[Bésame, estúpido] 5

 

Afinitudes

 

Liliana Paolinelli

Mirar

Lo primero que quiero decir es que Liliana es desconcertante, lo segundo es que es clara como el agua. Estas dos frases anteriores solamente parecen contradictorias. Ella es desconcertante y clara. Hay algo en su mirada, en sus ojos, y también en su manera de mirar el mundo y las cosas, que a uno lo inquietan y lo tranquilizan: uno sabe que está en buenas manos. Es una mirada exigente, muy abierta, cercana y lejana, superficial –porque ve todo lo que hay en superficie– y profunda, porque se va preguntando cosas mientras mira.

Liliana Paolinelli, archivo personal

Te mira y a la vez se está viendo y descubriendo a sí misma, a lo que quiere, hacia dónde necesita ir. Sentí esa mirada cuando me dirigió como actor, hace tiempo, y la siento cuando conversamos sobre cine o sobre las cosas de la vida –sobre cuestiones de política no nos entendemos, ni tampoco hablamos. Mira, te ve, se ve, y en ese mirar abre caminos insospechados. Es una mirada exigente –muchas veces acompañada de una carcajada explosiva–  porque nunca se queda con lo primero que aparece, o con lo primero que como actores le podemos dar, aunque parezca estar bien. Siempre va más allá: quiere imponer a la realidad el deseo que la impulsa.

Sus películas también respiran eso. Desconciertan, divierten, sorprenden. Van más allá, y lo que por momentos puede aparecer como arbitrario o enrarecido casi inmediatamente se revela como necesario y verdadero: la cámara que descubre los mundos, los actores que se zambullen en aguas difíciles, la construcción insólita, rigurosa y a la vez abierta, amable. Nos obliga a los espectadores a hacer nuestro propio recorrido, a elegir, a pensar.

Siempre agradeceré haber sido parte, aun lateralmente, de ese grupo de seres amigos –Liliana, Santiago Loza, Paula Markovitch, Ada Frontini, Sergio Gaiteri, y no nombro a tantos actores y actrices, muy jóvenes y excepcionales– a quienes, como alumnos, conocí a fines de los 80 en Córdoba, tocados por algo especial, por un talento insólito referido a la construcción de historias en un lenguaje personal novedoso y libertario. Siento, y sentía ya en aquellos tiempos, que estaba frente a quienes daban una señal que el cine argentino no podía desconocer, que nos enseñaban algo –tanto– a quienes queríamos hablar en el arte de las cosas que considerábamos esenciales para la vida.

Luisa Núñez, en Por sus propios ojos

Quiero también agradecerle a Liliana el haber dado a Luisa Núñez, mi gran amiga, que ya murió, la posibilidad y la fuerza desolada de uno de los primeros planos más bellos, terribles e intensos, para mí, de la historia del cine: el plano final de Por sus propios ojos: ese rostro demudado, ese grito de impotencia, deseo y amor de una madre ante la vida y la muerte posibles de su hijo. Liliana le regaló a Luisa un momento que luego pasó a ser de todos nosotros, los que la queríamos. Ese gesto de amor, esa exigencia de Liliana a Luisa, y haber obtenido ese decantado de verdad y dolor, y también de pudor y delicadeza, me hacen estarle infinitamente agradecido.

 

Para un libro por un aniversario del Odin Teatret

Conocí al Odin en 1976 en el festival de Caracas. Al ver Ven y el día será nuestro me di cuenta de que no tenía sentido lo que hacía, que el teatro era otra cosa. No entendí nada, sólo sentí en el cuerpo la descarga de vida y muerte. Luego vi a Torgeir en El libro de las danzas cayendo y cayendo y cayendo y levantándose y levantándose y levantándose como un enano tenaz y a Iben apareciendo en las esquinas de un pueblo gitano, iluminada por las hogueras de festejo, y vi la muerte muy alta en zancos y escuché en el silencio repentino el rumor del gas de los campos de concentración en Las cenizas de Brecht y vi bailar Kurt Weill como bailan los balineses y oí los tañidos de alerta de las campanas que intentan inútilmente evitar la muerte y vi a Brecht y Helene Wiegel camino del exilio. Vi los desfiles del horror con los esqueletitos en el regazo, las bocas con la mueca del espanto y del odio.

Odin Teatret

Mi vida no fue la misma después del encuentro con ellos y con Eugenio Barba. Nos invitaron a Belgrado al 1° Encuentro de Teatro de Grupo, nos dieron una mano porque sabían que estábamos exiliados, solos en el mundo y por primera vez en Europa. Eugenio organizó una gira para nuestro espectáculo, El Rostro, que hacíamos con Graciela Ferrari y Pepe Robledo. Luego nos quedamos a vivir en Italia por tanto tiempo. Nada fue lo mismo. Nada. Si el teatro es acontecimiento, explosión de libertad, de rigor y de vida, eso es el Odin Teatret. Gracias.

 

Dos puestas de Fra Noi

Macadán

Creación colectiva
Coordinación: Roberto Videla
1990

En una hora desfilaba la vida del pueblo, de verano a invierno, de madrugada a madrugada. Alrededor de 80 participantes, entre actores y actrices, colaboraciones especiales de personajes de Colonia Caroya, dos grupos musicales de canciones típicas italianas, el coro del pueblo coordinado por Javier Bustos.

Además usamos un camión regador, las mujeres quemaban hojas de otoño mientras chusmeaban de vereda a vereda, un tractor con su carga de cajones de uva al que seguían muchachotes en bici robando racimos, distintos autos, dos casas vecinas y un garage reales, una moto Puma viejísima que usaba Liliana Lóndero, el rastrojero del Ninín que traía, muy tarde, amontonados, a los jóvenes empilchados a la salida del boliche, un auto preparado para un casamiento con un cisne de papel plateado arriba, una pala mecánica donde venía el novio a convencer a la novia que no se quería casar, a la que le cantaba una serenata y se la llevaba, a ella enamorada de nuevo, los dos montados en la pala mecánica.

Al final todo quedaba quieto, era la madrugada, uno de los músicos se alejaba por la avenida de Caroya, y otro le gritaba: ¡Saludos a tu hermana!

Fin.

Centenares de espectadores sentados en la vereda frente al macadán, la calle ancha de Colonia Caroya. La Municipalidad intervino cortando el tráfico y la luz, prestando el camión regador, etc. Había que tener todos los permisos necesarios, fue un gran esfuerzo de toda la comunidad caroyense.

Pura felicidad.

 

Picnic Blues

Creación colectiva
Dirección: Roberto Videla
1991

Después de meses de imposibilidad y desconcierto casi toda la obra surgió en dos horas de improvisación, usando sillas como si fueran los asientos de un ómnibus.

Al final, después de viajar y que sucedieran mil imprevistos, y después de gritar LLEGAMOS, había un apagón y al prenderse la luz las sillas estaban orientadas al revés, con todos sentados inmóviles, como volviendo ya del viaje. Sólo ondeaba, con el ritmo de la respiración, un velo blanco de la que había ido como viuda, de luto con velo negro. Había conseguido el amor.

Picnic Blues, Grupo Fra Noi

Siempre quisimos volver a hacer esta obra, pero no se dio. Tal vez alguna vez. Valdría la pena. Producía en los espectadores una sensación de felicidad, una ola achampañada.

 

Muesca

De la película El peral salvaje, la mejor de Nuri Bilge Ceylan.

El hijo al padre:

–¿Estás admitiendo la derrota?

El padre:

–Si hubiera tenido razón habría sido hermoso. Pero es una pena, no fue así. Pero no importa. Eso también está bien. Una retirada oportuna también es una victoria. Ese es mi consuelo. Cada quien tiene expectativas diferentes. Si amas lo que haces puedes sobrevivir en cualquier parte. Había soñado con otras cosas, pero no importa. ¿Los sueños de quiénes se hacen realidad así como así? Tuve tantas experiencias. Conocí a gente increíble. He olvidado la mayor parte, pero hasta el olvido tiene su atractivo. La gente debería flotar un poco. Los malos y los buenos recuerdos deberían fusionarse, oscurecerse y derretirse. Hay algunos que deberían quedarse. Tallando una muesca en el tiempo

 

 

Joan Didion

Noches azules

Estuve toda la tarde zambullido en este libro, en el que JD planea en un vuelo y se lanza sobre la muerte de su hija y sobre su propia vejez. Es desolada, dura, magnífica y frustrante su inmersión, con sus manos que terminan no aferrando nada, porque lo que intenta sujetar es inasible: la muerte repentina, inesperada y cruel, la vejez que endurece y paraliza. El dolor no se puede prever, lo inexpresable no se puede contar. Un muro ciego al que no hay que darle vueltas, como decía Quintana, la hija. Logra, mostrar la impotencia, esa nada.

Joan Didion

Luego me sumergí en El año del pensamiento mágico, que ya había leído en portugués, donde ahonda en lo que ocasionó en ella la muerte de su marido, poco antes de la de su hija, y ahora paré para poder salir desde lo profundo y tomar aire.

1.50 de la noche, sigo leyendo pero ya no puedo. Es demasiado, es tanto, es demasiado; ¿cómo hizo para entrar en esa puerta oscura del recuerdo, ese sinfín del dolor? No lo soporto. Mañana seguiré.

 

Entregas anteriores

[Bésame, estúpido] 1

[Bésame, estúpido] 2

[Bésame, estúpido] 3

[Bésame, estúpido] 4

 

  • Licenciado en Cine UNC, luego integrante del LTL. Vivió exiliado 10 años y a su regreso, en 1984, fue director de teatro de varios grupos reconocidos y docente en Cine y Teatro de la UNC, de donde se jubiló en 2017. Desde 2008 escribe novelas y relatos autobiográficos. Ya tiene 16 libros publicados, entre los que se destacan El chico y Perla, un retrato del vínculo con su madre.

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