[Lovecraft Country] Collage pop

Seguramente la versión más conocida de Black Magic Woman, el tema que Peter Green grabó con Fleetwood Mac, sea la de Santana. El guitarrista de origen mexicano tomó la canción original y la mezcló con los ritmos y melodías de Gipsy Queen de Gabor Szabo. Esa mezcla entre blues de Chicago, melodías húngaras y ritmos latinos le dio un sabor único que la hizo mundialmente famosa. 

Ese uso del collage musical tuvo su momento a finales de los años 90, bien adentro en la época de los remixes (la reedición de una canción realizada por un productor para hacerla más bailable o más experimental), encontró en los mashup una nueva forma de expresión. El mashup operaba directamente sobre dos o más canciones, en algunos casos disímiles, que eran mezcladas al mismo tempo, primero fue impulsado por el Hip-Hop y la música electrónica hasta llegar a convertirse en un género propio, también llamado Bastard Pop

Esa cultura del reciclado, de la reutilización de lo descartado por el tiempo y las modas, y el collage de esos recortes, ha ido generando un estilo en la construcción de nuevos discursos literarios y especialmente en las series. Podemos hablar de la primera temporada de Westworld como un Jurassic Park en el far west con toques de Terminator, o de The umbrella academy como los Excéntricos Tenembaum de Wes Anderson cruzada con Marvel. Lo importante, más allá de discutir la originalidad o no de este “copiar y pegar”, es el sabor que nos dejan, así como en la cocina se combinan sabores disímiles para generar uno nuevo.

Lovecraft Country se plantea como una acumulación de referencias de la literatura pulp norteamericana en el estilo de Weird Tales, revista donde publicaban H. P. Lovecraft, Robert Bloch y Clark Ashton Smith, padres del terror y la fantasía modernos. La serie plantea una mezcla de relatos de ficción, terror y primitiva ciencia ficción, que décadas más tarde serían versionadas cinematográficamente en las películas de clase B de las décadas de los 50, los 60 y los 70, muchas de ellas producidas por el prolífico Roger Corman. La mayoría de estas historias se han visto en la pantalla grande y chica infinidad de veces, cada una marcada por el espíritu de su tiempo.

La serie logra recopilar estos sabores, mezclarlos y servirlos en cada episodio como un nuevo plato, distinto al anterior. De esta manera se permite contar distintas historias: una de fantasmas, una de ciencia ficción, una de demonios coreanos, otra de viajes en el tiempo, etc., siempre dentro de un relato macro bien lovecraftiano.

Y como el mashup debe sonar actual, todo se narra desde la perspectiva de una familia de afrodescendientes de Chicago a finales de los años 50 donde no faltan mujeres buscando empoderarse, gays y lesbianas saliendo del closet y el surgimiento de la pequeña burguesía negra que buscaba ampliar sus reducidos derechos sociales. Toda una gran metáfora de la actualidad y de paso, un poco de revisionismo histórico. Por segundo año consecutivo se habla del genocidio de Tulsa, tema que fue silenciado por casi 100 años, escenario donde la multipremiada Watchmen emplaza el origen de su  historia.

En 1921 el barrio negro más próspero de Tulsa, conocido como la “Wall Street negra”, fue borrado del mapa con fuego y balas por blancos enardecidos por la riqueza de esta pequeña burguesía afrodescendiente. 10.000 desplazados y se calcula que más de 300 muertos.

Este mecanismo llega a su esplendor cuando, al reescribir pequeñas historias, cruzar relatos y mashupear permite iluminar ciertos pasajes de la Historia al recuperar las páginas arrancadas por el poder dominante y el olvido. Es ahí donde Lovecraft Country se propone un paseo tenebroso por los años 50, donde los monstruos son blancos y los héroes deben ser negros.

Tal vez el verdadero terror sea descorrer el velo que tanto tiempo ocultó a la verdadera historia.

  • Director y guionista de documentales. Graduado en la Universidad de Buenos Aires como Diseñador de Imagen y Sonido y cursó un postgrado en la Universidad de Barcelona como Guionista Cinematográfico. Últimamente está despuntando el vicio de la escritura en Barbaria.

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