Dos sueños

hilo

Soñé y escuché que Jorge Semprún me decía que la memoria es el hilo de la identidad. Si él lo dice, pensé, rodeado de ese estado algodonoso que siempre me deparan cenas exageradas, debe ser así nomás. Después de lavarme los dientes y buscar arrancarme el sabor amargo de la hiperglucemia, frente al espejo me repetí algo que ya me había dicho alguna vez, hace no mucho tiempo: uno no elige su época, y toda época está sembrada de falsas identidades. No sé bien por qué lo dije, pero ahí fue cuando recordé el resto del sueño. Yo era un escritor fantasma; es decir, era un “negro”, uno de esos escritores que se ganan la vida escribiendo para que otros firmen las obras que ellos escriben, y que nunca saldrán a la luz pública con nombre y apellido propios (en un punto, mucho más respetables que aquellos otros que hacen de su nombre un monumento a la neurastenia y al mercado: J. D. Salinger o Thomas Pynchon). Por decirlo de algún modo, en mi sueño, además de mantener desanudadas unas gastadas All Star que pisaban una crujiente hojarasca gris perla agitada por un viento arisco casi antipático, yo tenía manos, que por supuesto desataban su baile maníaco todas las mañanas sobre el teclado de la computadora, pero no tenía rostro, ninguno, ni siquiera la faz o el perfil o la catadura borrosa y opaca de un espectro a la luz de un poniente. Por ende, mi problema, en el sueño, por supuesto, era delimitar con cierta claridad, no digo meridiana, pero al menos con la mínima claridad para que el texto adquiriese su estatuto de legible, la cuestión del punto de vista. ¿Cómo sostener un punto de vista, entonces, me debo haber dicho mientras soñaba, me dije frente al espejo del baño, si no se tiene cara y, de hecho, tampoco ojos con qué mirar? Tal vez esa era mi manera, mi inmóvil sublevación, mi ebrio don, mi modo personal de romper con las funciones (o las figuras) del autor y del narrador, siempre en tensión; o quizás la dádiva, el castigo auto impuesto a tanta lectura desbocada. Bueno, no importa demasiado, los sueños permiten lo imposible. Según parece, al menos eso me pareció mientras me terminaba de peinar el bigote, yo vivía aislado, retirado de casi todo aquello que no fuera el cultivo de las letras; pero claro, insisto, las cultivaba para que otros recogieran y luego se comieran sus frutos. Así las cosas, yo escribía encerrado en una habitación, con la única compañía de la frase de Semprún: “la memoria es el hilo de la identidad”. Entonces fue cuando me di cuenta de que era mentira, que yo no había soñado.  

cercanías

Una mañana soñó con el sha de Persia y se dio cuenta que en la adolescencia la literatura se había convertido en un consuelo para él, un consuelo o un quitapesares ardiente, para él y para el sha que había comenzado a tomar té hindú; y casi inmediatamente soñó o creyó soñar con que él mismo, que ya no era él, era algo neutro, y que por eso nunca más podría decir “yo” o, lo que es más o menos lo mismo, que se había quedado fuera de sí. Por eso, casi sin darse cuenta, como suele narrarse en estas circunstancias, un segundo después soñó otro sueño que no era, un sueño que era algo así como el velatorio de un sueño o un murmullo de silencio. (Algo delicado.) No obstante, pensó, ello no estropearía los otros sueños, no habría masacre alguna cuando por fin decidiera abrir uno de sus ojos.

                [Es sabido que soñar es la mejor forma de repetir una época. Una repetición primera. Cada vez que se inaugura un    sueñosucede un repetir perpetuo y al mismo tiempo inicial: el éxito -o el paradigma dulce- de la neurosis.]

  Después soñó con Marilyn Monroe, pero fue un sueño distinto pues carecía de matices y, lástima, era algo cercano al todo, como soñar con una estatua de sal que sudaba algo tibio.

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Autores

  • Psicoanalista y escritor. Ha publicado las novelas Elogio de la ceniza, El último safari, y Todos los nombres son su nombre; el libro de poemas Crónicas de los poetas desertados; el de cuentos Pagué y salí; los ensayos Locura y Horror, y Campos de locura, Campos de lectura.

  • Generador, productor y realizador de contenidos audiovisuales, ilustrador enmascarado.

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