Fifteen forever (sobre la película Blue Jay)

Una historia de amor sencilla y memorable narra la ópera prima del director Alexandre Lehmann, film producido por los hermanos Duplass, con guion y protagónico del menor de ellos y que sin dudas integra el optimista diez por ciento de producciones de valor que puede hallarse en Netflix del que Lucrecia Martel habló en esta entrevista.

Estrenada en el Festival de Toronto en 2016, Blue Jay participa del denominado mumblecore, literalmente “corazón del susurro”, género del cine independiente cuyo origen debe rastrearse a inicios de este siglo, y que contrarresta la escasez de presupuesto con un énfasis especial en el peso dramático de los diálogos. Cercana en su temática a Antes del amanecer de Richard Linklater, muestra el reencuentro de un par de exnovios dos décadas después, cuando ellos comienzan a transitar sus cuarentas.

Jim (Mark Duplass) y Amanda (Sarah Paulson) se cruzan en un supermercado del pueblo en el que crecieron, donde él se anima a invitarla a tomar un café. Una pequeña localidad californiana que es todo apacibilidad y nostalgia: altos pinares en blanco y negro, un lago invernal entre montañas. Un entorno idílico para emprender el viaje de regreso al primer amor.

Un anciano vendedor de un local de bebidas, antiguo testigo del romance —tercer personaje y único actor aparte de los protagonistas—, reconoce a los “novios” como tales, como dando por hecho que el magnetismo de esta pareja no pudo tener otro destino que el de la trascendencia.

Dos acontecimientos significativos determinan las existencias de Amanda y Jim en el presente, convocándolos de vuelta a las locaciones del viejo idilio. Ella está visitando a una hermana que acaba de tener un bebé. Él ha regresado con la misión de limpiar la casa de su madre recién muerta. Precisamente esa casa se revelará como una suerte de museo vintage, en el que cada detalle convoca un recuerdo no desprovisto de emoción ni de reacciones espontáneas: las fotos de entonces, las voces de los dos grabadas en viejos casetes, los patéticos pasos de rap con gorrito de lana incluido. “¿Querés divertirte esta noche?”, le pregunta Jim a su amor antes de jugar a la cena matrimonial cotidiana, momento de intimidad donde se nos permite congraciarnos con las peculiaridades de dos que vuelven a gozar el encanto de una juventud anclada en los años 1990.

Pero como suele ocurrir, al reencuentro lo atraviesa una insatisfacción, el mutuo pudor de no haberse convertido en las personas que cada uno sabe que el otro soñaba ser. También el miedo ante lo que sospechan que deberán enfrentar en un futuro cercano.Toda melancolía es atenuada por el bálsamo de la risa y una alegre ternura. Boca arriba en la caja de una vieja camioneta, uniendo las estrellas de un cielo del oeste, es posible trazar un mapa de tristezas por lo que no fue.

La pregunta que se nos impone, y cuya respuesta sabremos al final, es la siguiente: ¿qué clase de big bang endemoniado pudo quebrar la perfección de aquel amor? Acierta la película en la elección del hit interpretado por Annie Lennox para el clímax, resumen de todo ese pasado y que a la vez predice lo que vendrá, dejando atrás la comedia romántica para dar paso a la tragedia, al rezar como un coro griego: «Ningún “te amo” más/el lenguaje me abandona/ Ningún “te amo” más/ el lenguaje me deja en silencio/Ningún “te amo” más/los cambios se están produciendo fuera de las palabras».

Abrazar un instante de felicidad, dar rienda suelta a la chance de permitirse la franqueza y la empatía como adultos, asumiendo de una vez que la separación marcó la distancia requerida para que una historia pueda ser eterna. Con apenas un puñado de recursos cinematográficos, el film consigue desmarcarse de estereotipos para convertirse en un clásico inmediato sin otro apoyo que el de sus parlamentos, la humanidad de sus personajes y la adorable interpretación de Sarah Paulson.

Blue Jay es el nombre del café del comienzo, el de un trago espirituoso y el de un ave que luce en su plumaje el dulce color de la saudade: rituales del lenguaje del amor, que abandona a Amanda y Jim hasta dejarlos en silencio. Agradecidos asistimos a un desenlace que es a la vez conmovedora catarsis, el alivio que sigue a la evidencia de que ya no queda nada por decir.

 

  • Licenciada en Letras Modernas egresada de la UNC y Especialista en Producción de Textos Críticos y de Difusión Mediática de las Artes de la UNA. Trabaja desde hace más de 20 años en áreas de museo y comunicación. Su interés gira en torno a los diferentes lenguajes del arte.

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