[Bésame, estúpido] 6

 

Chismes

 

La sombra del relámpago

 

Roberto Videla

Así me recibió la crítica cordobesa. En octubre de 1984 volví de Italia, luego de estar 10 años afuera, y presenté en el Primer Festival Latinoamericano de Teatro mi obra La sombra del relámpago. La había hecho en italiano y fue muy difícil traducirla y actuarla en mi idioma. Mi cabeza parecía una computadora enloquecida. La obra, un unipersonal, era un collage con textos de Ibsen, Dostoyevski, Bergman, Truffaut y varios otros autores. La reacción en la primera función que di en Río Tercero, sede del interior del festival, luego de dos horas de demora por problemas absurdos de luces, fue terrible: algunos del público me acusaron de haberme pasado al enemigo, al imperialismo norteamericano. Que luego de haber pertenecido al LTL lo mío era una vergüenza, una traición. Con esas palabras. Ahí me vio el crítico enviado por La Voz, Pablo Ponzano, que escribió una pequeñísima y brutal crítica, a la que tituló Una sombra sin relámpago. Estuve días avergonzado sin querer salir a la calle.

El espectáculo obtuvo otros comentarios, apasionados y entusiastas, luego de ese primer infierno en mi terruño. Pero no salió ya ninguna crítica, claro, así que no puedo dar fe de esto.

De todos modos, se ve que mis fantasmas literarios me siguieron persiguiendo. En buena hora.

 

Caetano, Nana, Chico, Gil, Dorival

Nana Caymmi presentando su nuevo disco hizo unas declaraciones apoyando a Bolsonaro y además insultando a Caetano, Chico y Gil, que fue su marido. Ella, hija nada menos que de Dorival Caymmi, uno de los más grandes y populares compositores y cantores de Brasil, abrió la boca de voz de ouro e soltou merda, según un conocido. Dijo además que ellos –Caetano, Gil y Chico– están chupando o pau de Lula, entre otras barbaridades.

Nana tiene 78 años y parece que siempre se manifestó así, de manera brutal. Mis amigos brasileros estaban consternados. A mí me dio un poco de risa, me parecía como que escuchaba una loca suelta, desatada, aunque maligna. La verdad es que no conocía sus pensamientos políticos, me imaginaba, siendo hija de quien es, que pensaría todo lo contrario.

Lo cierto es que todo esto sucedió después de que yo escuchara su último disco, que me pareció igual a casi todos los anteriores: magnífica voz oscura, aterciopelada, muy grave, arreglos interesantes pero que suenan a viejo, a boite nocturna ensombrecida, y temas estupendos todos parecidos, por lo que se vuelven monótonos y aburridos.
Pero me pasó algo divertido: Ya conocía Cansei de ilusões, por Maria Bethânia, pero está aquí por Nana, y de repente me di cuenta que hace días lo canto, se me metió en la cabeza y no lo puedo eliminar, y por Nana. Un desastre. La canción es un bolero hermoso y ella lo canta divino, pero me rebelo, no quiero. Lo canta mejor que Maria Bethânia, reconozco, pero no mejor que su compositor, Tito Madi.

Tuve varios intercambios al respecto con un amigo virtual de Brasil, Sergio Karam, y terminamos riendo de todo esto. No de las declaraciones de Nana, que son bien feas.

Pero luego soñé dos noches seguidas con la música popular brasilera, la MPB.

Caetano Veloso

El primer sueño: asistía a dos shows, en blanco y negro, de Maria Bethânia, medio desenfocados, y luego me iba a casa de Caetano. Estaba con su familia, su mujer y muchos hijos, en una casa pobre pero grande en la periferia de una ciudad enorme. Comíamos una comida en la oscuridad, una comida marrón y verdosa, todo era en colores apagados, y de repente Caetano, muy cerca de mi cara, me susurraba algo así como que yo le gustaba, pero yo no entendía bien su bahiano y no estaba seguro de que había dicho eso. Los rulos, muy largos, se le movían al hablar. Estaba casi igual a la foto que subo de él, y en un ángulo parecido. Me decía que teníamos que ir a Paraty a saludar a su hermana Bethânia, que es lo que yo quería. Me parecía que ya no tendríamos tiempo para eso y me angustiaba. Estábamos lejos de Paraty, en esa ciudad terrosa.

El segundo sueño fue con Nana misma. Le hacía una entrevista, pero ella me invitaba a comer y hablaba de cosas cotidianas, yo estaba sentado a su lado en la mesa de la cocina; los colores eran, como en el otro sueño, oscuros, verdosos, amarillentos, como de muy tarde en la noche. Era todo muy íntimo. Ella, en medio de su charla, de repente cantaba fragmentos de boleros y de las canciones de su padre. Una hermosura. No habló de política.

 

Gal en Córdoba
30–5–07

Siempre había ido a Buenos Aires y finalmente Gal debutó en mi ciudad. No fue el mejor momento, ni la mejor elección de repertorio, ni el mejor lugar. Un salón enorme, pelado, frío, semivacío. Un público gentil, de mediana edad, quieto, inmóvil. Ella no sabía que aquí se conoce poco Basta de Nostalgia –la canción Chega de Saudade, elegida por los brasileros como la más bella de su historia–, y entonces insistía en que el público hiciera corito. Solo respondía un silencio incómodo. Yo quería que hiciera el show con el que está recorriendo el mundo, Hoy en Vivo. En cambio ella eligió, y lo anunció al inicio, oh, que el show era sobre los CD Acústico, Todas las cosas y yo, y el de homenaje a Tom Jobim. Acá no se conocen muchas de esas bossas, las canciones no prendían, no provocaban nada, salvo, claro, las más preciosas y valiosas: La felicidad, en una versión bonita y basta. Todo comenzó a tomar vida cuando cantó Caymmi: Sábado en Copacabana, Ahí viene la bahiana. El resto del repertorio fue insípido. Pienso que el show Hoy habría andado mucho mejor. Tampoco se conocen aquí esos temas nuevos, pero son tan fuertes que habrían gustado más. Ni siquiera cantó Antonico, ni Fruta Gogoia, las viejas canciones puestas al día en Hoy.

Gal Costa

Como tantas otras veces, Gal apuesta, se equivoca y pierde. Seguro que pensó que era mejor mostrar el juego conocido y ganar. Pero no acertó. Qué pena, qué pena ah….

El show resbaló en el aburrimiento –a pesar de los espléndidos músicos–, con algún momento intenso cuando cantó Força Estranha, casi a cappella, ella bañada desde lo alto con una luz dorada, mirando el cielo, como recibiendo de lo alto la fuerza extraña –la voz, claro–. Un tanto kitsch la imagen, pero maravillosa su voz.

Al final Gal cantó esa canción melosa, Un Día Domingo, y esa otra pavada, Lluvia de Plata, sus éxitos de los 80, y el público deliró, bah, se movió un poco. Un final condescendiente y fácil, contradictorio con el resto del show, tan exigente y cerrado. Fue generosa, hizo como cinco bises, improvisó Folletín y terminó, menos mal, con la bellísima Falsa Baiana.  El periodista que hizo el comentario en un diario de Córdoba escribió que Gal cantó Fuerza Bahiana. Un error feíto –y freudiano.

Quedé desilusionado y triste… triste é viver na solidão, queridos. Y con un montón de pesos menos.

 

Tics actorales y de dirección

–No lavarse la boca al despertar y darse besos de lengua sin poner cara de asco. Desde Mad Men a The Good Wife a Paterson y adelante con los faroles.

–Vomitar cuando les sucede algo feo. Yo salvo a la piba de El exorcista, que se merece un 10, lo hace regio.

–Sacar la mano como desvaída por las ventanillas de los autos a alta velocidad sintiendo la brisa, tanto conductores como acompañantes, cuando se sienten en paz con la vida.

–Manotear el aire inútilmente con la mano izquierda o derecha, bobas, como espantando fantasmas, cuando reciben una mala noticia.

–No usar paraguas en las lluvias más torrenciales y mojarse de cabeza a pies sin que les importe, aun en los inviernos más helados nórdicos. O en Baltimore. Con lo útiles que son los paraguas.

–Cuando sonríen seguro que un segundo después alguna macana horrible les cae encima.

–Dejar correr la lágrima entera por la mejilla. Esto lo hacen todas, desde la Binoche hasta la Glenn Close, que es especialista en lágrima viva y no secada.

–Golpear el volante repetidas veces cuando se sienten impotentes.

–Cambiar violentamente de registro, o sea bajar como tres octavas, para dar dramaticidad. O subir de golpe. Esto lo hacen genial Shirley MacLaine y Meryl Streep y pésimo a veces Meryl Streep y muchas más, como Cristina Banegas. Es como si les saliera de repente un oso de adentro.

–Destacar la última vocal o consonante en las oraciones, porque les han dicho que sostengan, porque bajan la voz en los finales. La reina de esto es Cecilia Roth, que si tiene que decir mandarina dice mandarinAAAAA, abriendo mucho la boca y proyectando.

Entregas anteriores

[Bésame, estúpido] 1

[Bésame, estúpido] 2

[Bésame, estúpido] 3

[Bésame, estúpido] 4

[Bésame, estúpido] 5

 

  • Licenciado en Cine UNC, luego integrante del LTL. Vivió exiliado 10 años y a su regreso, en 1984, fue director de teatro de varios grupos reconocidos y docente en Cine y Teatro de la UNC, de donde se jubiló en 2017. Desde 2008 escribe novelas y relatos autobiográficos. Ya tiene 16 libros publicados, entre los que se destacan El chico y Perla, un retrato del vínculo con su madre.

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