Retratos alterados: documentales sobre escritores

Los escritores argentinos han tenido una suerte dispar al ser llevados al medio audiovisual. La nota repasa algunas de esas películas e indica algunos de los aciertos y desaciertos. 

 

La relación de la literatura con el cine no se limita, por supuesto, a las temibles adaptaciones. Hechos con entrevistas, múltiples montajes y recursos estéticos, los documentales sobre escritores suelen admitir un tour por historias clínicas, bibliotecas huérfanas y anécdotas contadas por amigos que no suelen poseer la gracia espectacular que tienen los de las estrellas de rock. El registro del solitario oficio de leer y escribir ofrece resistencias, aunque no resistencias extraordinarias. Se sabe, una palabra vale más que mil imágenes. Tampoco se trata, como sostienen Noriega y Panozzo en su particular historia del documental argentino, de caer en el “curioso género de crítica de fichas técnicas (la fotografía tal cosa, la música tal otra)”. Escribía Roland Barthes: “Solo es posible la biografía de la vida improductiva”.

Las cintas más convencionales rozan la vacilante figura del autor con los guantes de la hagiografía.  Los libros y la noche (2000), dirigido por Tristán Bauer, contiene no pocos desaciertos. Borges es presentado como lo prefieren ciertos borgeanos: grave, sufriente, un libro abierto. Rodeado por una estética alucinada, del responsable de El informe de Brodie solo quedan restos irreconocibles ahí donde se pretendía hacer ver todo lo contrario. Antes, en 1994, Bauer estrenó otro documental: Cortázar. Comienza con un niño que juega solo a la rayuela.

Gombrowicz, o la seducción (Representado por sus discípulos) (1986). Para el periodismo especializado es más que una de las mejores realizaciones de la década de 1980. Con guion del escritor Rodolfo Rabanal y el director Alberto Fischerman, el documental deambula, de una manera casi psicodélica, por el tiempo en que el escritor vivió, sin gloria, en Buenos Aires (sus casi 24 años de residencia dejaron un Diario insólito). Alan Pauls describió la cinta como una “sesión de espiritismo cinematográfico”. Su grupo de amigos admiradores lo parodian, lo elogian, lo imitan. La aparición de uno de ellos -Alejandro Rússovich- logra por momentos que el espectro del polaco haga temblar la pantalla.

Macedonio Fernández (1995). Mediometraje, dirigido por Andrés Di Tella, comienza con la voz de Ricardo Piglia: “A la literatura argentina hay que buscarla en ciertos lugares, por ejemplo, en una pieza de pensión del Once, donde un escritor se pasa los años escribiendo una novela que dura toda su vida. Ese escritor es Macedonio Fernández. “A veces pienso que la literatura argentina es Macedonio Fernández”, afirma el autor de La forma inicial y coguionista de esta fina estampa. Andrés Di Tella, cabe recordar, fue asistente de dirección de Alberto Fischerman en su filme de 1986. Cercano a Gombrowicz en sus movimientos marginales, Macedonio no ha cesado en iniciar historias.

327 cuadernos (2015). El título alude a la (supuesta) cantidad de cuadernos en los que Ricardo Piglia escribió su diario. Veinte años después de su colaboración en Macedonio Fernández,  que puede ser visto también como una “precuela”, Andrés Di Tella registrael proceso de corrección y reescritura que desembocaría en la publicación de los tres volúmenes de Los diarios de Emilio Renzi. Mientras remueve papeles íntimos, el escritor encuentra una foto suya, de la infancia, sonriendo: “Uno cuando es chico no sabe lo que le espera, ¿no?”, comenta con ironía, ya padeciendo la Esclerosis Lateral Amiotrófica que lo llevaría en 2017. La cámara registra sin afectaciones un ímpetu: seguir leyendo, seguir corrigiendo páginas que ya no se verán impresas, como si fuera la primera entrada.

Entre gatos universalmente pardos (2018). Salvador Benesdra fue un psicólogo, un militante, un periodista y, sobre todo, un escritor, autor de una novela monumental, El traductor, que no pudo ver publicada. De esos se trata este documental reciente y necesario, dirigido por Damián Finvarb y Ariel Borenstein. Es destacable el recate de un video casero, en el que se puede ver al narrador hablándole a la cámara, a principios de la década del noventa, década que ayudó a dilucidar como pocos. Desempleado y desatendido por las editoriales, rodeado por los demonios que lo perseguían desde chico, se suicidó en enero de 1996.

  • Licenciado en psicología, Ha dictado cursos y escribe para diferentes medios de comunicación sobre libros, series y cine.

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