No culpes a la grulla – Sobre Cobra Kai

¿Qué pasó con los malos de la película?, ¿qué hicieron con su vida los matones de la escuela? El éxito, dicen ciertos libros de autoayuda, es una forma de la venganza. En tiempos neoliberales (asesorados por la autoayuda) todos parecen estar deseando vengarse exitosamente de alguien. Los recientes episodios de Cobra Kai muestran que la figura del -mal- ganador puede convertirse en la peligrosa versión “adulta” y competitiva del pendenciero escolar. 

El cine y las series comparten sus conquistas. Hace casi diez años Bates Motel se presentaba como la precuela de Psicosis, una de las películas más difundidas de Alfred Hitchcock. Brigada A, en cambio, llevó en 2010 a la pantalla grande las magníficas historias de la serie de los ochenta. Hay más ejemplos, de todos los colores, pero nada garantiza que en una mudanza no se pierdan objetos de gran valor sentimental.

Cobra Kai amplió el campo de batalla de Karate Kid, la trilogía cinematográfica estrenada en 1984. John G. Avildsen había ganado un Oscar por la dirección de Rocky (1976) antes de registrar la llegada del chico karateca a Los Ángeles. Pero lo que a Rocky Balboa (Sylvester Stallone) le llevó años en el boxeo, a Daniel LaRusso (Ralph Macchio) le llevó meses en las artes marciales: ganar un título. Ambos provienen de familias italoestadounidenses, no les sobra el dinero, y encontraron en el deporte un camino. Para ambos la palabra del entrenador es también la sabia palabra del maestro: Mickey, para Rocky; Miyagi, para Daniel. Avildsen, fallecido en 2017, no pudo ver la presentación de Cobra Kai, en 2018. Quizá le hubiera agradado la idea de que Rocky fuera un pariente de la familia LaRusso.

The Karate Kid (1984)

Pasaron más de treinta años de la gran final, de la mítica patada de la grulla, de la popularidad ganada con piñas y bromas pesadas. Y pasadas. Ya nada es como era antes en la rutina del malo de la película: Johnny Lawrence (William Zabka). Uno de los aciertos de la serie es dar visibilidad a los otros, a los que no ganaron, aunque se vieran como ganadores. Todo viró. Daniel ya no es el sufrido adolescente que vive en un departamento alquilado. Ahora es el adinerado señor LaRusso, empresario y padre triunfador. Lo que pasó aquella noche los cambió para siempre. Cobra Kai trata sobre esa transformación, y si bien su espíritu es retro (el imaginario oficialista), no deja de lanzar preguntas al presente.

El pasado, en las tres temporadas emitidas, surge como un golpe en la oscuridad. Para retratar la continuación de la historia la serie emplea recursos del melodrama televisivo. En sus mejores momentos los personajes logran vencer al guion circular y las escenas de pelea dirigidas con desgano. La incorporación de distintos puntos de vista, en este sentido, actualiza la pregunta: ¿qué es un ganador?, que las cintas de los ochenta instalaron en las videocaseteras.

Cobra Kai – afiche oficial de la tercera temporada

La -hasta el momento- última temporada dejó la puerta del dojo abierta. El éxito de su ex compañero le recuerda a Johnny la derrota de su vida. El buenudo de Daniel, por su parte, no encuentra en sus negocios lo que encontraba en las tardes de entrenamiento con el señor Miyagi. En el medio de las históricas colchonetas están sus hijos (y los amigos de sus hijos), dando sus propios golpes. Y no siempre en los torneos se reciben los peores. De lo que se trata aquí es de levantarse, más allá de la victoria o la derrota. En Cobra Kai, un padre que da consejos más que un padre es un sensei

  • Licenciado en psicología, Ha dictado cursos y escribe para diferentes medios de comunicación sobre libros, series y cine.

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