[Cine de entrecasa] De géneros, robos y corazones

Mi última nota tuvo muchos lectores, y eso imprimió una exigencia mayor a la hora de seleccionar la próxima película para estar a la altura de las circunstancias. Era viernes y no sabía qué ver, el sábado vi una irlandesa, que es mi cine favorito y ya encontraré el momento de hablar de él, pero no era particularmente interesante. Llegó el domingo, seguía igual y se empezó a formar una traba, un pánico escénico. El lunes, al borde del llanto, busqué en Stremio y encontré El robo del siglo, de Winograd, estrenada hace varias décadas atrás: enero de 2020. Ya nadie se acuerda que fue la segunda película argentina más vista detrás de Metegol. Y más allá del disfrute que me generó (ya hablaremos de eso), me llevó a pensar en el cine de género argentino.

Y eso me da pie para la segunda película que vi, esta vez en Netflix, pero el martes: Corazón Loco de Carnevale, que no va a ser recordada como la más vista de 2020, pero que vale claramente como cine de género.

Ahora nos ponemos serios… no mentira, solo un poco. El cine de género de alguna manera implica industria cinematográfica, algo que tenemos a duras penas. Industria autosustentable, es decir, más allá del apoyo del INCAA siempre necesario y polémico (podemos hablar horas de lo bueno y lo malo de esto), una película que genere ganancias que luego se reinvertirán en nuevas películas. Digamos: lo que pasa más o menos en Hollywood, exceptuando Waterworld de Kevin Costner, donde se ahogaron 200 millones de dólares.

Una peli de industria piensa en el público, en el sentido más hithcockiano posible. Sí, en las largas entrevistas de Truffaut a Hitchcock, el gordito que dicen no hubiera resistido el #MeToo, contaba que dirigía y escribía pensando en el público, en atraerlo, sorprenderlo, jugando con su juguete predilecto, el suspense. Y aunque hay directores que se cagan en el público o que sólo dirigen para una élite de cinéfilos, como decía Kieslosvky, también hay otros que están muy preocupados de mantenernos atrapados en las butacas o ahora sillones. Que le temen a nuestro aburrimiento y desean nuestra sonrisa o sorpresa. Yo creo que esos directores nos quieren, nos aman, como yo cuando dirijo amo a ese espectador fantasma en el que pienso cuando edito.

Ahora volvamos a El robo del siglo, qué lindo es ver una película de género bien construida. El robo al banco, tantas películas se han hecho al respecto y este género obviamente fue desarrollado en Hollywood, como todos los géneros, excepto el melodrama que nos lo robaron a los latinoamericanos. Claro, la historia real no tiene desperdicio, daría la sensación que robaron el Banco Río sólo para que hicieran luego la película. Pero con una buena historia se puede hacer una mala película, y definitivamente éste no es el caso.

Y el género nos lleva a otra cosa, el star system, y sí, también tenemos nuestro star system: Francella, Peretti, Rago, y Luis Luque (haciendo de cana o de chorro, que nunca falla). Actores que hacen de ellos mismos haciendo de tal o de cual, pero justamente por eso funcionan. Porque más allá de la ductilidad, Pacino hace de Pacino, Brad Pitt hace de Brad Pitt y nadie mejor que Tarantino para usufructuar de estos recursos (véase Érase una vez en Hollywood).

Y el martes, medio a regañadientes, miré Corazón Loco, porque lo extra cinematográfico también es cine y no hay que olvidarse que Suar dejó a todos los trabajadores de Polka en la calle, que llora por los medios que tiene miedo de fundirse, pero que a lo largo de 3 décadas la levantó con pala. Reparta, mi amigo, cuando toca perder, perdamos todos un poquito y que a algunos no les moleste ganar menos (¿quién lo dijo, quién lo dijo?). Pero lo tenemos a Carnevale que domina la comedia romántico, género por excelencia, lo difícil es que parezca fácil, que además requiere siempre una vuelta de tuerca porque ya pasó mucho tiempo desde Cuando Harry conoció a Sally, y toda comedia romántica debe ser distinta sino muere en el intento.

Entonces Suar y Carnevale escriben el guión, se nota que se entienden, que a Suar le gusta hacer de él mismo y que sabe que es efectivo a lo largo del tiempo. Hacen una comedia, que como dicen en Página/12 queda atrasada en el tiempo. Y es cierto, son dos cincuentones que se han perdido lo que pasó en los últimos años en la Argentina y en el mundo. No entienden ni de cerca lo que es la perspectiva de género y solo dan el manotazo de ahogado poniendo a una hija adolescente de reparto que dice amigues al pasar. El protagonista paga por su pecado de engañar mujeres, pero tal vez el caso sea que ya el concepto de engaño huele a viejo. Pero… Tal vez su mérito es no intentar ser lo que no son, dos viejos cincuentones que no entienden un pito (o el órgano sexual femenino) de porqué es necesario poner en duda el patriarcado y por ende el hetorocentrismo y la heteronormativa. Todas las familias que aparecen son compuesta por hombre/mujer, no hay un solo personaje que tenga una identidad sexual fuera de la normativa. En un par de años, según parece, no podría clasificar ni para el Oscar, según los nuevos requisitos para las películas post #MeToo que plantea la Academia. Aunque claro, si salvamos este detalle, importante pero no definitivo, la película fluye, es graciosa, pega en el momento justo, tiene su vuelta de tuerca y cumple. Al final cumple con lo prometido. No defrauda a nuestro querido y amado espectador. 

Es que el género (cinematográfico) bien entendido es eso: seguir ciertas reglas, también enroscarlas, pero al final sentir esa satisfacción que suele darnos el cine. Nuestra querida catarsis. Para ser justos, muchas veces ocurre que películas con muchas mejores intenciones ideológicas terminan siendo un bodrio inenarrable. También es cierto que ninguna crítica dijo que la peli de Kaufman era también heteronormativa y eso sí, absolutamente aburrida. Como leí el otro día un post de alguien que decía, sólo vi el trailer y puedo decir que la película no me gustó.

Bueno, hasta acá llega la columna de hoy. Mañana entraré nuevamente en el pánico de pensar qué película voy a ver y comentar. Espero que esto no lo lea nadie, así la presión será menor y pueda comentar alguna película vieja y difícil de conseguir, que son las que más me gustan. Querido espectador, buenas noches… O buenos días.

  • Director y guionista de documentales. Graduado en la Universidad de Buenos Aires como Diseñador de Imagen y Sonido y cursó un postgrado en la Universidad de Barcelona como Guionista Cinematográfico. Últimamente está despuntando el vicio de la escritura en Barbaria.

2 comentarios

  • Es un género donde siempre los actores, para encarnar un personaje, bucean en su propia identidad ante la circunstancia del personaje. No pueden ser «otros». Mala escuela. Es que el público ¿argentino?, en general, va a ver a los actores, no a los personajes.
    Si hubiera puesto una familia del mismo sexo, igual hubiera quedado como forzado a insertar «actualidad»
    El tema del robo del siglo ya lo hizo en teatro Rafael Spregelburd en su genial obra «Acassuso»
    http://www.alternativateatral.com/obra7573-acassuso
    Coincido con esto que decis: «la película fluye, es graciosa, pega en el momento justo, tiene su vuelta de tuerca y cumple. Al final cumple con lo prometido. No defrauda a nuestro querido y amado espectador.»
    Sí creo también que esta pelicula de Suar (aunque la hizo antes de la cuarentena) es un manotazo de ahogado
    Ah! «Pienso en el final» de Kaufman me pareció una genialidad (la reseña en mi pag. de cine)…pero bueno, así es la mirada crítica: primero narcisista y después edípica.
    Me gustan tus columnas.

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