[Cine] Enola Holmes. La historia sigue siendo la misma

Hay un tema de Led Zeppelin que abre el disco Houses of the holy y que se llama “La canción sigue siendo la misma”. El disco que marca la adultez de la banda empieza con una mirada retrospectiva, similar a la que tendría Charly García un par de años después al cantar: “Mientras veo las nuevas olas yo ya soy parte del mar”. Ese déjà vu cultural sintetiza la idea de que hay algo que siempre permanece mientras el exterior cambia, se modifica con el tiempo, y que al llegar a cierto momento de nuestra existencia podemos verlo en perspectiva. El sol siempre es el mismo pero los horizontes cambian. 

En este punto podríamos ponernos filosóficos o sacar un podcast. Pero mejor volvamos a la cultura popular.

Hay historias que se escribieron alguna vez y que siempre están volviendo como el tango. Están los mitos universales y los distintos clásicos: Edipo y Antígona en Grecia antigua; Romeo y Julieta en la Inglaterra Isabelina; o unos años más adelante y con otra reina, Dickens y el detective del gorro absurdo y la buena pipa. También entran Las mil y una noches y el Martín Fierro, todo relato que entre en el inconsciente colectivo nos llevará de Liniers hasta Correo por citar una línea de transporte urbano.

Todas estas historias están listas para reescribirse, no sólo porque son historias arquetípicas que siempre van a encontrar un área de confort en nuestra psiquis, sino también porque son un buen un buen vehículo para cargarle todas las particularidades de la época, el tenebroso espíritu de los tiempos (parecido al de las navidades presentes de Dickens). “Elemental, mi querido Watson” y acá aparece Sherlock para la foto familiar: ha tenido hijos, hermanos, aventuras de adolescente y de anciano, y ahora resulta que tenía una pequeña hermana. Enola Holmes.  ¡Elemental! 

Y con esto tenemos el cóctel de siempre: revolución industrial, era victoriana, niebla y lluvia y algún archienemigo… Achís, Moriarti. Como diría nuestro ya célebre comentarista de esta revista, Javier Morello, Sherlock también tiene su paracosmos. Efectivo tanto para nuestra actualidad comentada por redes sociales y con perspectiva de género como para los 80s, cuando Los Goonies y la New Age marcaban la cancha: El secreto de la pirámide presentada por… Steven Spielberg. Hay Sherlock para todes.

En 1976 en Londres surge el movimiento Punk  mientras de fondo sonaba Anarchy in the U.K. Sus miembros lucían penachos, mucho cuero y tachas, y grandes clavos o alfileres de gancho en sus orejas. Menos de un año después en las boutiques de Oxford Street se vendían aritos con forma de clavo o alfiler de gancho y el movimiento que se edificó como el más contestatario y antisistema fue absorbido por el mismo capitalismo. La tensión entre lograr modificar el sistema y no ser absorbido siempre está presente, y nada mejor que Hollywood para desvirtuar y estereotipar cualquier lucha valiosa.

Enola Holmes viene de buena familia, abandónica como las familias inglesas que aparecen en la tele, tiene la extraña obsesión de comentar todo como si fuera un youtuber del siglo XIX, o tal vez manda mensajes mentales al futuro para poder ser interpretada en 2020. Ante la desaparición de su madre, que parece ser una extremista ultra feminista, sale al mundo de su idílica House on the hill y descubre una era victoriana terriblemente machista a la que no puede adaptarse. Además de develar el típico misterio, deberá cambiar las mentes de al menos quienes la rodean y darles una modernísima perspectiva de género. 

El pavote de su hermano, Sherlock, clavado en esteroides que apenas le permiten moverse dentro de los ajustados trajes victorianos (supongo que extrañará la peluca y las ropas medievales de The Witcher), intenta seguirle el hilo y de a poco va entendiendo lo injusto que es el mundo con las mujeres. 

Es como Disney con perspectiva de género, lo cual no deja de ser interesante. Mary Poppins tiene una subtrama muy interesante sobre la relación hombre-mujer en la familia y la lucha por el voto femenino. Película que fue un dolor de cabeza para el conservador y macartista Walt, aunque deba reconocerse que tenía buen olfato para ese espíritu de los tiempos.

Las sucesivas olas de revisionismo que reescriben la Historia y las historias, también generan relecturas que no siempre dejan bien parados a los relatos de otras épocas, así es que Disney + al subir sus clásicos del cine a su plataforma digital tuvo que agregar en muchos casos una placa que dice: “Este programa incluye representaciones negativas y/o maltrato de personas o culturas”. Walt se revuelca en su freezer.

Enola Holmes termina con un traveling vertical que nos eleva hasta las nubes dejándonos ver toda la ciudad de Londres, tan pero tan parecido al final de Mary Poppins. En Hollywood hay un esquema para la presentación rápida de un guión -también llamado elevator pitch (la historia de que tenés que venderle en un minuto tu guión a un productor mientras subís con él en el ascensor)- que se llama “meets”, y consiste en el juego de describir la historia cruzando dos películas: Rashomon meets 2001 sería Star Wars o Mary Poppins meets Sherlock Holmes podría ser Enola Holmes. 

A veces el homenaje se parece mucho al plagio, a veces ser fiel a la historia original un corset (victoriano) difícil de acomodar. De todas formas, siempre una nueva escritura va a estar impregnada de la realidad con la que convive. Mucha agua ha pasado bajo el puente y tanta más pasará, tal vez lo importante no sea que la historia o la canción sigan siendo la misma, sino que estén bien escritas.

  • Director y guionista de documentales. Graduado en la Universidad de Buenos Aires como Diseñador de Imagen y Sonido y cursó un postgrado en la Universidad de Barcelona como Guionista Cinematográfico. Últimamente está despuntando el vicio de la escritura en Barbaria.

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