De hierbas, magias y conjuros

Hierbas que curan, que arrullan y son colchones para el amor, hojas que dibujan seres imaginarios, oscuros y tal vez terroríficos, hierbas que sanan y convertidas en té ayudan a resistir mejor este estar en el mundo arrojados, frutos y flores que te llevan a viajar por lugares lejanos y soñados, yuyos e inciensos que conjuran el mal, hierbas medicinales, adivinatorias, reconstituyentes, amatorias, hechiceras, salvadoras, bienhechoras… todas en estos poemas de mujeres, inmensas poetas, cuatro de ellas, cordobesas, María teresa Andruetto, Edith Vera, Glauce Baldovin, Juliana Bonacci, que en tierras de llanura supieron distinguir esas hierbas poéticas y mágicas… Sumo también a Marosa, uruguaya, cercana, sensual, compartiendo su  lenguaje silvestre en “Papeles salvajes”.

IV

Mi madre mezclaba un limón tres varas de cinta siete dientes de ajo
con hierbabuena sal incienso y perejil
y pasaba la mezcla por siete piras de agua bendita
para llamar a la suerte y librarse del mal.

Nada sé de amuletos ni hechicerías
pero conozco a quienes siembran la miseria y la muerte
y sé que con ellos no habrá conciliación.

Glauce Baldovin (Poemas crueles)

2

Traemos una hoja parda, una hoja violeta, una hoja redonda, una hoja estriada.
Sobre la mesa, las violetas con su delicado tentáculo, su melenita azul. Ese perfume y ese color son del trasmundo, del submundo, de donde viene el Señor, el Negro, el mariposa de plata, de muchísimas alas, apoyándose en una, en otra. Todos quieren matarle, deshacerle, pero resulta imposible, porque es inmortal, y se desliza con un claro barullo; le siguen antiguos niños, papeles rotos y violencias.

Marosa Di Giorgio (Tratado del querubín de Mesa de esmeralda)

Dos

Busco plantas sagradas
en las que veo cada día.
Hojitas de albahaca
ramitas de helecho y
flores de hibisco.
Dejo que se sequen y tomo
solo una cucharada de cada una
para hacer una tinta con la que
escribo el poema que recorre
mis nervaduras y llega
al margen del sentido.

Juliana Bonacci (Herbario)

Tisanas

(Juro que las llaman
agüitas de remedio)

Menta,
anís,
marcela,
muña,
jengibre,
ruda,
estragón,
eneldo,
mejorana,
paico,
cedrón,
enebro,
manzanilla,
poleo,
peperina,
romero,
belladona,
yerbabuena,
ajenjo…

Ay cómo asfixia el agua las hierbas!

María Teresa Andruetto

Berros

Si te llevan hacia el arroyo
y te seducen sobre la hierba,
inventa una cama de berros
junto al agua fresca.

María Teresa Andruetto

 

¿Vamos a recoger hierbas por el mundo?
Haremos un herbario
con hojas y flores,
aún con aquellas que parecen
un murmullo apagado en la arena.
¡Qué bello será tener praderas,
pueblos, montañas, islas,
el silencio de una almendra caída
y el silbido de vientos lejanos
descansando en el cálido abrigo de la falda!

Edith Vera (Las dos naranjas)

 

Los poemas son de los libros:

Andruetto, María Teresa. Poesía Reunida. Ediciones En Danza. Buenos Aires. 2019
Baldovin, Glauce. Mi signo es de fuego. Poesía completa. Caballo Negro Ediciones. Córdoba. 2018
Bonacci, Juliana. Herbario. Editorial Zindo y Gafuri. Buenos Aires. 2015
Di Giorgio, Marosa. Los papeles salvajes. Adriana Hidalgo Editora. Buenos Aires. 2013

  • Silvia Giambroni es profesora de Lengua y Literatura, pedagoga, pero por sobre todas las cosas, lectora. Trabajó 32 años en la docencia. En Barbaria hace lo que más le gusta que es seleccionar poemas porque sí, con la intención de compartirlos, darlos a conocer, donarlos a quien quiera, para hacer de este mundo un lugar, aunque sea por un momento, más habitable.

2 comentarios

  • Marosa, con sus antiguos niños, Baldovin, con su necesaria crueldad, las hojitas y la tinta de Bonacci, el erotismo de una cama de berros, de Maria Teresa, el pradedario de Edith…¡Gracias Silvia por esta hermosísima selección, esta montonera de poemas, que tu amorosa mirada del poema amontona, y que desde hace un tiempo, esperamos con ansia en cada nueva entrega!

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