Felicitudes (Engañapichanga 3)

 

Para la Vivi

 

… hay momentos así, hay que saber encontrarlos o reconocerlos o ayudarlos un poco, darles un empujoncito, se me confunden las epifanías con las felicidades, momentos que parecen no valer nada hasta que sentís un desacomodo dentro, una languidez, un desvanecimiento súbito… por ejemplo hoy, y muchas veces, cuando me despierto y hago un movimiento brusco que despierta a mi gatita, Piru, que tambaleante se acerca desde la zona de los pies o de entre mis piernas, donde duerme, me mira gentil y no tan exigente como es en general y me espera quieta, me da tiempo a los preparativos del ritual, cuando yo me envuelvo el brazo, debajo del brazo, digamos axila/sobaco, ¡me atreví!, con una remera gruesa para que sus uñas no me lastimen y ella hunde la cabeza ahí, en el hueco, es eso de las feromonas, de los olores, de la supervivencia de la especie, de las especies mezcladas en este caso, ja, y mordisquea la tela, la chupetea, y con las patas delanteras comienza a empujar, las uñas muy abiertas en un ritmo primero suave pero que se va acelerando y haciendo cada vez más fuerte mientras empieza su ronroneo, el único momento en que lo siento, porque ella no ronronea nunca, pero nunca, la muy maldita, y entonces cuando lo hace es un regalo magnífico, que desencadena que le sobe el lomo y me llene de amor, y más todavía cuando en medio de todo ese trajín se adormenta, no sé si existe esa palabra en español, será se adormece, porque va perdiendo el ritmo, se hace cada vez más espaciado y leve, y también el ronroneo se apaga y finalmente queda inmóvil Piru, entregada, segura entre mis brazos… ¿hay acaso cosa mejor, cosa mais maior de grande?… sentir que alguien no te tiene miedo y te confía la vida, a vos, a uno… con mi amor siento lo mismo, pero no sé, no sé si seguir, porque ya me parece sentir que me dirán que deje de escribir sobre animales o amores raros, que mi primer libro se llamó Animales y que ya basta, que esto huele a déja vu, mejor dicho a repetición compulsiva, que ya dije lo que hay que decir, pero es que yo creo que lo que se dice es lo mismo siempre, hable de lo que se hable… de pie o cabeza abajo voy a seguir en mi tesitura, no voy a cejar… ah las epifanías suceden también de un modo casi ridículo, por ejemplo cuando le cuento a una amiga de aquí que estoy escribiendo de nuevo y me dejo fluir, que quiero escribir como hablo y de lo que se me canta, sin tapujos, de lo que viene, lo que se me pasa por la cabeza casi, casi porque no todo es escribible, y ella me dice que sí, que leyó el primer capítulo, el por ahora llamado Doctora, que tiene humor, es humoroso ese divagar por los recovecosun texto desorientado pero que no se pierde, y que además yo tengo una fuerte vocación por inmolarme, por la inmolación… inmolarme, qué linda palabra, eso me epifanía, me epifanió, si existiera el verbo… y cuando chateamos con mi amiga italiana, le digo lo mismo que a la cordobesa y ella… bueno, no es lo mismo, es que primero le escribo en fonética papal, como habla el papa Francisco, que es como hablaba yo viviendo allá, Francigco con las eses aspiradas a la argentina, con las b largas labiales en vez de la v corta, la mala pronunciación de la z y doble z, y le escribo: Bibi –se llama Viviana–, egpero as pregato –rezado– hoy, diborsiata! –sería divorziata–, y ella me contesta: No, pregato no, ho bevuto il thé, che mi piace molto il thé –No, rezado no, he bebido té, es que me gusta mucho el té, the gusta le escribo yo, y ella: Ho visto la tua nuova novella! –¡Vi tu nueva novela!– , y yo: Es leve pero se irá complicando, es solo el primer capithelo, y ella: Mi piace che stai scrivendo, ti immagino sudare e pestare sui tasti –Me gusta que estés escribiendo, te veo sudando y golpeando las teclas–, y yo: Yo no sudo, ji ji, y ella: Sí, sí, claro, non sudi!!! y yo: Me viene de mandarte capítulo por capítulo, para que puedas hincar el diente, ¡maledetta! y ella: Tú manda pero no tengas prisa… y yo: ¿Viste que ya empezás a castigarme?, y ella: Diagnosi: mania di persecuzione!, y yo: Voy a poner este diálogo… verás… bedrai… y ella: No che non mi sono pettinata! –¡No que no me peiné!–, y yo: Frívola, y ella: Llegó mi novio, y yo: Besos… a él… y ella: Maldido!!! –por maldito– y yo: Madido… madido en italiano significa todo sudado, empapado en sudor… ahí se cierra el círculo acuático, empezamos a escribir jajajaja y ella hahahaha y nos despedimos, degpedimos… epifánicos… podría seguir pero corro el peligro de que esto me gugte solo a mí… pero qué le vamos a hacer, es cierto que a veces la felicidad está encerrada en una pavada, un dialoguito, una broma, o en una copa de vino, un beso, entrar al agua del mar en medio del calor, una empanada de camarón o una empanada simple.

 

Autores

  • Licenciado en Cine UNC, luego integrante del LTL. Vivió exiliado 10 años y a su regreso, en 1984, fue director de teatro de varios grupos reconocidos y docente en Cine y Teatro de la UNC, de donde se jubiló en 2017. Desde 2008 escribe novelas y relatos autobiográficos. Ya tiene 16 libros publicados, entre los que se destacan El chico y Perla, un retrato del vínculo con su madre.

  • Ilustrador, artista plástico, humorista. Publica y publicó en todos los medios que vale la pena. Hace buenos asados, vive con Marisa y tiene un perro que se llama Teo.

Un comentario

  • Es cierto, lo de la felicidad encerrada en lo pequeño. Me gustó mucho eso.
    Pero para estas latitudes, una empanada de camarón es como un gran hallazgo nada simple. Jijjihahah!

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