Retratos alterados 2: documentales sobre escritoras

Semanas atrás, publicamos la primera entrega de Retratos alterados (la podés ver acá), nota que presentaba una serie de documentales sobre escritores argentinos. Para esta segunda, Marcos Vidable hizo foco en films dedicados a escritoras mujeres y que fueron realizados en los últimos años. La elección es sumamente variada: El jardín secreto (de Cristian Costantini, Diego Panich y Claudia Prado), sobre la poeta y traductora Diana Bellessi, Beatriz Portinari (de Agustina Massa y Fernando Krapp), sobre Aurora Venturini, mujer casi centenaria y secreta que tardíamente se dio a conocer como autora; y Alejandra (de Virna Molina y Ernesto Ardito), sobre Alejandra Pizarnik, figura huidiza que ha sido presentada y analizada una y otra vez con diversa fortuna. Al igual que la primera, esta segunda entrega es una buena ocasión para descubrir -o para redescubrir desde otros ángulos- a un puñado de autoras con sello propio.

 

Durante la década del noventa salió en castellano una buena colección de entrevistas -publicadas décadas antes en una prestigiosa revista- titulada Confesiones de escritores. María Moreno se ocupó de prologar el único libro dedicado a las escritoras: “El Ateneo, en esta nueva selección de reportajes traducidos del Paris Review, ha advertido que algunas son grandes narradoras y con gran desprejuicio decidió editar un volumen solo de mujeres” (subrayado de la autora). No hemos cambiado tanto en la ciudad letrada. La primera entrevistada de la recopilación es a Simone de Beauvoir, una figura que resurge en algunos de los recientes documentales sobre escritoras argentinas. Moreno la relee: “El segundo sexo fue un texto de iniciación como Mujercitas, de Louise M. Alcott. Y seguramente no es aventurado afirmar que el mochilismo de los años sesenta estaba menos inspirado en las aventuras de Fidel que en los viajes que Simone solía hacer sola por el mundo”.

El jardín secreto

Algo similar envuelve las palabras viajeras que Diana Bellessi depositó en El jardín secreto (2012). La militancia política y el Delta, el pueblo natal, Zavalla, y un patio oculto en la urbe, el estático campo santafesino y las caminatas continentales; todo eso y más registran las imágenes. La cámara, dirigida por Cristian Costantini, Diego Panich y Claudia Prado, recorre los espacios de la poeta como una amiga distante. “Ah, que la obstinación y la paciencia nos alcancen y lleguemos al silencio, al fondo de nosotros, donde se abre el jardín secreto”, dice el poema inaugural de Bellessi. Sus dibujos ocupan un lugar iluminador en la pantalla, y no deben ser observados como la minúscula compañía de sus palabras, o de esa voz de mates y cigarrillos que recita en un rio o en una librería.

Alejandra 

También Pizarnik dibujaba y recitaba, pero su voz viajaba desde muy lejos. Puede oírsela en Alejandra, de 2013. En más de un sentido, igual que el anterior, este también es un documental para oír.  El paciente trabajo de Virna Molina y Ernesto Ardito quizá posee un impulso más pedagógico: la difundida teoría psi de la biografía aclaratoria y la repentina inspiración. No pocos documentalistas fueron atrapados por esas especulaciones, aunque las alarmas de los expertos suenen dentro de los mismos documentales. Contra el mito, las personas que la conocieron insisten en el constante trabajo de la autora de Árbol de Diana: su biblioteca dispersa, sus diarios y sus notas van más allá de su pelo corto, de sus abrigos gastados, de sus viajes a la París existencialista.

Otro desacuerdo que suelen exhibir los documentales (sobre todo los que abordan a poetas) puede resumirse con una cita de Gombrowicz que Piglia usó en Critica y ficción: “No hay que hablar poéticamente de la poesía”.

 

Beatriz Portinari

Dirigido por Agustina Massa y Fernando Krapp, fue estrenado el mismo año que Alejandra, y se enriquece con un inconveniente de producción: la protagonista, Aurora Venturini, decidió inesperadamente abandonar el proyecto.  Entre la ausencia y la presencia de la escritora asoma lo sobresaliente de la cinta: los fragmentos de una vida extensa, desordenados por la memoria, repintados por el malhumor. La voz en off de Rosario Bléfari navega entre el registro de un cura exorcista y el de un exorcismo literario, mientras acompaña los relámpagos expresivos de Venturini: sus lectores de La Plata, su amistad con Eva Duarte, sus años de estudiante de psicología en Francia, en los que se podría haber cruzado con Alejandra Pizarnik. No lo dice.

Mariana Enríquez aporta sus lecturas en Beatriz Portinari y en Alejandra. En el primero aclara que la autora de la novela Las primas nunca da lo que se le pide (elude las preguntas directas, contesta con ambiguos rodeos) sino lo que se necesita, aunque en ese momento no se lo comprenda. En el segundo se detiene en una Pizarnik gótica, la de La condesa sangrienta, como si fuera una adelantada muchacha punk. Un año después del estreno de estos documentales Enríquez publicó La hermana menor, una esperada biografía sobre Silvina Ocampo. Luz, cámara: acción.

 

  • Licenciado en psicología, Ha dictado cursos y escribe para diferentes medios de comunicación sobre libros, series y cine.

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