[Series] Utopia: Este programa es una pieza de ficción

Advertencia al lector: esta nota es una trampa, vamos a hablar de Utopia, la nueva serie de Amazon, pero en realidad nos vamos a meter en los estrechos caminos de las paradojas, los flashforward y las profecías autocumplidas. 

Amazon acaba de lanzar una serie llamada Utopia, remake de una homónima inglesa lanzada en 2013 en Channel 4, creada por Dennis Kelly. Puedo decir que durante las dos temporadas que duró fue mi serie favorita, después pasó al arcón de los recuerdos con tantas otras series que ya no recuerdo (primera paradoja). ¿Qué es Utopia? Una serie de ciencia ficción, distópica, que ocurre casi ahora mismo (bah, en 2013, tanto cambió últimamente (y sí, doble paréntesis, se viene otra paradoja)). La versión original relata el encuentro de unos nerds, frikis de los comics que suponen que detrás de una historia está cifrado el comienzo de una gran epidemia que azotará el mundo. Hasta acá todo bien si viste la serie cuando salió, en 2013/14. Disfruté mucho del humor negro británico, de una dirección de arte y fotografía de colores saturados que hacían parecer a la películas de Wes Anderson, un rejunte de colores pastel (que es lo que son), y un relato enrevesado pero no por eso menos efectivo y directo.

Y llegamos al veinte-veinte y Amazon, luego de comprar los derechos en 2018, decide lanzar la serie y, oh, segunda paradoja, ya no es un relato distópico sino hiperrealista. Tanto lo es que los obliga a poner este cartel antes de cada episodio:

Este programa es una pieza de ficción y no está basado en la pandemia actual ni eventos relacionados. Contiene escenas que los espectadores pueden encontrar perturbadoras. Se recomienda mirar con discreción.

Claro, la serie se rodó en 2019 y a nadie se le ocurría que una pandemia iba a dejar al mundo patas para arriba y que películas como Contagio, de 2011, hoy parecen más una documental que una ficción. Me imagino a los ejecutivos de Amazon fumando puros y tomando whisky en una mesa larga de madera discutiendo si sacaban la serie este año o el próximo o si directamente desechaban los millones de dólares que había salido hacerla, hasta que a uno se lo ocurrió decir: «Pongámosle un cartel al principio y veamos si zafamos con eso».

El problema es que cuando reescribieron los guiones se les ocurrió poner a una gripe como la causante de la pandemia y hasta el perverso Dr. No, que no se llama No, pero que lo interpreta un John Cusack muy lookeado como Hindú (ese racismo inherente al país del norte), pasa una temporada en China antes de convertirse en un potentado farmacéutico. 

Los demás es un juego de espejos con su original inglesa, cosas que se parecen mucho, cosas que cambian bastante. Qué difícil que es para los norteamericanos interpretar una comedia negra inglesa, lo que en un caso es de un finísimo humor bien oscuro, en el país del norte se convierte en crueldad. Por otro lado, la complejidad del relato de la remake, la variedad y coherencia de las subtramas, de los cruces de las historias, de una mayor cantidad de personajes con sus tridimensionalidad, muestra que estos últimos veinte años de series de fina factura han dejado huella y técnica en Estados Unidos. También cabe destacar que Rainn Wilson, que se hizo conocido con otra remake de una serie inglesa: The Office, la rompe en su papel de científico nerd-loco. 

 

Un juego de espejos, elija cuál le gusta más.

Y podríamos quedarnos acá pero vayamos, como dicen en España, «A por las paradojas»:

Muchaches, el primer muerto de la pandemia fue el posmodernismo (que reconozcamos, andaba medio flojo de papeles desde el 11 de septiembre) y hemos entrado definitivamente en un: ¿Futurismo?, ¿Ciencia-ficcionismo?, ¿Apocalipsismo? Bueno, ya habrá algún cientista social o historiador que se le ocurrirá un nombre mejor, pero el tema es que estamos en un momento de profecías autocumplidas. Más de 100 años de ciencia ficción han dado sus frutos y finalmente podemos hablar con un reloj. No viajamos por los planetas, no nos invadieron los marcianos (aún) pero mucha de la literatura de este género hablaba de cosas muy parecidas a las que vivimos ahora. No se preocupen, no voy a hablar de libros, sólo de películas, pero antes me voy a meter en la primera palabra del género: la ciencia. 

El otro día leyendo The Independent encuentro un artículo de lo más llamativo. Resumo: un grupo de matemáticos australiano, como Cocodrilo Dandy pero con calculadoras, se planteó resolver una de las grandes… ¡cha-chán, cha-chán! paradojas de la Teoría de la Relatividad de Einstein, llamada también la Paradoja del Abuelo. Se planea un viaje en el tiempo de una persona que va al pasado y mata a su abuelo antes de que nazca su padre. Entonces, ¿cómo puede viajar en el tiempo si no va a nacer y si no nace, no mataría a su abuelo, por ende sí nacería? Esto implicaría que no se puede viajar al pasado. ¿Se entendió? Bueno, no importa. Porque lo más interesante es que estos científicos crearon un modelo matemático sobre el contexto actual, donde una persona viajaría en el tiempo para matar al paciente cero de Coronavirus y así evitar la epidemia. El resultado del cálculo experimental es que sí, es posible viajar en el tiempo hacia el pasado más allá de la paradoja resultante.

Alguno pensará: «Y a mí qué con todo esto». Bueno, resulta que esto que las matemáticas demostraron es la trama principal de 12 Monos y, como no podía ser de otra manera, la peli era una remake de un mediometraje experimental francés La Jetée, de Chris Marker de 1962. Y voy a ser pésimo relator y voy a spoilear el final (y el principio): Un niño en un aeropuerto ve una muerte que marca su vida. 30 años después, pandemia destructiva de la humanidad de por medio, descubre que lo que vio fue su propia muerte, luego de viajar en el tiempo para matar al paciente cero de la enfermedad.

 

 

Tal vez Blade Runner pifió bastante ya que aún no existen los replicantes y Atari se fundió pocos años después, y tal vez tengamos que esperar 29 años para ver cuánto pifia la secuela. Sin embargo, para los que hemos leído más en detalle a Phillip K. Dick podemos encontrar la descripción del I-Pad escrita en 1980 o los problemas con la capa de ozono y el recalentamiento global descritos en la década del 60. No es tanto una cuestión de gadgets literarios sino de preguntas sobre el destino de nuestra sociedad, que se plantean como inquietantes y a la vez anticipatorias. A fin de cuentas, todo parecido con la realidad es pura coincidencia, pero como la brujas y las paradojas, que las hay, las hay.

  • Director y guionista de documentales. Graduado en la Universidad de Buenos Aires como Diseñador de Imagen y Sonido y cursó un postgrado en la Universidad de Barcelona como Guionista Cinematográfico. Últimamente está despuntando el vicio de la escritura en Barbaria.

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