Esa flor silvestre

Siempre que encuentro una florcita amarilla silvestre o cuando mi nieto me la regala como el mejor de los presentes, siento esa nostalgia de lo que nunca fue, que es el hecho de escribir… Y pienso, si yo fuera Claudia Masin o Mario Ortiz seguramente le daría un significado más trascendente a esta florcita amarilla, tan yuyito, tan solitaria, en medio del patio…

Mario Ortiz dice en uno de sus cuadernos de literatura: “En cierta época dejé de escribir, pero encontré un yuyo con flores en una esquina, lo observé con cuidado una y otra vez y recuperé el lenguaje.”

Con esa idea busco los poemas que entrelazo en mi memoria con florcitas silvestres, con plantas que triunfan por sobre muros y cemento. Tal vez solo yo veo ese vínculo, la florcita como milagro, como epifanía de que la esperanza es posible, como posibilidad de rebeldía, como metáfora. Tal vez esta relación es solo estela o huella que estos poemas dejaron en el camino de mi memoria, la construcción de sentido es subjetiva y las voces que un lector o lectora escucha, pueden ser no escuchadas por otrxs… solo puedo asegurar que son hermosos…

Flor en el cemento

También el tallo rompe el cemento
y crece en la calle o en una vereda
solo, con violencia, en la intemperie.
El cemento lo oprime, lo empuja
no lo quiere sobre su gris compacto.
Vos también pusiste en tu mochila
palabras y más palabras, un vientre
materno de palabras, que en las noches
rompen la cal seca de tus paredes
y crecen en torno a la ventana.

Juan Pablo Abraham

Abeja

La vida está en otra parte.
Arthur Rimbaud
La condición no se cura pero el miedo a la condición es curable.
Clarice Lispector

Como la abeja que llega al panal
y encuentra las funciones ya asignadas: la reina, los zánganos,
las ninfas, las obreras, viniste a cumplir tu tarea
y retirarte. Raro es decir que no, y más raro todavía escaparse.
¿Qué hay allá afuera para los renegados? ¿Soledad, incertidumbre,
miedo a haber quedado sin protección ni casa? Hoy vi una flor
idéntica a una estrella, estaba en medio de un terreno abandonado,
y como buena flor silvestre crecía exuberante,
desmadrada. ¿Qué hacía en medio de un baldío una flor
que imitaba a una estrella? Yo creo que era tan hermosa
porque no servía para nada. Es decir, no duraría más que un rato
viva si la arrancaran, no podría venderse ni comprarse,
no tenía ninguna función en el ecosistema,
ninguna criatura la extrañaría si faltase. Y sin embargo
cada tarde, cuando se iba la luz,
empezaba a recortarse en el pastizal.
Parecía que estaba sola y que brillaba con luz propia,
y si me dijeran que en ese momento del día el universo
giraba alrededor de ella, lo creería:
los que se apartan de la ley que los obliga
a estar mimetizados con su entorno, tienen un resplandor
intenso y breve. Ser raro es dejar de ser reconocido
por los del propio clan, y ya se sabe
qué pasa con el que no tiene la aprobación de su especie.
Da miedo renunciar a la esperanza
de la normalidad: soñar con que alguna vez aceptaremos
que se debe tomar lo que hay, atarse a eso
con desesperación, quedarse en la familia, la patria, el amor
el odio que nos dieron. Pero la vida que nos toca es ajena,
una bomba que llevamos encima y nos ha minado el cuerpo.
Estamos paralizados por el terror a que explote
cada vez que tratamos de renunciar a ella y encontrar en otra parte
una vida que se nos parezca.

Claudia Masin

Yuyos

No tengo paciencia con los invulnerables,
con aquellos que no han sido tocados por un temporal,
esos que nunca se han derrumbado.
Grandes puntadas, desgarros mal cosidos, nada muy lindo.
Entonces algo sale y reluce.

Andrea Dworkin

 Se está yendo la lluvia que duró tantos días,
miles de pequeñísimas formas de vida
asoman del barro alimentado por la humedad, raras
y débiles. Parecieran disculparse por ocupar un espacio
bajo el cielo, como si hasta ellas supieran
que la tierra pertenece a los que están sanos y enteros.
Pienso en la distinción entre la hierba buena,
la que va a ser fecundada por la semilla llevada por el aire,
y el yuyo inútil que debe ser quitado de raíz
porque contamina el suelo con su estarse ahí, tendido al sol.
ocioso y lánguido. Incluso entre las flores, se dice
que algunas están hechas para ser admiradas y las otras
-silvestres, demasiado sencillas-
mueren tan rápidamente cuando son arrancadas
que su belleza, por breve y humilde, no vale la pena.
Hay quienes separan a los animales
en amigables y enemigos, entre los mansos
que se pueden llevar a casa y atar con una cuerda,
y los que hay que salir a buscar a sus guaridas
para matarlos antes de que ataquen.
Entre los seres humanos también sucede:
los blancos, poderosos, prolijos y fértiles cuerpos
que van a morir, apartan a la fuerza
a los demás cuerpos que también van a morir: los sucios,
los pobres, los raídos, los que no tienen nada,
los que son raros o están lastimados,
salpicados por el dolor
como por una fea marca de nacimiento.
A la hora de la verdad nadie sale intacto, ni uno solo
se libra del contagio. Lo que fue separado
finalmente se reúne: el empuje de la vida
y de la muerte es implacable, una avalancha
que devora sin hacer diferencias
a los que están arraigados como árboles viejos
y a los que fueron privados de toda ligazón con el mundo,
Igual de desatendidos que las flores del aire.

Claudia Masin

Con raíces

Con raíces y todo
volveremos a pasear
por este bosque
¿qué estrella
puede cortar
tu esperanza
de alcanzar
la flor?

Con raíces
y todo
volveremos
nos llamaremos
veremos
en el muro
agrietado
la flor que buscamos.

Edgar Bayley

Los poemas y citas son de los siguientes libros

Ortiz Mario. Cuadernos de Lengua y Literatura. Volumen VIII. Eterna Cadencia Editora. Buenos Aires (2014)
Abrahan Juan Pablo. La soledad del pan. Borde perdido editora. Córdoba (2019)
Masin Claudia. La cura. Hilos editora. Buenos Aires (2015)
Bayley Edgar. Todo el viento del mundo. Antología poética. Colihue. Buenos Aires (2015)

  • Silvia Giambroni es profesora de Lengua y Literatura, pedagoga, pero por sobre todas las cosas, lectora. Trabajó 32 años en la docencia. En Barbaria hace lo que más le gusta que es seleccionar poemas porque sí, con la intención de compartirlos, darlos a conocer, donarlos a quien quiera, para hacer de este mundo un lugar, aunque sea por un momento, más habitable.

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