[Cuestionario fijo] Cecilia Mandrile: Las muñecas nómadas


Cecilia Mandrile nació en Villa María (Córdoba) en 1969. Obtuvo la Licenciatura en Grabado por la UNC; la Maestría en Bellas Artes por la Universidad de Maryland (Estados Unidos); y el Doctorado por la Universidad del Oeste de Inglaterra. En la actualidad reside en Nueva York, pero ha vivido en distintas partes del globo (Inglaterra, Jordania, Arabia Saudita y Bélgica, entre otros), impartiendo clases, haciendo residencias y mostrando sus obras. Ha tenido una relación intensa con Oriente Medio, que comenzó cuando en 1999 viajó a Arabia Saudita para dar clases de arte y diseño. Luego recaló en Jordania, primero en Amán y luego en el desierto de Wadi Rum, donde fue adoptada por una familia beduina.

Ha realizado exposiciones, instalaciones e intervenciones en museos de Nueva York, Londres, Buenos Aires y Córdoba. También ha sido artista residente en Berkeley (Estados Unidos), Frans Maseerel Graphic Center (Bélgica), Fundación Ludwig (Cuba, La Habana), Makan Bait (Amán, Jordania) y Zona Imaginaria (Buenos Aires). Sus obras forman parte de colecciones privadas y públicas a nivel internacional.

“Una constante en la obra de Mandrile es su retrato, una foto tomada poco antes de dejar la Argentina. Escaneada, manipulada y reimpresa en papel y tela, esta imagen constituye un leitmotiv que define su desplazamiento e identidad como viajera”, señala la crítica Gill Saunders en El perfume de la ausencia, libro sobre la artista. Algunas de sus series y proyectos son: Lluvias privadas (2001), Fragmentos frágiles (2000-2002), Perfume de la Ausencia: Objetos portátiles, lugares encontrados (2000-2004), Cuando la belleza se duerme en sus ojos (2003-2005), UnOtro (2007) y Retirement Home (2009). La foto y las muñecas que ha  intervenido con diferentes materiales encontrados y donados son sus principales compañeras de viaje, con ellas ha explorado la fluidez y la impermanencia de la identidad causada por los desplazamientos. Las series que ha creado en más de veinte años se entrecruzan y dialogan entre sí, y con el paso del tiempo cada una y la totalidad ofrece nuevas lecturas sobre la migración, el nomadismo y las fronteras.

Su última exposición en Argentina fue El desierto adentro, en el Museo Caraffa (2018).

En 2013 publicó el libro de artista El perfume de la ausencia, cuando presentó la obra del mismo nombre en el Museo Genaro Pérez.

¿En qué estás trabajando en la actualidad?

Estoy con una serie de ensayos visuales y táctiles que reflexionan sobre el desarraigo y la posible reconciliación que emergen de los trasplantes, desplazamientos que suceden tanto entre lugares como entre cuerpos. Actualmente, estoy enfocada en dos capítulos en curso, Transplante y Nacida en Confinamiento, que investigan diferentes formas de colaboraciones materiales y conceptuales, cercanas o remotas, tangibles o virtuales. Confinamiento y errancia se entremezclan en el fluir de una obra que implica más de un cuerpo para seguir latiendo.

Estos proyectos, basados en investigaciones sobre experiencias de personas trasplantadas, son traducciones gráficas entre dos fragilidades: la vulnerabilidad de la virtualidad y la de la porcelana. Utilizo procesos análogos, digitales e híbridos con el objetivo de acercarme a un “artefacto cultural” más accesible para personas que viven con diferentes niveles de disminución visual, una obra para tocar. En este contexto, ha sido devastador encontrarnos de repente en un mundo donde el contacto humano parece ser sinónimo de sentencia de muerte. Una pandemia global ha reducido nuestros sentidos a un encierro absoluto. Por meses hemos sido confinados a una comunicación virtual que no solo desafía a personas con discapacidades visuales y auditivas, sino a la humanidad toda, a un entorno sin caricias, sin abrazos, sin perfumes.

Becada por el Centre for Fine Print Research, centro multidisciplinario de investigaciones gráficas de Bristol (Reino Unido), estoy desarrollando diferentes colaboraciones con otros artistas e investigadores: Niamh Fahy, Sonny Lightfoot y Tom McDonagh. Las primeras aproximaciones fueron realizadas en los talleres explorando diferentes ensayos materiales y conceptuales hacia una forma conciliadora de trasplante, que pudiese extender la biografía de las muñecas cansadas y ya agonizantes que me acompañaran en el viaje durante más de dos décadas. Un par de meses después, con la llegada inminente de la pandemia global al Reino Unido, las universidades y museos cerraron. La intención primera de traducir imágenes virtuales o planas a una obra tridimensional tangible implicó un repentino cambio de destino, los fragmentos que no pudimos ya tocar permanecían confundidos, errantes y tuvieron que encontrar un hogar virtual para continuar latiendo. Gracias a la generosa invitación de la curadora Agnes HAaz y a la visualización virtual de Judit Albert, este primer cuerpo de obras trasplantadas habita hoy la Galeria Met de Budapest. (http://archivummet.hu/transplant.html)

¿Cómo definirías lo que estás produciendo y cuáles serían los antecedentes tanto internos a tu obra como externos que te llevaron hasta este punto? 

La investigación conceptual, material y estética que permiten la articulación de las consecuencias físicas y emocionales de un trasplante devienen naturalmente en el fluir de mi práctica artística. Desde siempre mi interés en las artes visuales tanto como receptora como hacedora, se ha relacionado con estéticas del desplazamiento, el reconocimiento de lo incompleto, y el ensayo constante por una conciliación. Creo en el arte como una forma vital de improvisación y la búsqueda incesante de posibles formas de reconstrucción desde el diálogo entre figura y fondo, lo acarreado y lo encontrado. Pienso que para que una obra pueda articular su propia identidad y presentarse ante una audiencia, necesita primero poder encontrar su lenguaje, y eso implica un largo tiempo. Mis obras muchas veces envejecen en ese sobrevivir a batallas, crear anticuerpos, sobreponerse a sus vulnerabilidades y aprender a adaptarse al nuevo entorno. En este proceso, abrir caminos de colaboración ha sido también un desafío muy significativo y una gratificación extrema. Durante esta cuarentena triplicada, he trabajado en mi hogar temporario en Bristol con los materiales que había anidado antes de cerrarse las puertas. Nacieron así una serie de criaturas que desesperadamente pedían a gritos emancipación y un hogar permanente: una petición virtual, una urgencia tangible. Su historia silenciosa, Nacidas en Confinamiento, fue invitada a participar del Festival de Grabados y Libros de Bristol, organizado por CFPR  y Arnolfini.

     

¿Cómo es el proceso de creación? ¿Tenés en claro gran parte de lo que querés antes de ponerte a trabajar, o la creación se define en gran parte en el taller y con los materiales seleccionados? 

Hay un punto de partida evidente que incluye una clara incertidumbre del devenir. Los ensayos conceptuales y estéticos provienen del dibujo y la fotografía. Físicamente, mis proyectos tienen su origen esencialmente en procesos de impresión en diálogo con materiales rescatados. La memoria de los materiales siempre ha tenido una significación esencial en mi obra, y en mirada retrospectiva me ha llevado a comprender lo que el cuerpo sabe en silencio: la oportunidad de darle a los fragmentos sobrevivientes una segunda oportunidad de vida.

Tuve grandes mentores en la Universidad Nacional de Córdoba, en especial Alicia Candiani y Eduardo Moisset de Espanés, que con su generosidad y lucidez dieron paso al maravilloso camino de la errancia creativa en mí, un nomadismo plástico, paradójicamente, sin temor al error. Para mí la gráfica siempre ha significado un lenguaje de libertad que permite la posibilidad de dialogar con las vulnerabilidades tanto personales como de los materiales.  El proceso creativo es generalmente un diálogo solitario pero elocuente, una constante improvisación, algo así como una payada con uno mismo.

¿De qué artista o movimiento contemporáneo argentino o del extranjero te sentís cerca, o al menos lo has incorporado como un interlocutor silencioso para pensar tu trabajo? 

Me interesa la figuración, en particular la indagación en el constante fluir de la representación humana. Me siento cerca de artistas que no pertenecen a movimientos, sino que creen firmemente en el movimiento per se: artistas incómodos, incansables, que son conscientes de la frecuente fractura de los lenguajes, artistas que apuestan a una traducción constante de las fluctuaciones sociales, políticas, físicas y emocionales. Mis referentes argentinos más importantes son tesoros rosarinos, en su viaje solitario ya, pero que siguen siendo contemporáneos. Sus obras, tan contundentes como vigentes, hablan siempre en presente.  Ellxs continúan siendo mis interlocutores constantes, por cierto nada silenciosos.

Antonio Berni fue el primer gran artista cuya obra vi en vivo. Habiendo crecido en el siglo pasado en una pequeña ciudad de provincia, el encuentro con el arte sólo ocurría a través de libros y fascículos. En un viaje familiar a Buenos Aires, mis padres me llevaron al Museo Nacional de Bellas Artes, donde tuve la fortuna de ver una retrospectiva de Antonio Berni. Inocente en ese entonces de lo que significaba el viaje retrospectivo de un artista, fue un impacto que aún me hace vibrar, más que nada ese devenir de lenguajes en personajes que no son sino un yo plural. La otra gran rosarina cuya obra sigue latiendo es Graciela Sacco, tremenda artista e interrogadora implacable, también muy extrañada amiga cuyos ojos maravillosos siguen exigiendo preguntas más que respuestas.  Su obra toda respira desde el diálogo con la luz, el espectador, el paisaje.

Mi referente contemporáneo «extranjero» más admirado es William Kentridge. En su obra hay siempre una nueva traducción por venir, una imagen reiterada que nunca dice lo mismo. Kentridge es un artista Sudafricano, incansable en sus búsquedas de lenguajes, desde el dibujo a la performance, del grabado a la opera.

No puedo dejar de mencionar que me interesó mucho tu pregunta sobre artistas nacionales y extranjeros. Lo uno y lo otro es un concepto que resuena en mi obra en general y en particular en la actual. En El Intruso, el maravilloso ensayo de Jean-Luc Nancy sobre su propio trasplante cardíaco,reflexiona sobre la ajenidad de ese órgano extranjero que viene a vivir en él. Paradójicamente es ese intruso el que le permite a su cuerpo seguir latiendo y lidiar con esta difícil reconciliación. Cuando el aislamiento forzado nos vuelve temerosos y todos parecemos ser objeto de desconfianza, intento reflexionar desde los restos, fragmentos sensibles, donde la angustia de la imposibilidad de un retorno se abraza a la confianza en una nueva partida: el corazón de uno latiendo en la mano del otro.

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Sitios:

Pagina Web: www.ceciliamandrile.com

Centro de Investigaciones del Grabado- CFPR:https://cfpr.uwe.ac.uk

Enlace directo al video: http://archivummet.hu/files/video/transplant.mp4©Hungarian Electrographic Society – MET Gallery

Cecilia Mandrile en redes sociales:

Instagram: @cemandrile

  • Licenciado en Letras Modernas y periodista cultural. También incursionó en la docencia y la escritura de guiones documentales. Publicó el libro de cuentos El fin de la intimidad, y tiene otro más inédito, además de uno de perfiles en preparación.

Un comentario

  • Hermosa y lograda nota que nos exhibe a esta artista de nuestra Villa. Fue compartida por Piky en el grupo de cafeteras, la he disfrutado mucho, por su contenido y el afecto de la amiga que con su habitual afecto nos abraza virtualmente con bellas noticias. Éxitos Cecilía

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