Paracosmos 3: cuando las sagas no sagan

Anteriormente en Paracosmos: descubrimos que hay mundos imaginarios, convinimos en que pueden ser más o menos ficticios (menos: Salgari, Dickens, más: Tolkien y los universos de Marvel y DC)

Paracosmos 1: ¿Quiénes juegan con el universo?

Paracosmos 2: De cerca y al desnudo

Y acá estamos de nuevo. Paracosmos episodio 3 (a solo 25 centavos). Nadie se dio cuenta de que nos salteamos una semana o dos, o tres. Y eso sirve para introducir uno de los temas de hoy.

LA DISCONTINUIDAD INTRINSECA

Cuando era bastante joven, Stephen King escribió  una novela que entrecruzaba varias de sus pasiones: la ciencia ficción, el género fantástico, y el terror. La novela se llama La torre oscura, y hace tanta referencia al Childe Roland de Browning como al universo del Mago de Oz de L Frank Baum. Los americanos del norte y los ingleses tienen eso que es difícil de definir, una literatura canónica, tanto popular como culta, que nosotros hemos perdido, o tal vez nunca supimos definir. No me vengan con Miguel Cané. Resulta que esa novela menor prometía, con fervor digno de un amante desesperado, una continuación. Y no la hubo. No la hubo por años.

Pero ese mundo, ese cosmos tan poderoso que King inventó, lo perseguiría a través del tiempo. La gente le mandaba cartas, reclamos en BBS, mensajes en ICQ, posteos en foros, artículos en blogs (todo esto a medida que las maneras de comunicarnos iban cambiando con el vértigo que ya sabemos). Todos reclamaban saber cómo seguía la historia.

Ahora bien, bastantes años después de Stephen King y su novela, un señor que había sido anotado en el registro civil como George Raymond Martin, descubrió que si sumaba a ese nombre el de la confirmación (según la tradición católica irlandesa en esa ceremonia se agrega el nombre del santoral de ese día) se convertía en George Raymond Richard: GRR. El adulto, en homenaje  sentimental y marketinero al inventor del género que ansiaba escribir (o uno de los inventores, no nos olvidemos de Robert E. Howard y su  Conan), firmó desde entonces sus obras como G.R.R. Martin y, si no te suena a J.R.R. Tolkien, tendrías que estar leyendo otra nota de Barbaria. O esta otra. Dale, andate. Son notas buenísimas.

Si no te fuiste, te cuento que toda esta intro es para disculparme por no haber continuado la serie la semana pasada, poniéndome en el lugar de los dos autores antes citados.

Porque ambos: King y GRR se colgaron con la historia y desataron la furia de sus lectores. Como el correo nacional de Barbaria no funciona demasiado bien, todavía no hemos recibido reclamos por la interrupción de esta serie de notas, pero sospechamos que habrá miles de lectores y lectoras quejándose.

LA CONTINUIDAD

Retomemos: una vez que King escribió La Torre Oscura, aunque no sea su mejor novela, sus lectores comenzaron a reclamar la continuación. Existe una historia circulando por internet de gente que le mandaba fotos de animales de peluche y amenazaba: “El osito la pasará mal si no terminás la serie”. King sentía igual que sus lectores: el universo de la torre oscura, el atractivo personaje de Roland Deschain, con su cruza de caballero ordenado y pistolero de western, los animales de Gilead, parecidos-pero-no-tanto a los de nuestro mundo, eran -son hoy- mejores que la novela. Entonces King, que si tiene algún defecto no es el de la timidez, no sólo comenzó a escribir la continuación de La Torre… sino que entrelazó toda su obra con una mitologia que fue inventando sobre la marcha. Es difícil de explicar, pero King metió personajes y conceptos de sus primeras novelas (sin paracosmos, digamos) en las nuevas novelas de la serie de La Torre Oscura. El padre Callahan, de la excelente novela de vampiros Salem’s Lot, aparece tangencialmente en Lobos del Calla, la quinta entrega de la serie. El pobre padre Callahan no llegó a descansar 30 años. Y este intento de armar un paracosmos funcional, con sus propios mundos paralelos, con sus historias alternativas y su lógica interna, no ocupa sólo los libros de esta serie, sino que King comienza a meter ideas y personajes de ella en sus nuevos libros. Y emparenta a ciertos personajes, encarnación del mal de novelas anteriores y posteriores anteriores y posteriores a la saga, con el Randall Flagg de la torre.

Genios del diseño y la infografía como Gillian James arman cuadros como el que sigue mostrando el esfuerzo de King por interconectar toda su obra en un solo Paracosmos.

¿Pero le sale bien? Es la pregunta obvia. ¿Qué sucede cuando King intenta que su obra previa posterior y simultânea a La Torre Oscura se vuelva un paracosmos coherente? Le sale como a todo gran artista: a veces bien, a veces mal. En el medio de una novela no tan buena, te reencontrás con un personaje que amaste en una novela mucho mejor. O en el medio de una novela mucho mejor, encontrás una explicación maravillosa a la cosmogonía un poco descuidada de It (que es una enorme novela).

¿Entonces? Si aún no lo hiciste, empezá a leer a Stephen King. Olvidate del cine, porque las únicas películas buenas basadas en sus libros son las que están fuera del género y no remiten al canon. Y seguro ya las viste. Pero acordate que el tipo intentó –porque quiso, pero también por presión de los lectores – armar un universo coherente con toda su obra, y eso es un esfuerzo enorme cuando pensás que nació en el 47, publicó su primera novela, Carrie, en el 74, y desde entonces  -a ojo de buen cubero- le calculo sesenta libros más. Sin caer en la obsesión lovecraftiana hay en él una rara cohesión. Una vez que King entendió cómo hacerlo, fue hilvanando, dejando pistas, haciéndole guiños al “lector constante”, y entonces un día, esperemos que lejano, en su último cuento, en su última novela, veremos cómo cierra de bien ese paracosmos.

Y ahora volvamos a George R. R. Martin, a quien en alguna nota deberemos revisitar por el tan particular paracosmos de Wild Cards, un universo compartido por docenas de escritores que cuentan un mundo divergente del nuestro a partir de un virus alienígena que en 1946 eclosiona sobre el planeta y provoca mutaciones que derivan en la aparición se superhéroes y obviamente supervillanos.

El concepto de Wild Cards, explicado en Hipertextual;

La premisa es la siguiente: luego de que un peligroso virus extraterrestre (el virus Wild Card) es liberado en New York, los ciudadanos sufren mutaciones de todo tipo: terribles, intrascendentes y (en el caso de unos pocos afortunados) geniales. El orden social cambia por completo debido a esta alteración inesperada. Todo esto se lleva acabo en un contexto histórico paralelo al nuestro, tanto Hitler como Einstein (entre otras figuras importantes) habitan el planeta. Interactuan con los afortunados que disfrutan de poderes fantásticos, estos últimos influyen de gran manera sobre los acontecimientos.

La forma en que están escritas las historias se asemeja bastante al estilo desarrollado por Martin en Canción de Hielo y Fuego. Los personajes de Wild Cards son complejos e interesantes. Es fácil empatizar con ellos ya que entendemos sus motivaciones y tenemos un acceso constante a sus pensamientos y deseos, los cuales son comunicados por los escritores de manera excelente.

Este concepto, repartido entre más de cuarenta escritores, ha dado como resultado unos 28 libros de alrededor de 600 páginas cada uno. Y la obligación de George R.R. Martin (y su co-editora, Melinda M. Snodgrass, sospechamos que ella debe trabajar bastante más que su coequiper) de que la serie mantenga coherencias temporales, de contexto histórico político, etc. Antes de que pienses que Wild Cards es una copia de ese otro paracosmos que es Watchmen, te cuento que las dos series nacieron el mismo año: 1986.

Pero acá hablábamos de series inconclusas: Wildcards, por su mismo formato, no tiene conclusión. Games of Throne, en cambio, sí.  Y así como el hipotético lector reclamaba la continuación del Paracosmos, el fandom, la hinchada, la popu, no se banca (no nos bancamos) que George R.R. no haya terminado la saga Canción de hielo y fuego (cuyo primer libro es Juego de Tronos y está bien que conozcas la serie de libros con ese título). Queremos volver a saber de nuestros personajes porque intuimos que nos va a contar la historia de una manera diferente a lo que vimos en la tele, queremos leer sus descripciones minuciosas de una comida en una fonda en una curva del camino, o disfrutar de una réplica lacónica de alguno de nuestros personajes favoritos. Pero George R.R no nos da el gusto, así como Stephen King se obsesionó con cerrar el ciclo y otorgarle coherencia, George Martin, al igual que su homónimo británico, se dedica a hacer arreglos, edita precuelas, escribe en Twitter,  y sigue su vida.

LA DISCONTINUIDAD

George R.R. Martin, a diferencia de King empezó inventando un mundo sólido. Y lo vendió a la televisión. ¿Y quién puede quejarse de la maravilla que fueron las primeras temporadas de Game of Thrones en HBO? Los personajes crecieron. Y no es un chiste torpe a costa de Tyrion Lannister,  tal vez el personaje que se volvió más popular, más creíble y más entrañable. Pero acabado el acervo de los libros la serie perdió fuerza. Martin siguió colaborando con ella, pero se le notaba el aburrimiento.

Mientras tanto en los foros, en los rincones del fandom, en oscuras discusiones de reddit la gente se preocupaba.

Martin está grande.

Se nota por las fotos que no se cuida, es obeso, come mal.

¡Se va a morir sin terminar la saga!

Su vida preocupa mucho a los fans, quienes lo acusan de estar gordo y de no cuidarse. Seguro deben pensar que si no se cuida, quién será capaz de terminar la serie. ¿Se va a permitir morir sin contarnos cómo termina realmente la historia? Uno se imagina a la tribu cuidando a la abuela o el abuelo cuentacuentos, no por cariño, sino para que pase el invierno y relate al fin que pasó con la historia de la madre sol y el hermano escarabajo.

Martin respondió ofendidísimo a esta historia. Miles de veces. Pero mientras tanto… no escribe.

A Martin le llegó el invierno. Comic de Aaron Lenk y Peter Chycowsky

Y hay que decir que no es que no escribe. Sí que escribe, pero escribe historias previas o paralelas del universo de Canción de hielo y fuego (o sea, Games of Thrones) y publica su blog, y además cuida ese otro universo, ese otro paracosmos que es Wild Cards.

A Stephen King le mandaban cartitas amenazándolo, mientras que a George Martin lo acusan de no cuidar el colesterol. En ambos casos lo que los fanáticos quieren es que terminen sus historias. King (al entender de quien esto escribe) se apuró y el final no resultó digno (de hecho ha anunciado que va a «revisitar» el final); Martin, a su vez, se distrae, va de flor en flor, siguiendo lo que más le llama la atención. ¿Qué es mejor?

El autor y Barbaria lo ignoran. Pero los libros, magníficos, llenos de poesía, de ideas, de emoción, están ahí.

LA CONTINUIDAD OBSESIVA DE TOLKIEN

Entonces, tenemos gente que demora en terminar sus paracosmos, que les cuesta concentrarse en sus universos. Lo hayan craneado seriamente o no. Gente que se apura a terminarlos, y luego se arrepiente.

Y en un sitial de honor de la continuidad, de la irreprochable lógica del paracosmos, debería estar J.R.R. Tolkien, quien sólo tuvo coherencia y no publicó hasta tener todo terminado.

Son fascinantes los volúmenes de correspondencia de Tolkien, con editores, con su hijo, etc. Durante décadas se dedicó a construir un universo lógico a partir de aquella sencilla frase que comenzó todo:

En un agujero en el suelo, vivía un hobbit. No un agujero húmedo, sucio, repugnante, con restos de gusanos y olor a fango, ni tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en que sentarse o que comer: era un agujero-hobbit, y eso significa comodidad.

A partir de ahí, Tolkien inventó lenguajes, canciones, razas, sistemas de creencias, filosofías, y por supuesto mapas, y estuvo décadas trabajando en eso. Y no lo dio al mundo hasta que estuvo satisfecho.

Después de la perfección de Tolkien, ¿a quien preferimos? ¿A King, que sigue tratando por todos los medios de que la historia cierre? ¿O a George Martin, que se dedica a inventar otros mundos en simultáneo y mientras tanto deja todo para mañana?

Y todo esto para explicar a los inexistentes lectores porqué esta nota sobre los paracosmos no salió la semana pasada.

  • Director y productor de cine y TV. Con Barbaria está volviendo al viejo oficio de la escritura.

  • Mauricio Martínez es pintor, escultor, director de arte y marionetista. Publicó sus primeros dibujos en la revista Hortensia a los 15 años y para Barbaria, con gran placer, vuelve a ilustrar como en sus años mozos.

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