[Cine de entrecasa] ¡Y cómo pensé en el final!

Es domingo por la noche y esta vez recurro a Netflix para ver qué me propone con sus algoritmos pedorros y selecciones que nunca me representan. Sé, no soy fácil, pero tampoco para proponerme Warrior Nun. No sé si ya lo sacaron para todos, pero yo ya no tengo la categoría Especiales para ti o algo así, siempre en español neutro. 

La semana pasada leía titulares que hablaban de la película de Charlie Kaufman estrenada en la plataforma, Pienso en el final, y me dejé llevar por la corriente. Grave error, a los 15 minutos de la película, empiezo a plantearme nuevas estrategias para no seguir al rebaño. 

Pienso que los guionistas no deberían dirigir porque se enamoran demasiado de sus diálogos y no hay nadie que se los corte. Pero más que nada empiezo a sentir que estoy ante una obra de teatro, me imagino la puesta en escena, la producción (la hacés con 4 actores y un poco de maquillaje y vestuario), pienso en la escenografía: Auto, Casa, Auto, Escuela. Hay que cortarle solo 2 escenas cortas. Y por sobre todo, reflexiono: ¿por qué estoy viendo una obra de teatro en la pantalla de mi tele? Claro, son tiempos de pandemia y esa es la manera de ver teatro hoy en día (con discutibles resultados). 

Pienso en los viejos productores de Hollywood al estilo de The Player de Robert Altman, esos que te tiraban un guión por la cabeza, literalmente (y debe doler), que tenían el termómetro de qué era el cine y que no, y aunque podían pifiarla y construyeron un status quo muchas veces asfixiante, también es digno de homenajear, como lo hizo Tarantino en Érase una vez en Hollywood

El cine es una constante tensión, y eso muchas veces lo convierte en la mejor de las artes, no sólo porque integra a todas sino porque escapa del auto enamoramiento (por no decir paja) del artista. Hay una tensión entre el presupuesto y lo que cuesta hacer la película, una tensión entre el guionista y el director, entre el director y el productor ejecutivo, con los actores, los técnicos, los departamentos artísticos. Obliga a trabajar en equipo y nutrirse de lo mejor (o lo peor) de cada miembro del crew.

Supongo que por eso, una película tiene conflicto, tiene acción, porque se construye desde ese lugar, nunca desde la autocomplacencia. 

Pero acá cae Kaufman que se enamora de sus diálogos, que se permite todo y nada a la vez. Se olvida de la acción. Se podría decir que es una road movie, porque se la pasan una hora andando en auto, pero es el viaje más aburrido del mundo. Se la pasan citando autores, escritores, artistas con un providencial uso de la presuntuosidad. Cuando llegamos a la casa de los padres del novio de la protagonista, pensamos, bueno acá empieza la acción, y sin embargo, nos mete en el final de 2001 (Kubrick, no el año del helicóptero) pero sin metafísica. Nacer y morir desde un lugar casi escatológico. 

Había un chiste que hacíamos con Javier Morello, cuando él escribía y yo dirigía una serie de animación allá por 2006 y era que cuando no sabíamos cómo terminar un guión, decíamos: “bueno, le metemos un musical”. Supongo que Kaufman se lo tomó en serio.

No puedo criticar el título de la película porque durante sus 2 horas de duración no paré de pensar en el final.

Para nada me costó conciliar el sueño y el lunes me levanté más temprano de lo esperado. No se puede decir que el cine no tenga sus funcionalidades.

  • Director y guionista de documentales. Graduado en la Universidad de Buenos Aires como Diseñador de Imagen y Sonido y cursó un postgrado en la Universidad de Barcelona como Guionista Cinematográfico. Últimamente está despuntando el vicio de la escritura en Barbaria.

Un comentario

  • No la pude terminar, me faltaron 40 minutos. La dejé sin pena, después de intentar completarla por dos días. Sé que le gustó a mucha gente, pero para mí no tiene gollete, está llena de lo que hace Toni Collette: muecas horribles. Pensar que hizo “Las horas” y aunque esa película tampoco me gustó mucho, la escena de ella con Julianne Moore salva la película.
    Así que no pienso en el final no, no pienso, juaaaaaa.

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