Nazarenos

frío

Dicen, yo no me acuerdo, que fui un niño precoz.

Dicen que cuando apenas contaba con seis o siete años sostuve una noche de Navidad mi primera elucidación: “Agatha Christie es una escritora de poca monta”. Hace unos días me enteré que John Maxwell Coetzee piensa lo mismo; claro que en su caso no sé a qué edad se dio cuenta. De todos modos, la coincidencia no es extraña, pues como lo elucidé, y declaré otra Navidad, la de mis diez años: “Somos cómo títeres o garabatos que domina una mano múltiple que nos es ajena”.

Dicen, de eso sí me acuerdo, que la mañana en que desperté sorprendido (aunque no tanto) por mi primera polución nocturna elucidé en voz alta lo siguiente: “Nacemos sin quererlo”.

Dicen que me enamoré de una mujer mayor, que no era mi profesora de Geografía (de esto estoy seguro), que por esas cosas de la vida había quedado atrapada para siempre en un se mira y no se toca; y sólo atiné a decirle, dicen, “no se puede sino mirar”.

Dicen que comencé a viajar demasiado tarde, a los treinta años. Se equivocan: “La mugre en mis sandalias habla a las claras de travesías subterráneas”, fue el primer verso de mi primer poema.

Dicen que de lozano adolescente yo tenía la piel más clara, y que tenía el pelo ensortijado, y que mis piernas eran rectas y tensas; y también que mis labios aprendieron a besar allí donde, aún hoy, nadie se anima a despertar sabores. Y todo porque un día se me escuchó aludir a las cosas por su nombre: “Se nos impone un amor, que siempre estalla donde de nada sirven las Revoluciones”.

Dicen que me quedé mirando lo que Ella miraba… antes de que se fuera, también para siempre, y sólo dije, dicen: “Abrigá a los niños, que hoy va a estar frío”.

 

calor

Tácito, Suetonio y Plinio el Joven, además del judío Flavio Josefo, son los únicos no cristianos que se ocuparon de Jesús el Nazareno. Por ende, sus testimonios son creíbles. Pero lo que ninguno de los cuatro se animó a decir es que Judas (hijo de Simón Ish Queriyot), natural de Queriot, más que un traidor era un revolucionario decepcionado de su líder. En verdad Judas fue realmente el buen samaritano, el único que se mantuvo fiel a la revuelta samaritana contra Roma. Así las cosas, la guerra popular quedó para otros tiempos.

En algunos lugares, donde la estrella todavía es tierna espera, casi sin querer se habla mal de Judas, el suicida.

Suele suceder que la gente busca localizar las manchas: volverlas piedras.

Nada mejor que un héroe muerto al nacer para desmerecer las utopías, me dijo Ella, anoche cuando el calor cedía, mientras los artificios se volvían humo y olor.

Más cuentos en Barbaria

  • Psicoanalista y escritor. Ha publicado las novelas Elogio de la ceniza, El último safari, y Todos los nombres son su nombre; el libro de poemas Crónicas de los poetas desertados; el de cuentos Pagué y salí; los ensayos Locura y Horror, y Campos de locura, Campos de lectura.

  • Ilustrador, artista plástico, humorista. Publica y publicó en todos los medios que vale la pena. Hace buenos asados, vive con Marisa y tiene un perro que se llama Teo.

Un comentario

  • Excelentes las cuentos Raul. Da gusto leer cosas bellas en una noche de verano, con una suve brisa que aligera lo que queda del dia, entre otras cosas, el calor.
    Una genialidad las ilustraciones y un genio quien las nació

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