las horas del día, me parecen grandes películas, arriesgadas, duras, valientes. Ya buscaré las otras de él.

Petra

Petra tiene algo majestuoso en su composición compleja. Es a la vez sensible y misteriosa. Todo está contenido, insinuado, pero cuando tiene que ser brutal también lo es. Gran, gran película. Gran director. La actuación de Marisa Paredes es magnífica. Y la de todos.

 

La mirada invisible

Diego Lerman

Carlos… qué lindo nombre

Uno de los diálogos más tristes y obvios de este film obvio basado en una novela espléndida de Martín Kohan.

La mirada invisible

 

Todo parece encorsetado, rígido, y no hablo de la represión en el colegio, sino del lenguaje cinematográfico. Una pena, esa novela se merecía otro destino. A ella, aunque es buena actriz, se le ve siempre la cámara encima y tan maquillada, tan todo en su lugar, aun cuando se desarregla. Me causó gracia en varios momentos. Actores engolados, porteños vieja escuela, todo explícito y plano. Hasta la bella toma desde arriba, de ella atravesando el patio en diagonal, suena rebuscada y puesta. El final, sacado de Repulsión de Polanski, es fácil. Me comentaron que el rodaje tuvo muchos problemas de producción, eso tal vez explique algo de lo desacertado de esta versión.

 

La vida útil

Federico Veiroj

el borde

Me parece una película que corre sobre un borde extraño, un lado patético y un lado sublime. Es patético, en el sentido de excesivo y que da un poco de vergüenza ajena, cuando él ensaya cómo invitarla a tomar un café. No hacía falta, sobra el lugar común. Sin embargo, hay varios momentos del lado especial, muy bellos: las butacas desajustadas, la escalera, el discurso sobre la mentira, la biblioteca–cinemateca. Todo está empujado un poco más allá de donde debiera, hay una torsión innecesaria, y adhiero a lo que algunos en otras críticas dicen: personajes tan grises no existen, son solamente pretextos cinematográficos, maquetas. Bartleby es genial. El personaje aquí es un remedo casi inexistente, puro artificio. De todos modos es un buen film, a pesar de sus manierismos. Acné me gustó mucho, aquí me decepcioné un tanto. Creo que Mundo grúa de Pablo Trapero es un ejemplo de las virtudes de cómo encarar personajes grises, en blanco y negro también, y darles color y presencia viva.

La vida útil

 

Acné

Es extraña la andanada de críticas en contra de este film. Me sorprendió no encontrar ningún eco de lo que yo sentí. Me pareció creíble, muy bien actuado, muy valiente y verdadero, con hallazgos cinematográficos, con soltura, con personajes complejos, que parecen espejos de la vida, con situaciones fuertes resueltas sin adornos, sin prejuicio. El protagonista está lleno de desparpajo y ternura. Todo el entorno funciona a la perfección. El final es conmovedor y nada previsible.

 

Celina Murga

Una semana solos

Acabo de terminar de ver la película. La vi entre hipnotizado, levemente aburrido y algo inquieto, hasta que comienza el final, que me asustó. Pareciera que puede pasar algo muy grave y cuando no pasa la sensación de peligro persiste. Un hallazgo. No, es algo muy meditado y consecuente con todo el film, y se debe a la cuidadosa construcción. Sin embargo, hay un costado más sucio, que seguramente existe, que no aparece. Y que está cuidadosamente esquivado, escamoteado. La película es como el personaje de Sofía, demasiado perfecto. Recuerdo la de Frank Perry, Last Summer, en donde la crueldad de la adolescencia aparecía de un modo explícito y brutal. No es que yo quisiera eso en este delicado film, pero de todos modos me deja con una sensación demasiado leve. Las actuaciones son estupendas, la imagen respira vida y naturalidad.

La tercera orilla

Éramos cinco –5– en la sala. Es un cine que tiene todo lo que necesito: asombro, encanto, dureza, profundidad, misterio, misterio, misterio, deslumbramientos, levedad, alegría, magníficas actuaciones de todos. Además de algo importante para decir, y decirlo bien, con amor, sin juicio, sin grandilocuencia, con amplitud, con dolor también, con amor, no me cansaré de decirlo, con amor. Una sorpresa increíble. Yo conocía la trayectoria de ella, había visto Ana y los otros, que me interesó, y con agrado, inquietud e interés Una semana solos, pero aquí ha llegado a una madurez increíble, es una película que enseña a vivir, a ver la vida, a amar, a rebelarse, a encontrar el propio destino. Hermoso cine, esencial, el que se necesita. Pero éramos 5.

 

  • Licenciado en Cine UNC, luego integrante del LTL. Vivió exiliado 10 años y a su regreso, en 1984, fue director de teatro de varios grupos reconocidos y docente en Cine y Teatro de la UNC, de donde se jubiló en 2017. Desde 2008 escribe novelas y relatos autobiográficos. Ya tiene 16 libros publicados, entre los que se destacan El chico y Perla, un retrato del vínculo con su madre.

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