[Bésame, estúpido] 17

Hallazgos

 

Programas

Programa de Las cenizas de Brecht del Odin Teatret y entrada para Apocalipsis cum figuris, del Teatro Laboratorium de Grotowski

Días y días perdido en las ramas. Ordenando miles de fotos personales y no, miles de programas de cine y teatro que guardo desde hace pareciera siglos. La foto no rinde el caos en el que estoy sumergido despatarrado. Cajas y cajas y cajas, álbumes, cuadernos, baulcitos, carpetas, carpetones, cajones. Tengo los programas desde que volví en 1984 y muchos de Europa, todos los de las producciones de la facultad y todos los de las obras a las que asistí, divertido o entusiasta o aburrido, insolente o embolado, muchas veces con cara de culo, ya me conocéis. Estoy preparando una gran caja para llevar… ¿adónde? Seguramente al CEA, Centro de Documentación Audiovisual de la UNC, para ver qué se puede hacer con todo esto. Es un recorrido sobre la historia de nuestro teatro, también de la gráfica usada por los grupos y es un desfile amoroso de miles de actores y actrices conocidos, amigos y de escenógrafos, técnicos, directores. Va de lo pequeño a lo grande, también hay programas del Odin, del Pippo Delbono, hasta hay una entrada de cuando vi Apocalipsis cum figuris, la del Teatr Laboratorium de Grotowsky, en Milán o Polonia. En medio de todo aparecieron cartas, cartitas, esquelas, postales y hasta un raro mensajito de un examor. Leerlo ahora me sorprendió y desconcertó tanto como cuando me lo dio, hace siglos. Dice: Te amo sin fantasías.

Un poco de aire fresco y agua

Escribí bastante hace un tiempo sobre la serie The Killing. Es la preferida de Patti Smith, que escribió a la producción de la serie y la invitaron a Canadá a visitar el set y le ofrecieron un pequeño papel, el de una médica seria. Volvió a Nueva York y a los pocos días recibió una caja con varios regalos, entre ellos el famoso pulóver de Linder con algunos largos cabellos rubios todavía enredados en las hebras de lana.

Me encantaron tanto Mireille Enos como Joel Kinnaman. Pero estaban siempre como sucios, con el pelo engrasado, transpirados, ella con el pulóver blanco tipo sueco con algunos dibujos geométricos y él con una sudadera o buzo. Daban ganas de agarrarlos y darles una buena ducha, restregarlos, como ya dije.

Bueno, en esa muy buena película de ahora, The informer, donde actúa él, hay un momento en que su esposa lo baña para sacarle la sangre que lo cubre. Le pasa la esponjita, lo esponja. Se ve que varios hemos tenido la misma idea.

Un cuento de cine

Hong Sang–soo de nuevo

marlboro rojo

chin chin

Lo que me sucede con los films de Hong Sang Soo es que me gusta lo que pasa, los encuadres, los tiempos, pero los personajes parecen huecos, niños mal crecidos, obvios, balbuceantes, sobre todo los masculinos. No se los cree, no se los puede creer salvo que en Seúl los cineastas sean seres crecidos a desmesura en los huesos y con el cerebro de niños, pero sin la gracia de los niños. Esto me ha sucedido con Un cuento de cine y con La mujer es el futuro del hombre. En cambio el primero de él que vi, Turning point, me deslumbró. No entiendo bien qué sucede, esta cierta incongruencia entre el planteo de cine interesante y meditado y las figuras temblequeantes. No digo que en la vida no existan personajes que crecen mal, lo que me sucede es que a estos no se les cree, no les creo. Las escenas de amor son fuertes, crudas y bellas, todo es hermoso y a veces cruel, una pena que después digan pavadas.

La verdad es que seguí viendo su cine a lo largo de los años y cada vez me gusta más, me entusiasma.

 

Ulrich Seidl

Paradise Love

El turismo sexual, opciones

No comparto la visión de los comentarios que aparecen. Me parece un filme durísimo, conmovedor en su sequedad, que nos permite pensar lo que queramos, aunque lo que piensa el director también es claro. Su mirada desconsolada sobre su personaje es dura y amorosa, y ella es una actriz valiente, especial, arriesgada, como si pudiera hacer casi absolutamente todo lo que sienta que vale la pena. Además la película es bellísima, los encuadres, la luz, las angulaciones, el tiempo detenido y abierto. No es una contemplación morbosa la de Seidl: deja que la vida aparezca en el cuadro. Es cierto que es desagradable también, y cruel, y a veces puede parecer que se regodea, que es algo que en parte sentí en ese otro terrible y estupendo Import/Export pero no sé, solo puedo decir que me conmovió, me inquietó y me sacudió. Y que hay algo que toca de cada uno, aunque eso no se lo quiera ver.

Paraíso amor, la ternura

Import/Export

cuánta tristeza

Ya no sé qué decir que no hayan dicho todos los que han opinado. Se parece a Haneke, el modo de relatar el choque de culturas, de clases, de sexos. A ver… Vi el film a lo largo de varios días, en la computadora, muy de cerca, cortándolo más de 20 veces. Casi no lo podía soportar y muchas veces tapaba con la mano fragmentos de la pantalla para no ver algunas partes. Pocas veces me pasó eso en la vida y que no sea en atrocidades como Hostel. Quedé revuelto y preguntándome muchas cosas. Una de ellas es el límite entre lo que se toma y se filma de seres casi indefensos y luego se exhibe a todo el mundo. Yo creo que es necesario mostrar lo que nunca se muestra en el cine, la muerte, la soledad, la degradación y el sinsentido, pero a la vez me inquieta y me pregunto cuál es el límite ético. Si esos viejitos, cuando eran adultos en plena posesión de sus facultades, hubieran aceptado ser filmados hasta la muerte, como en parte Nicholas Ray por Wim Wenders en Lightning Over Water, me sentiría tal vez más cómodo y vería el film con menos prejuicios. Pero a la vez sé que esa filmación y todo ese movimiento en el geriátrico debe haber sido una experiencia feliz, intensísima, para todos. Con feliz me refiero a plena, viva, paradójicamente. Entonces creo que rescato eso, esa aventura del equipo de Seidl. Ese riesgo de tocar los bordes, un límite que nadie toca. Me recuerda por momentos algunas de las obras de teatro de la Compagnia Pippo Delbono, de Italia, con su trabajo sobre y con los discapacitados que integran la propia troupe.

Las cosas de la vida

Es lo invernal del filme lo que despierta esa sensación –por momentos– de excesiva manipulación, de regodeo en lo terrible: esa nieve, esos edificios, la mugre, ese frío… Claro que son ciertos, pero no creo que la película hubiera perdido nada si de vez en cuando salía el sol o ella y su amiga se iban de picnic al Prater. Seidl quería que fuera invierno, y por eso el rodaje fue muy largo, pero para mí conspira en parte con lo que él desea expresar. Tal vez hubiera sido aún más tremendo todo. En fin… Lo otro que quiero decir es que ellos, los dos, cada uno a su modo, se hacen querer. Se hubieran merecido una tregua. Ella la tiene pero en circunstancias terribles. Él nunca. Merecerían ser mimados, acariciados, entibiados. Después la vida sigue.

  • Licenciado en Cine UNC, luego integrante del LTL. Vivió exiliado 10 años y a su regreso, en 1984, fue director de teatro de varios grupos reconocidos y docente en Cine y Teatro de la UNC, de donde se jubiló en 2017. Desde 2008 escribe novelas y relatos autobiográficos. Ya tiene 16 libros publicados, entre los que se destacan El chico y Perla, un retrato del vínculo con su madre.

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