De manteles, pájaros y mariposas

Hoy elijo cuatro poemas donde hay manteles, pájaros, mariposas… Y en ellos la infancia cobija la ternura, la sorpresa, la alegría. Los manteles convocan la memoria y la nostalgia de quien ya no está y también son génesis del arte y operación mágica de una alquimia que da vida. Con ellos volvemos o vamos a la infancia, a esos momentos que se estampan en la memoria como puentes y nos conectan con la inocencia.
Creo encontrar en los poemas un parentesco, un vínculo, una complicidad afectiva. Vuelan pájaros, mariposas y palabras, vuela el deseo y el recuerdo. Los cuadros de los manteles, las tazas y platos decorados, hablan, generan sentidos y proponen una particular experiencia de lectura. Y especialmente son poemas que me gustan, que recorren una travesía de imágenes, de recuerdos, de instantes de belleza poética. Además encuentro en ellos esos hilos secretos que los unen y agrupan en este espacio amigable de Barbaria.

Mariposas

En el fondo de nuestros platos de avena
había, pintada, una mariposa azul
y todas las mañanas jugábamos a ver quién la alcanzaba primero.
Después la abuela decía: “No se coman a la pobre mariposa”.
Y eso nos hacía reír.
Lo decía siempre, y siempre nos hacía reír.
Era como una bromita tierna.
Yo estaba segura de que un buen día
la mariposa iba a salir volando del plato,
con la risita más diminuta del mundo,
y a posarse en el regazo de la abuela.

Katherine Mansfield (Versión de Sandra Toro)

***

Mi abuela estira el mantel de hule
con flores y pájaros
tomo yerbeado con pan y manteca
Guardo migas para el colibrí
atrapado debajo de la taza

Mariela Laudecina

***

Sorteando unos papeles
un vaso y los cuadros del mantel,
se eleva una palabra desde las mandarinas.
Paul Klee la toma,
le agrega unos pájaros
y la tierra y un mar hecho con cintas.
Y los pájaros ven el mar sobre sus cabezas,
y otros ven el cielo a sus pies.
La palabra no es pronunciada.
No tiene voz.
Aun no hay voz para describir tal maravilla.

Edith Vera

***

Flota un mantel en el aire
como flota el mar
y vuela el silencio.
Lo ponías cada noche y mediodía,
plástico para el almuerzo.
Económico y elegante,
fácil de lavar, ideal para mesas de madera,
plegable y puede cortarse del tamaño que se requiera.
Color alegre, con cuadrados celestes
flores gastadas en medio.
Tu mano pasando un trapo húmedo,
no hay más oro en el mundo
que el tiempo.
Un poco de aire da en los claveles
que veo por la ventana, moviéndose en silencio,
entonces parece ocurrir más lejos.
Inclinada sobre la mesa
pasabas el trapo después de almorzar,
antes de la siesta.
Heredé ese placer callado de la tarea cumplida,
a veces cuando acabo un libro,
y todos los días al limpiar mi mesa.
No hay más danza,
ni más órbitas,
ni remolinos de aire,
que esto que, ahora, mis hijos
calladamente aprenden.
Así como pasaba el tío a media mañana,
o el otro tío, después del almuerzo,
igual haría yo.
Pero, lejos,
sin viajar,
sólo por hacer una pasada,
en eso pienso.
.
Luis Pescetti

 

Referencias:

El poema de Mariela Laudecina está en su libro “Perfume de jarilla” que publicó la editorial Llanto de mudo en Córdoba en 2013.
El poema de Katherine Mansfield fue copiado del blog “El placard” que administra Sandra Toro.
El poema de Edith Vera está en la antología del libro de Marta Parodi “Con trébol en los ojos” que publicó la editorial Plus Ultra en 1996.
El poema de Luis Pescetti fue publicado por el autor en Facebook en julio de este año.

La pintura es de Samuel Halpert (1884-1930) El mantel rojo (1915)

  • Silvia Giambroni es profesora de Lengua y Literatura, pedagoga, pero por sobre todas las cosas, lectora. Trabajó 32 años en la docencia. En Barbaria hace lo que más le gusta que es seleccionar poemas porque sí, con la intención de compartirlos, darlos a conocer, donarlos a quien quiera, para hacer de este mundo un lugar, aunque sea por un momento, más habitable.

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