Titila (Engañapichanga 8)

para Inés Garland

Hace unos días, en el patio de la casa de mi hermano, encontramos una culebrita sobre las baldosas grises. Era dorada, con reflejos plateados, brillante, metálica, muy chiquita, chiquitita, de unos diez centímetros, y se movía de costado como hacen ellas, también las peligrosas como el áspid en las arenas del Sahara o egipcias, el que mató a Cleopatra escondido en el cesto de frutas, la misma Cleopatra había pedido que lo pusieran ahí para que la matara, qué habría dentro, me pregunto, dátiles naranja oscuro, duraznos rojos, higos morados, uvas blancas… Mi viborita hacía eses perfectas, velocísima y asustada. Traté de que se subiera a una hoja de diario, para llevarla de vuelta al jardín, a su cucha, creo que son ciegas y viven bajo tierra, una pena porque son tan hermosas, sería bueno que resplandecieran en la luz, pero me costó hacerlo, porque se agitaba y escapaba, inmanejable. Finalmente lo conseguí, la llevé a un cantero grande, la solté. Tal vez la haya alejado de su familia, pero creo que ellas no viven en comunidad, se las arreglan solas, salvo cuando se desorientan y escapan hacia direcciones y lugares equivocados.

Leí que uno de los principios de los haiku es el Yami, el de la belleza será: es lo que titila, se asoma desde las penumbras y vuelve a perderse en la oscuridad.

 

Autores

  • Licenciado en Cine UNC, luego integrante del LTL. Vivió exiliado 10 años y a su regreso, en 1984, fue director de teatro de varios grupos reconocidos y docente en Cine y Teatro de la UNC, de donde se jubiló en 2017. Desde 2008 escribe novelas y relatos autobiográficos. Ya tiene 16 libros publicados, entre los que se destacan El chico y Perla, un retrato del vínculo con su madre.

  • Ilustrador, artista plástico, humorista. Publica y publicó en todos los medios que vale la pena. Hace buenos asados, vive con Marisa y tiene un perro que se llama Teo.

Un comentario

  • la belleza … solo en un instante

    y eso es lo que registra roberto.

    la epifanía de ese instante en que el brillo, titila y vuelve, presto, a la penunbra

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