[Bésame, estúpido] 15

 

Gustos son gustos

Oscar y Golden Globes 2020

Oscar

Películas y cuchillos

Llega la temporada de grandes premios, Golden Globes, Critic´s Choice Awards, Oscar.

Es como si desde el alma, mía y de tantas personas, saltara a la luz un duendecillo travieso, hinchapelotas, movedizo, con ganas de marcar el terreno como un gato sin castrar, de poner los límites de los gustos personales, de defender las canchitas.

Es una temporada para mí de felicidad. Me divierte, puedo ejercitar algo de mi conciencia crítica y también ventilar los buenhumores y malhumores acumulados en horas y horas –días y días– de cine durante el año. Descargo cosas de las buenas y de las malas: viejos rencores, desigualdades, pequeñas victorias. Pero nunca se puede meter un gol limpio, perfecto.

Quisiera que la gente que amo, que respeto, que admiro, y también quienes detesto, sintieran lo mismo que yo. Sentirnos hermanados por algo tan especial para mí como es el cine –las películas– sería como que la posibilidad del amor infinito, universal, pudiera existir.

No, no se puede. Por más que se ejercite el más profundo análisis para demostrar que El desprecio es una obra fallida de Godard eso no convencería a nadie que piense que El desprecio es su obra maestra.

No hay tu tía.

Mi encarnizamiento con Zama, se estrella con la opinión de 300 críticos en todo el mundo de que es la mejor película del siglo XXI. Mis amigos están divididos, más o menos 50 y 50. Una perfecta grieta. Yo ante eso sufro, quisiera que todos me acompañaran en la cruzada contra el esperpento que realizó Lucrecia Martel.

No queda otra que permitirse ser retozones, decir lo que se nos canta y tratar de no sufrir demasiado con las opiniones contrarias, porque de todos modos se habla de cine y no de corrección política, progresismo o populismo o neoliberalismo, izquierda o de derecha, de campo popular o de campo a secas.

Ahí sí que la cosa se pone brava dendeveras y podríamos salir lastimados. ¿Lastimados por hablar? ¿Dónde se ha visto? Aquí en mi país. Pero insisto, el deseo mío es el del acuerdo universal, esa cosa imposible.

Cuando pienso que Ciudadano Kane perdió el primer lugar en la lista de las mejores películas de todos los tiempos ante Vértigo –que es estupenda– ahí sí que la cosa se pone grave y puedo llegar a matar.

Qué pena, esta vez no tengo ninguna, pero ninguna expectativa.

Lo más hermoso del amor es coincidir en los gustos, uno siente que el paraíso es posible. Luego, claro, se demuestra que no, pero quién te quita lo bailado. Las peores peleas, o parte de ellas, las he tenido con mis amores por no coincidir con alguna película.

No entiendo ya ese apasionamiento, se ve que estoy medio seco. Que cada quien desarrolle sus teorías, para mí estrambóticas, sobre la magnificencia o no de sus preferencias del listado actual. Me divierto al comprobar las diferencias irreconciliables y eso no me provoca desconsuelo.

Laura Dern no se merecía nada, sí tal vez un premio al estereotipo, siempre de piernas largas cruzadas, gestos y movimientos cortantes y voz canchera de Verónica Castro. Notable el cambio de registro actoral en esa mujer, alguna vez sutil y magnética. Renée Zellweger tendría que ir a una foniatra para bajar una octava su voz de gallinita. Menos mal que no ganó Scarlett Johansson porque esa Historia de un matrimonio –para mí– es cualquiera. A Olivia Colman ya desde La favorita no la soporto. Y Joaquin Phoenix, siempre al borde del exceso, o a full dentro, no me convenció en Joker. Brad Pitt lo consiguió. Muy bien.

Brad Pitt, Érase una vez…

Al Pacino era un digno competidor, pero está siempre al borde del abismo de la repetición y el manierismo. Parasite no me gustó tanto, no resuelve bien las cosas. Ese director está sobrevalorado. Tampoco me gustó El irlandés, mucho ruido y pocas nueces, esas siempre vistas. 1917: Sam Mendes nunca me gustó. Muy bien Tom Hanks, gran actor y gran persona.

 

Un pastel en tonos pastel

 

Mujercitas

Kilómetros de telas para el vestuario de época, centenares de lazos, moños, apliques y detallitos en cada vestido, centenares de combinaciones contrastantes para que todo sea una suma agradable y variada. En la foto se ve: ¿Cuántos colores combinantes podemos combinar en cada vestido? Veamos los lilas, a ver… veamos los rosa viejo, a ver, metamos un pistacho por ahí, a ver...

En Filipinas las textiles no daban abasto, y los pedidos eran todos en materiales nobles: sedas crudas, linos, lanas, chifones, telar, etc. Ah, y con tinturas oggánicas de 1868.

A esto se suma la escenografía, recargada y abundantísima, con unos interiores en tonos acordes, cálidos cuando corresponde, fríos cuando lo mismo.

Risitas, mohines, muecas. Un aluvión de naturalidad, parecen casi actrices porteñas.

Buenos sentimientos y modernidad, o sea una puesta al día empujada y obvia, falta solo que Jo se corte un poco más el pelo, mejor dicho se lo afeite en un costado, en un lateral parietal. La hubieran puesto directo a Kristen Stewart.

Toda risita bella lleva a un momento dramático, todo dramita lleva a una sorpresa feliz.

 

 

Una mezcla de tiempos que parece un rompecabezas, al que uno al final se acostumbra, aunque está todo el tiempo diciéndose: Ah, esta la pesqué, es en el pasado, porque la luz es más cálida y ella tiene el pelo corto, ah, ahora se fue al presente, porque ahora Amy está en París, pero el vestido sigue siendo enorme con delantalito de pintora también enorme, y ellos están en un estudio enorme que ni Degas y Amy se hace la pintora enamorada.

Los pobres son pobrísimos, de casa desvencijada, y ellas les llevan una vez el desayuno y después los olvidan hasta que mueren.

La casa de ellas en cambio parece un palacete, puro tendaje dorado. Velas a montones, calidez. Pero los áticos son severos, con tonos grises hasta las vigas, y ellas vestidas acorde, de colores plomizos.

Timothy Chalament sigue jugando al adolescente lánguido Elliot de Llámame por tu nombre, haciendo movimientos raros, saliditas intempestivas, y oscureciendo la voz, que es linda. Demasiado joven para el papel, pasan los años, siete en la película, y sigue siendo un pendejo.

Las chicas están bien, pura dulzura y eso que andan siempre corriendo. Laura Dern un poco más baja que lo habitual últimamente, lo que es un alivio. Usa siempre su voz sedosa, aterciopelada, y su mirada de madre comprensiva ante cualquier cosa. Lo único que sobresale en ella es el vestuario, cargado, en tonos marrones y siempre con un lazo rojo contrastante. Meryl Streep, para lo que hace, podría no estar, y nos ahorraría un montón de muequitas. No hay sensualidad a pesar de tanta vela, salvo las miraditas suplicantes de Timothy, la nueva estrella. El editor es ridículo cada vez que aparece: Ponga una muerte, ponga un final feliz, haga que se case la protagonista al final.

En fin, aunque por ahí llega a emocionar, porque uno no es de hierro, la miré todo el tiempo frío como el hielo más frío, a pesar de las oleadas de caramelo fundido que caían sobre mi cerebro.

 

El irlandés

Pacino, Scorsese, De Niro

Anoche terminé de verla, a las cansadas. En tres veces la vi, en una semana.

Me irritó el final, la media hora final, que todos alaban. Pura muleta, maquillaje y sentimentalismo incomprensible. Bueno, ya pasó la noche y trataré de dar una opinión más centrada.

Yo no busco en Tarantino a Tarantino ni a Scorsese en Scorsese, porque no me simpatizan demasiado. Tampoco sé si busco en Bergman a Bergman o a Varda en Varda, que sí me simpatizan: más bien me dejo estar y gozo cuando hay que gozar.

Es claro que son coherentes los directores/autores y hay un movimiento interior que los expone y que me gusta encontrar. Pero a duras penas soporté El irlandés. No veo que agregue nada a todo lo que ya hizo Scorsese.

De Niro

El tema de la traición no me tocó. Que duerman en la misma pieza no me aclara el personaje de De Niro, que me pareció plano. En verdad no lo entendí, pasando del diablo a dios como si nada y sufriendo por Peggy. No hay una sola motivación posible que me convenza. Sería la de la plata, supongo, pero tampoco parece ser lo que lo sostiene. Claro que no quiero obviedades, él era un peón más de la estructura mafiosa, pero no me convenció el personaje.

Su actuación también me parece chata, o mejor dicho es como si hubieran puesto en su lugar a un imitador gracioso de De Niro, con esa mueca en la boca torcida para abajo. Está todo el tiempo muleteando al final. Debe haber estado días y días observando viejos con muletas, para encontrar movimientos interesantes. Está muy bien la voz en off, en cambio, tal vez porque se relaja y no exagera.

Jimmy Hoffa, Al Pacino

Pacino está muy bien, hace de un desbordado, en consonancia con sus personajes habituales, pero le da un toque diferente. Siempre se le ve la hilacha, de todos modos.

Joe Pesci está bien, controlado, no revienta ninguna cabeza a palos –como nos tiene acostumbrados. Y por eso todos lo alaban en exceso.

El único momento de la película que me pareció interesante es lo previo a la muerte de Pacino/Hoffa, esas líneas en el cuadro que crean los autos, el avión, etc.

Todo el final no entiendo que guste tanto, es una… ni sé cómo llamarlo… algo traído de los pelos, con el curita y la cajera y etc.

No es mala película, pero no entiendo el entusiasmo. Es helada y no tiene alma. Después vi esa charla de Scorsese con ellos y tampoco me gustó, todos lustrosos en negro y rojo, diciendo obviedades.

La película es lujosa por donde se la mire. Lujosísima, toda en verdes con detalles de color. Nunca se respira el olor a sudor mezclado con perfumes primero baratos y después caros que deben haber usado los mafiosos en su ascensión. Y –aparte de la mersada del golfista– los trajes y las corbatas perfectas, con sedas increíbles que me parecieron Armani. El golfista es más bien Versace.

En los documentales en los que aparece Hoffa las corbatas están torcidas, las camisas sudadas. Hay verdad, porque es de verdad. Aquí se ve solo brillo azulado de los rasos y nudos de corbata impecables y ambientes refinados de los bares elegantes, nunca mersones y lujosos, como debían ser.

 

Haute couture

Salma Hayek etc.

Las noches de los premios fueron un floripondio de vestidos horrendos: Nicole Kidman de Morticia en rojo, JLo disfrazada de regalo de navidad –como varias–, otra parecía un enorme helado de frutilla fucsia. Gwyneth Paltrow estaba de telaraña marrón, medio desnuda, llena de lunarcitos, Taylor Swift parecía una cortina, Cate Blanchett la catedral de San Pedro. Michelle Williams con ese naranja con pato celeste colgado daba pena. Casi todas con esos escotes que dejan ver todo, abiertos hasta el ombligo, salvo Salma Hayek, con las tetas tiradas para arriba a punto de explotar. Me dicen que no deje de comentar el de Patricia Arquette: parece un bombón Ferrero –su discurso estuvo buenazo. Modelitos rimbombantes, extremos, mersas. Margot Robbie, discreta y bella fue una de las únicas que no exageró.

Se ve que decidí dedicarme a la modistería, a la haute couture.

Mystic River, disgusto 1, de hace mucho

 

Clint Eastwood

la decadencia del imperio

Este film, consagrado por casi todo el mundo, es una basura fascistoide, una exaltación obscena y horrenda de la justicia por mano propia, del asesinato. Ese abrazo terrible de la esposa condescendiente es el colmo de la barbarie, de la hipocresía, del horror. Me recuerda el film con Kevin Bacon, el del abusador arrepentido que destroza a patadas a otro abusador y es, de nuevo, perdonado por sus pares.

Mystic River es basura indignante, ante la que todos se pliegan, hipnotizados por la violencia y demagogia del discurso.

 

Elle, disgusto 2, reciente

Michi miau

Elle me parece, disculpen, una basura. Y la actuación de Isabelle Huppert una porquería. Igual a sí misma, inexplicable su personaje, ininteligible, modernoso, lleno de tics de guion y de actuación; se hace la graciosa y la desprejuiciada, como siempre, con la naricita para arriba y esos gestos cortados, inacabados, sorprendentes.

La película es una suma de pavadas hasta ahora, voy recién por la mitad y ya me harté. Hasta un pajarito golpea y cae herido contra su ventana. Ah, detesto este tipo de cine, y me enferma ella/elle, a la que siempre consideré extraordinaria, que de repente me saca de quicio con sus tonitos displicentes y sus lentes oscuros. Es fría como una pecera, helada, tan natural que se lee toda la composición. La peli insinúa que Michelle tiene alrededor de 48 y que tiene la regla. Habráse visto semejante tontera, con ella llena de filtros suavizando su verdadera edad. Viva la Sharon Stone de Bajos instintos. Esta Elle es un amontonamiento lamido de nonsense. Que no gane el Oscar, por favor, que no lo gane; que le den uno a la trayectoria a IsabElle, se lo merece, pero que no se lo den por esto, y además espero que se calme un poco y deje de perversear. Non ha l´età.

Filo

 

La terminé de ver. Es eterna como las siete plagas de Egipto, no para de chisporrotear como una maquinita enloquecida en cortocircuito. Ella hace de todo, pero de todo, cualquier porquería: con los pies, con las manitos… Me dio mucha gracia, no puedo creer la suma de momentos altisonantes y a la vez dejados de lado. Increíble. Tal vez alguno de los grandes de Hollywood en los 40 hubiera sacado una buena peli de cine negro, tipo Double Indemmnity.

Busqué las críticas, el noventa por ciento son sensacionales. Las pocas malas coinciden con mi percepción de la película, pero nadie se le atreve a la Huppert salvo uno que dice que ni ella puede soportar, al final, tanto disparate.

Un ejemplo de los finos diálogos: Vamos a casa a cenar. Anne, mi mujer, se fue de viaje y dejó toneladas de lasaña.

Yo soy así, se toma o se deja

 

  • Licenciado en Cine UNC, luego integrante del LTL. Vivió exiliado 10 años y a su regreso, en 1984, fue director de teatro de varios grupos reconocidos y docente en Cine y Teatro de la UNC, de donde se jubiló en 2017. Desde 2008 escribe novelas y relatos autobiográficos. Ya tiene 16 libros publicados, entre los que se destacan El chico y Perla, un retrato del vínculo con su madre.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Vuelve al inicio