Otoño en París – Pino Solanas

Sólo conozco a Pino de haber arreglado algunas notas periodísticas: “¿Hola Pino?”, “Sí, muchacho, ¿quién habla?” “Es por la nota que arreglamos para el programa (aquí entra el nombre del programa). ¿Está listo, Senador (me gustaba darle ese trato, y a él también)?” Pino, fastidiado, respondía: “Sí, mire, estoy esperando hace como diez minutos”. “Disculpe Pino, ¿lo sacamos al aire ahora, si? Va a hablar con (y aquí entra el nombre del conductor de turno)”. Y Pino salía al aire y te laburaba la nota, opinaba, se prendía con los temas. Si el conductor mostraba ser inteligente con sus preguntas, Pino respondía siendo generoso, se reía, se enojaba, no le escapaba a ningún tema. 

Ese es un recuerdo. Y los otros pertenecen al Pino Solanas director de cine. Pino es, tal vez, dos directores, o tres. Uno el de Cine Liberación, el de La Hora de los Hornos, codirigida con Octavio Gettino, el cine urgente, comprometido pero también creativo de los años 70. Otro, el del cine de la vuelta de la democracia, el de El exilio de Gardel, el de Sur.  Con esas dos películas Pino se cansó de ganar premios en Argentina, en latinoamérica y en el mundo. Ganó en Venecia, ganó en Cannes, y consagró a unos cuantos en el camino: todos tenían sus méritos que venían de antes, pero en esas dos peliculas Pino resignificó a Fito Páez y a Goyeneche, internacionalizó al Chango Monti, encaminó actrices y actores, marcó la cancha en un montón de cosas. Y además no le tuvo miedo a la desmesura, al intento poético, a la lluvia, el humo y los efectos especiales.

Si vas a hacer cine, que se note. Y Pino hizo ese cine. Hay dos o tres películas mas de ese segundo Solanas, entre ellas El Viaje y La Nube (quien firma esto las va a buscar en www.cine.ar, porque el tiempo hace que nos alejemos de ciertas obras que en un momento nos parecieron cercanas). El tercer Pino es el de su etapa… ¿política? Pero decir que Solanas tiene una etapa política es como decir que Martín Fierro tiene un momento gaucho. Pino siempre fue político, pero con el advenimiento del menemismo (al cual apoyó en principio, y luego se alejó profundamente defraudado y tiroteado literalmente) comenzó a incursionar en la política de partidos (para definirla de algún modo). Ese es el Pino que yo llamaba por teléfono, y ni siquiera le mencionaba mi nombre porque él no me reconocía: el hombre atendía diez o veinte llamadas por día. Yo lo conocía a Pino como espectador y como productor periodístico. Él escuchaba una voz que era nueva en cada llamada, o anónima, bah. Pero yo había mirado con respeto y admiración su primer cine, y con cierta fascinación mezclada con distanciamiento su segunda época, y le tenía mucha consideración como político. No es que quiera hablar de mí, pero todos tuvimos muchos Pino de acuerdo al momento. 

Pero en ese laburo politico aparece el tercer director. El Pino de la cámara en mano, el de “No me importa la calidad del video, o si se mueve, lo que importa es otra cosa”. Es el Pino que desde 2004 dirigió no menos de diez documentales. No vi todos, pero puedo decir que Memorias del saqueo tiene escenas de una belleza conmovedora, austera y siempre cuidada.

La mayoría de los documentales están online y completos en Youtube. Es obvio que Solanas quiso que así fuera. En 2004, cuando estrenó Memorias del saqueo, Pino tenia 65 años. En 2018 tenía 82 cuando presentó Viaje a los pueblos fumigados. ¿Te imaginás lo que es ponerle el cuerpo a un rodaje, a los líos del equipo, a la producción, a todo lo que implica realizar un documental? Y el documental es bueno e imprescindible, porque es útil para que la gente que lucha contra los agrotóxicos instale debates, provoque y conmueva. Ese era Pino Solanas. A quien no conocí, pero lo escuché citar varias veces a muchos poetas, por ejemplo a César Vallejo. Yo pensé: “El viejo se repite”, cuando dijo en dos notas separadas por un año de distancia: “Como decía César Vallejo ‘hay golpes en la vida'”. La frase era un comodín, servía para todo.

Más adelante, descubrí que la frase completa es “Hay golpes en la vida tan tristes. ¡Yo no sé! Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma”. Lo descubrí con Pino despidiendo a un amigo en las redes sociales. Hace apenas un mes. Y por todo esto, pese a no conocerlo, en este otoño boreal, en un dia frío de la Ille de Paris, me imagino que a Solanas le hubiera gustado que alguien recuerde este poema aunque no llovió, y aunque fue viernes…

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París —y no me corro—
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño

 

 

  • Director y productor de cine y TV. Con Barbaria está volviendo al viejo oficio de la escritura.

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