El cigarrillo de Renzo

 

Renzo jugaba con su cigarrillo, haciéndolo rodar entre el pulgar y el índice, a la espera de un nuevo cliente a quien llenarle el tanque. Era una mañana fría de otoño con una fina capa de nubes grises que cubría el cielo. 

Renzo Milanesi había llegado desde Sorrento, Italia a los 16 años acompañado de su tío Emilio algunos años mayor. Su primer recuerdo de Buenos Aires fue la llegada al Puerto Nuevo, la torre aladrillada de los ingleses y el acero de la estación del tren del Pacífico.

Después todo se volvía borroso en sus recuerdos, hasta la semana siguiente que ya estaba afincado en una pensión del barrio de Once junto a su tío y varios hombres más que dormían en camas cuchetas en la misma habitación.

La vida había pasado rápido, casi sin pensar había llegado al banquito de madera donde jugaba con su cigarrillo. Un coche se acercó y le tocó bocina, Renzo se despabiló de su ensueño y puso la manguera en la boca del tanque de nafta. Aun medio dormido olía el combustible que se evaporaba mientras entraba en el orificio del auto, ese olor medio picante y embriagador fomentaba su estado de ausencia. Pitó fuerte el cigarrillo que colgaba de su boca.

Acto seguido y sin el más mínimo aviso, el aire que había alrededor de su cara se encendió y el fuego siguiendo el camino de la evaporación del combustible llegó a la manguera y al tanque del coche. Tanto el vehículo como Renzo estallaron por el aire, teniendo el mismo destino el surtidor de la foto. Minutos después sólo quedaban figuras carbonizadas.

Tres meses después salió el edicto Nº17.311 que prohíbe fumar en las estaciones de servicio.

Autor

  • Director y guionista de documentales. Graduado en la Universidad de Buenos Aires como Diseñador de Imagen y Sonido y cursó un postgrado en la Universidad de Barcelona como Guionista Cinematográfico. Últimamente está despuntando el vicio de la escritura en Barbaria.

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