{Entrevista} Mario Bellatin: “Cada lector debe inventar el libro que necesita”

Borde Perdido acaba de publicar Ojos flotantes, mojados, limpios de Mario Bellatin. El escritor mexicano se refiere a algunos aspectos de su obra y asegura que le interesa una escritura que incluya todas las demás manifestaciones del arte. A su vez, Sebastián Maturano, editor del sello, cuenta cómo afrontó el desafío de hacer las ilustraciones para el libro. 

Crédito Graciela Iturbide / Gentileza Mario Bellatin

Desde mediados de los años ochenta Mario Bellatin viene produciendo una obra multifacética y alejada de las formas más convencionales de la literatura latinoamericana. Basta citar unos pocos ejemplos de estas novelas que comienzan raras o se enrarecen paulatinamente y por diversas vías. En Salón de belleza un joven convierte su peluquería en un lugar donde asiste a enfermos terminales; en Perros héroes un hombre impedido de moverse adiestra a una manada de Pastores Belgas Malinois para que maten sólo con un mordisco en la yugular; en Poeta ciego un joven estudiante universitario funda una comunidad religiosa que escala progresivamente hacia la locura, mientras que en Damas chinas, sobre el marco general de un ginecólogo que va de visita a prostíbulos en sus tiempos libres, se desprenden varias historias a la manera de cajas chinas. Sin embargo, nos quedaríamos cortos si pretendiéramos describir su obra a través de la enumeración urgente de los argumentos, donde el autor, con una escritura neutra y despojada, también suele jugar con datos autobiográficos para enseguida desdibujarlos o dejarlos atrás. A ese exotismo contribuyen algunas de las fotos con que se lo conoce: la ausencia del brazo derecho lo llevó a utilizar durante años aparatos ortopédicos que solían culminar con un garfio amenazante en el extremo.  

La editorial cordobesa Borde Perdido acaba de publicar Ojos flotantes, mojados, limpios, un relato breve escrito en lo que el autor califica de “prosa cortada”. Comienza con un hombre conocido como el Poeta Ciego que acostado en su aposento recuerda o imagina una variedad de episodios que remiten a personajes de novelas anteriores, la historia progresa a través de ese ciclo de asociaciones con apariciones que surgen y enseguida se esfuman en la cabeza del protagonista.

A través de un intercambio por correo electrónico, el autor habla de sus novelas, de la literatura de nuestro continente, de su concepto de escritura y del proyecto de un libro que reúna todos sus libros. 

En este último libro, vuelves con algunos personajes de tu obra anterior, más que nada de Poeta Ciego y Perros héroes, algo que es uno de tus rasgos distintivos. 

Creo que es un mood que nunca se fue. Siempre estuvieron allí, todos y cada uno. Así como la mayoría de los ambientes, muchas veces disfrazados, transformados, con máscaras de diferentes formas, conformando una realidad regida por sus propias reglas que en verdad retrata de manera obvia lo cotidiano, aquello que nos sucede tanto de manera individual como colectiva, y que no queremos o no estamos en condiciones de apreciar. 

¿Por qué la decisión, a contrapelo de casi toda tu obra, de contar la historia en verso? 

Creo que no es en verso, mi intención más bien es la de una prosa cortada. Este texto está concebido y ejecutado originalmente de una manera que podría ser considerada opuesta a como es presentada. En un principio estaba escrito como bloque, muy cerrado, sin respetar incluso los bordes de las páginas, en mi vieja máquina de escribir portátil, la misma que utilizo desde los 10 años. Luego pasé lo escrito y lo digitalicé en la aplicación “Notas” del Iphone -cuyo uso siento guarda cierta relación con la escritura a máquina-, para trasladarlo finalmente a la pantalla de la Mac, donde hice los cortes de las frases, y eso dio como resultado una forma que puede asemejar a lo poético, pero un conocedor puede advertir que no lo es, al menos en el sentido tradicional. Siento que de ese modo, el lector no está condenado a la tiranía que se le impone a quien se enfrenta a la prosa, como por ejemplo leer desde el principio hasta el final e ir entendiendo a la perfección y sólo así pasar a lo siguiente. Me gustaría que alguien entre y salga del texto cuando lo desee y que tome alguna de las líneas narrativas el tiempo que lo desee. O puede ser, también, que este ejercicio de lectura lo utilice como pretexto para que cada quien invente el libro que necesita. 

Sebastián Maturano

Desde tus primeros libros, en los años ’80, es posible seguir la construcción de un mundo regido por sus propias leyes. Una de sus marcas puede ser el carácter modular con la la migración y la aparición de personajes de una novela a otra con atributos diferentes y en nuevas secuencias. De algún modo esto puede ser visto, e incluso así lo has señalado un par de veces, como una forma de rechazar los proyectos más convencionales de la literatura que se estaba haciendo en Latinoamérica. 

Creo que por fin lo que se conocía como “literatura latinoamericana” ha logrado hacerse universal. Pero me parece que ha sido triste la manera de lograrlo, pues la podemos hermanar, si alguien desea llamar a las cosas de cierta manera, a una extensa y universal escritura de la miseria. A las escrituras me parece que se le adelantó la arquitectura, cuando con espasmo empecé a mirar la correspondencia casi idéntica entre las comunidades de la periferia de las grandes ciudades de Medio Oriente, o de otras partes del mundo, con las de cualquier ciudad de nuestras regiones. La construcción hecha de cualquier manera, sin planos, con materiales antiecológicos y, sobre todo, con la presencia de esas varillas de metal sobresaliendo de los techos como símbolo de la esperanza de llegada de tiempos mejores, capaces de construir más pisos encima. Así veo muchas de las escrituras de estas regiones, las nuestras. Llenas de esos pequeños pilotes, como púas apuntando al cielo, colocadas allí con la esperanza de que quizá una de esas construcciones pueda llegar a convertirse en un rascacielos del primer mundo, un edificio a la medida del gusto ajeno, dejando de lado las formas propias de entender nuestro propio entorno.

Una cuestión distintiva en tu obra, incluso presente en algunos de los títulos, es la cuestión de la deformidad, el dolor, la muerte, entre otros tópicos. ¿De qué manera entra tu propia biografía en este aspecto, un aspecto con el que vos jugás en muchos de tus textos, aunque por momentos desdibujando los límites entre realidad y ficción? 

Me interesa lo desdibujado, lo trans, lo que busca escaparse a una definición. Lo no definitivo. Pueden ser esos elementos, más bien esas nociones o imágenes deformadas lo único autobiográfico que quizá, no estoy seguro de eso, esté presente en mis textos. Aunque la muerte reciente de mi madre significó la develación de muchas dudas, de la aclaración de frases dichas a medias en su momento, de verdades que no eran tales. De un infierno de medicamentos, juicios, estafas, habladurías, mentiras, acusaciones, automartirios. De haber sido, como familia, protagonistas de equivocaciones de la ciencia. Prejuicios de familia, sociales. Antes de nacer, o mejor dicho en el momento de mi nacimiento, ya formaba parte de un fenómeno internacionalizado. De un abuso legal posterior a escala mundial. Como he sido luego estacado decenas de veces por editores o agentes literarios. Quizá los sucesos que acompañaron mi nacimiento crearon en mí una mecánica determinada. Escritura, engaño, estafa, más escritura. No lo sé. Es verdad que no soy igual a la mayoría. Muchas veces he pensado que al resto de las personas les sobra un brazo. Ignoro para qué les sirve y si les llega a ser molesto excepto, por supuesto, algún pianista que aspire a algo más que el Concierto para la Mano Izquierda de Ravel.

Otro aspecto que me parece importante y que está mencionado con frecuencia en tus obras es el tema del sufismo y de cómo este acercamiento enriqueció tu obra. 

La parte activa de esa práctica mística fue una etapa importante, y llegó a mi vida en el momento preciso: cuando después de publicar Salón de Belleza pensé que no haría un libro más. El primer momento importante de escritura fue el descubrimiento de la máquina de escribir a la que hice referencia, luego el ingreso a la universidad a estudiar filosofía, después vivir en un país socialista como Cuba -donde la existencia del escritor está contemplada como parte de la sociedad-… Finalmente apareció el sufismo, el ala mística del Islam, donde la base del pensamiento es Que todo no es más que Todo, o Nada es más que Nada, la mejor escuela que un escritor puede encontrar. De allí la tendencia de convertirme en una suerte de escritor monje, no en el sentido del encierro, sino de que el único sendero por el que transcurre la vida es por el de la escritura, todo lo demás es deleznable y casi imposible de confiar.

Otro aspecto ya no de tu obra pero sí de tu actividad pública y docente es la creación de la Escuela Dinámica de Escritores, donde a los alumnos paradójicamente no se les enseñaba a escribir sino que se estimulaba que tuvieran contacto con otros lenguajes artísticos, como la danza y la fotografía. Algo que también se vincula con algo que vos has señalado en muchas ocasiones sobre la necesidad de salirte de lo específicamente literario para buscar recursos y formas en las demás artes. 

Me niego a separar a la escritura del arte. Me interesa la escritura como arte, una escritura que incluye per se todas las demás manifestaciones del arte. Como lector no quiero encontrarme con textos que no son más que sociología o antropología ilustrada. Y como considero a la escritura como parte de un Todo, las demás disciplinas tienen que formar parte de ella.

 Sebastián Maturano

En un par de ocasiones has declarado que una de las cosas que más te interesa es que el lector complete el sentido del texto una vez cerrado el libro. Sin embargo, tus novelas en general exigen un mayor compromiso del lector, en comparación con lo suele suceder con aquellas que están más bien dentro del realismo o de algún género. ¿Cómo pensás que se da esta experiencia en un contexto en donde los libros una vez publicados suelen estar acompañados de glosas, explicaciones, descripciones y un sistema de balizas que contribuyen a guiar sus lecturas? 

Pues me parece que cada quien hace con sus escrituras lo que puede. Algunos, como dices, las llenan de explicaciones, se disponen a pensar en lectores definidos. Incluso se da el caso, y eso es lo más curioso, que muchas de las obras publicadas tratan temas de autonomía o de otras maneras de entender el mundo, y tienen como vehículo de difusión grandes editoriales monopólicas, cuyas prácticas abiertamente neocapitalistas son una verdadera contradicción con los aparentes nuevos discursos, personales, irruptivos, que los autores parecen querer expresar.

En los últimos años has confesado estar trabajando en una obra que te gustaría que sea la definitiva.  

Estoy casi seguro de que nunca dejaré de escribir. No es algo que haya decidido hacer jamás de manera consciente, es por eso que no estoy en condiciones racionales para dejar de hacerlo. Mientras tanto, continuar escribiendo, pensando que es posible lograr alguna vez algo imposible, crear un libro que sean todos mis libros, es una buena manera, al menos eso siento, de esperar la llegada de la muerte.

 


 

Sebastián Maturano sobre las ilustraciones 

Ilustrar los textos de Mario Bellatin es una aventura que se hace en total tranquilidad y libertad, porque Mario es muy abierto con las imágenes. Es la segunda vez que ilustro un libro de él, y al igual que en el primer caso (que fue la novela La escuela del dolor humano de Sechuán) las imágenes surgieron de un contacto estrecho con la obra. Como sus textos son en cierta forma muy abiertos, en el sentido de que disparan muchas lecturas, mi método de trabajo no es tanto una ilustración literal, sino un dibujo que aparece a partir de una frase o del esquema de un personaje. Hay personajes que están presentes en distintos libros, como el Poeta Ciego, por ejemplo, que también aparece en Ojos flotantes, mojados, limpios, entonces lo que hago es tomar esa referencia como un elemento plástico que resuena de alguna manera que conecta con lo visual. De ahí empiezan a aparecer las imágenes. Es cierto que si bien hay una gran apertura en los textos, por lo general tienen una tonalidad que se podría nombrar como “oscura”, con lo cual eso facilita la construcción de los dibujos, ya que suelo dibujar monstruos y Bellatin, a mi parecer, tiene una cierta fascinación por lo monstruoso. 

 


 

Ojos flotantes, mojados, limpios 

Mario Bellatin
Borde Perdido
2020
44 páginas

Mario Bellatin nació en México en 1960. Vivió varios años en Perú, donde estudió Teología y Comunicación, luego se radicó en Cuba para tomar clases en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, y a principios de los noventa retornó a México, donde vive en la actualidad. Publicó su primera novela, Mujeres de sal, en 1986, y a esta le siguieron más de treinta, entres las cuales cabe citar Salón de belleza, Damas chinas, Flores, El jardín de la señora Murakami, El gran vidrio y Los fantasmas del masajista. Dos de sus últimas obras fueron Carta sobre los ciegos para uso de los que ven y El palacio. Fue traducido a más de 20 idiomas. 

 

Más en Barbaria:

  • Licenciado en Letras Modernas y periodista cultural. También incursionó en la docencia y la escritura de guiones documentales. Publicó el libro de cuentos El fin de la intimidad, y tiene otro más inédito, además de uno de perfiles en preparación.

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