De intertextos, versiones y amores

Los poemas de esta selección vuelven a Edith Vera, son de poetas que la reconocen como huella, marca, origen  de su poesía. Edith sigue naciendo cuando es recordada, nombrada, referenciada.

En El libro de Edith, de reciente aparición, el poeta y ensayista Normand Argarate dice: “Al verla uno comprendía inmediatamente que estaba frente a un ser maravilloso, a una especie de viajero que regresa de tierras fantásticas y queda imantado por un delicado trance de quienes han visto más allá de la realidad”.

Puedo decir que estxs poetas sintieron esa atracción/admiración/amor que lxs atrajo fuertemente a la poesía y a la magia de Edith. Y entonces la leen, la conocen, la llevan a sus propios mundos poéticos, despliegan formas, temas, ideas de Edith que se entraman en sus poemas multiplicando sentidos y sentires.

El poema de Carina Sedevich remite al siguiente poema de El libro de las dos versiones de Edith:

Versión Primera

El cielo
deja caer la lluvia celeste.
Y yo, miro triste
cómo se moja mi sillita de madera bajo los árboles.

Versión Segunda

Un manto de hilos grises.
La tristeza del mundo, desmenuzada. Campo de lavandas, que se disuelve. Llueve y llueve.

Los poemas de Silvina Mercadal toman la forma de ese mismo libro,  recrean la imagen de Edith, directora del  jardín de infantes, y despliegan sus bellísimas versiones, entre areneros y árboles de manzanas azules.

Normand Argarate, después de escribir su magnífico y necesario  Libro de Edith, reversiona lúdicamente el poema de Las dos naranjas, Vamos a recoger hierbas por el mundo?

Gustavo Borga a través de sus poemas breves da cuenta de todo el amor y toda la dulzura hacia la gran Edith y también, de alguna manera, de la ironía y dolor que implica la soledad de la poeta en sus últimos días.

Sé que las explicaciones son innecesarias para los lectores de poesía, solo intento que además de disfrutar a estos grandes poetas que habitan o nacieron por estas tierras, ustedes, queridxs lectorexs, se sientan con deseos de conocer a nuestra gran poeta hechicera.

 

Llueve de nuevo.

Recuerdo a la poeta
Que hablaba de una silla
Mojándose en el patio.

Era su alma.

Carina Sedevich

***

Vayamos a recoger hierbas por el mundo,
a descifrar nubes y lenguajes secretos
a juntar peperina en las sierras
coleccionar flores en el azul
de Puerto Viejo a Cahuita
heliconias en Itacaré
o robar retoños de Ibirá Pitá
en los jardines de barrios residenciales.
Nuestra vida fue un herbario
cuyas hojas guardan con celo
el silencio de una almendra caída.

Normand Argarate

***

Edith era directora
de mi jardín. No la recuerdo
pero el árbol de manzanas
azules en el arenero, el zumbido
de topacio, se desprendían
de su camisola mágica.

***

En el arenero conocí
el corazón de las manzanas,
canté una canción roja, salvaje
otra azul, suave. Y ese día corrí
imantada a una boca, suave
y salvaje.

Silvina Mercadal

***

Edith escribe
poemas

un ángel los deja
sobre el techo
del geriátrico

de noche los niños
trepan a sus casas
miran en silencio
el único techo

iluminado

***

antes de morir
Edith dibujó
un pájaro
para el niño
que no parió nunca

Gustavo Borga

 

Los poemas y citas son de los siguientes libros:

El de Carina Sedevich es de su libro Cuadernos de Lolog editado por Postales japonesas en 2017.

Los de Gustavo Borga están en Para vos no, editado en 2010 por Llanto de mudo.

Los de Silvina Mercadal pertenecen al libro inédito El jardín de los astronautas.

El de Normand Argarate es inédito.

La cita pertenece a El libro de Edith de Normand Argarate, editado por Editorial Apócrifa en 2020.

Las ilustraciones son collages originales de Edith Vera para “Las dos naranjas”

 

  • Silvia Giambroni es profesora de Lengua y Literatura, pedagoga, pero por sobre todas las cosas, lectora. Trabajó 32 años en la docencia. En Barbaria hace lo que más le gusta que es seleccionar poemas porque sí, con la intención de compartirlos, darlos a conocer, donarlos a quien quiera, para hacer de este mundo un lugar, aunque sea por un momento, más habitable.

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