[On the rocks] Una mujer bajo la influencia

Mientras veía On the rocks, la última película de Sofia Coppola, no podía dejar de pensar en John Cassavettes y su obra A woman under the influence. Los dos films se me presentaban como un juego de espejos con similitudes y diferencias.  

A women under the influence de John Cassavettes

No tanto porque las similitudes abunden sino por los contrastes y compromisos al definir una temática principal: una mujer atrapada en una sociedad, familia y relación que no le permiten ser ella misma.

Las diferencias son más claras, pero se construyen a través de ese tronco principal. Una película es inolvidable, con una profundidad actoral, política, cultural; la otra es una suerte de comedia romántica un poco a destiempo del espíritu de época.

Sofia Coppola define a una mujer de una clase acomodada de Nueva York, donde todo parece fácil, color de rosa, hasta que una duda sobre la infidelidad de su marido hace tambalear todo su mundo. Casavettes por su lado, describe a una mujer de clase trabajadora, que está todo el tiempo intentando mantener a flote a su familia, atrapada en un mundo de total exigencia que no le permite un mínimo resquicio para expresar su propia identidad.

Nuestra madre, profesional, escritora, con padre y madre millonarios, nada en la superficialidad de buscarse a sí misma como excusa para escribir un libro y lidiar con una familia heteronormativa. Su miedo a la infidelidad no pasa por si tiene una buena conexión con su marido, o por si se entienden o vibran en la misma frecuencia, es sólo un hecho posesivo en una relación ausente. Esto que podría relatarse como una crítica se parece más a una identificación. Esa necesidad de sentirse poseída, primero por su padre y luego por su marido, como parte de una normalidad que cada vez nos parece más lejana en la vida real pero no así en la película.

En este mundo pandémico es una historia que suena lejana de la realidad, debido a que los padres están enchufados al teletrabajo mientras hacen malabares para cuidar a sus hijos, o están marcados por la falta misma de posibilidades laborales, lidiando con el cambio abrupto de perspectivas de vida. No podemos analizar todo desde la pandemia, sería muy injusto, pero nos permite una perspectiva distinta como las distintas temáticas que están instaladas en esta época.

Lo mismo sucede con el tema racial en Estados Unidos y el tratamiento que le da la película. Nos muestra esa pareja tan políticamente correcta compuesta por un afrodescendiente y una chica blanca yanqui, que termina resultando tan obvia en su devenir. Aparece ese pensamiento del establishment norteamericano que siempre ve el problema en el racismo cuando no es más que una anteojera política, porque el problema de fondo siempre es el clasismo (y el patriarcado).

La directora parece proponer una película clasista, heteronormativa, carente de total crítica social y pareciera escrita por una persona con un tremendo complejo de Electra con su padre. Esto último, bastante comprensible.

Rashida Jones y Bill Murray

Por suerte siempre aparece Bill Murray al rescate (excepto en la última de Jarmush, donde toda su simpatía no puede evitar ese esperpento de película). Es increíble la fotogenia del tipo. Un primer plano de él vale por todos los de Rashida Jones (otra que trae su Electra con Quincy). Es portador de ese increíble rostro lunar, cavado en cráteres, arrugas y cicatrices del pasado, con esa increíble fuerza expresiva. Cuánto nos perdimos de él al verlo en VHS en los 80s y 90s, ya que su cara necesita un registro fílmico o Full HD para poder apreciarlo en su completitud. Con media sonrisa, una monigotada, o una mirada nos hace cómplices a todos de su trama.

Hollywood tiene su glamour, pero no todas las películas lo necesitan, y esto quizás se deba a que las comedias románticas neoyorkinas profundizadas (¿inventadas?) por Woody Allen en los 70s deberían intentar contar un poco más la periferia de la ciudad y las vidas de sus habitantes. 

Hay una segunda película que me recordó On the rocks y fue justamente Historias de Nueva York (1989), compuesta de tres episodios: uno dirigido por Scorssese, otro por Woody Allen y el último por propio Francis Ford. Este último narraba la historia de una niña apática que intentaba lidiar con la separación de sus padres, artistas y millonarios. Curiosamente fue co-escrito por padre e hija. Parece que la niña creció pero la historia sigue siendo la misma.

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  • Director y guionista de documentales. Graduado en la Universidad de Buenos Aires como Diseñador de Imagen y Sonido y cursó un postgrado en la Universidad de Barcelona como Guionista Cinematográfico. Últimamente está despuntando el vicio de la escritura en Barbaria.

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