Sobre [Bésame, estúpido]

Voy a contar el encuadre, el entorno de lo que sucedió justo antes del hermoso texto de Viviana sobre “Bésame, estúpido”. Luego también cuento las razones que me llevan a esto.

Estaba medio triste porque se acababa el folletín, también porque no estaba muy seguro de haber acertado en la última entrega, se unía la pérdida de algo que durante meses me había mantenido atento y alegre y la desconfianza sobre lo hecho. Sabía que el final tenía que ser contundente, que tenía, sin énfasis, que abarcar todo, subrayar todo con un trazo leve pero seguro.

Tenía miedo de haberme repetido, de redundar, de haber exagerado también con el elenco de mis películas favoritas.

En fin, a todo este nudo no lo ayudaba la situación del covid luego de unos días de paz y de pocos contagios, situación que cubría todo de una especie de paño helado, por no llamarlo mortaja.

Y entonces me llegó un mensaje de Viviana desde Italia en que me decía que le había gustado mucho la entrega 18.

Me fui al balcón al atardecer, como siempre, a leer Lispector, con la pena de estar terminando su excepcional libro de crónicas -otra pena. Estaba con un vinito y mi gata Piru al lado. En la reposera, que es nueva y ROJA.

La llamé a Viviana y me explicó, me dijo lo que había sentido al leer el último de Bésame, estúpido. Ella es mi par en la vida, así como lo fue Luisa Núñez, que ya no está. Es hermoso tener un par, una par. Te hace mejor, te permite nadar en aguas profundas y divertirte y además salir ileso y mejor.

Habló con una elegancia, con un armado de palabras hermoso, como si lo hubiera preparado y lo leyera con emoción. Eran cosas que había pensado, que se le escapaban perfectas por el respiro. Eran cosas que había sentido.

Empecé a llorar de alegría y también de haber sido comprendido en profundidad, más allá de los elogios. Que Viviana comprendía, aceptaba y reflejaba mi modo de ser.

Entonces, con un poco de vergüenza, le pedí que las escribiera y me las mandara, que yo las iba a traducir y publicar en Facebook. Aceptó. Casi inmediatamente recibí su mail. Lo traduje, se lo pasé y agregó y señaló cosas, muy pocas, porque era como si las palabras fueran de su dominio, como que fuera/era dueña de esos sentimientos. Y lo publiqué.

Hoy, de nuevo, hablamos. Me dijo que escrito así, desnudo, no daba cuenta del encuadre en que había ocurrido, que era más de mi estilo enmarcar las cosas. Le dije que tenía razón en parte, que lo suyo era como una crítica de un diario a mi texto, que no tenía porqué enmarcarlo. Pero aquí estoy, haciendo eso.

Aunque redunde voy a copiar aquí su texto, para que quede redondo/redundo el momento y sus palabras.

Viviana Roveda:

Vuelvo de la lectura, es decir, he vuelto y vuelto a leer, muchas veces… para no perder ninguna palabra y dejar que las sensaciones se posasen ahí, una sobre otra… Y me emocioné tanto. Como siempre, me toca muchísimo cómo tienes juntas, unidas, la simplicidad y la profundidad.

Es un final perfecto. ¡Perfecto! Aparece todo tu amor por el cine –y la vida– pero también tu filosofía, tu actitud, tus gustos. Aparece tu estilo, tu sensibilidad, la unicidad entre tu mirada y tu sentir. Aparece el deseo de armonía con los demás, que nunca te hace llegar a pactos: una armonía auténtica por la cual estás dispuesto a combatir y a ponerte en juego vos mismo y tus opiniones, tu sentir.

Me gusta muchísimo ese elenco infinito de películas, se siente que podría continuar hasta el último respiro, y que continuará, en el fluir de la vida, más allá de la página escrita y más allá de las palabras.

Al final lo que aparece es tu actitud hacia el amor, la adhesión a una raíz vital y amorosa, que siempre se relaciona con el otro –como aquí el intercambio con Roger Koza. Siento en esta raíz el coraje de exponerse, de ser, sin ninguna autorreferencialidad, con una apertura, un respiro, un dar espacio a “algo nuevo, eso que destella por misterioso… Ah, es difícil de explicar”.

Y esos agradecimientos, que me incluyen por tu generosidad, son un testimonio más.

Mil gracias.

¡La fórmula de un texto publicado por entregas, como un folletín, hay que repetirla absolutamente!

Viviana

 


La foto es en el mar, en el Gargano, en un restorán di pesce, de pescado, la última noche de vacaciones, hace algunos años, la primera o segunda vez que viajé a Italia a ver a mi gente querida. Estamos bailando un tango y se nota esto que digo siempre de que ella es mi par.

La foto es de Stefano Venturini.

Su mamá decía, hace años, al ver la foto enmarcada en la pared, que era una foto sconveniente, que no tendría que ser expuesta.

  • Licenciado en Cine UNC, luego integrante del LTL. Vivió exiliado 10 años y a su regreso, en 1984, fue director de teatro de varios grupos reconocidos y docente en Cine y Teatro de la UNC, de donde se jubiló en 2017. Desde 2008 escribe novelas y relatos autobiográficos. Ya tiene 16 libros publicados, entre los que se destacan El chico y Perla, un retrato del vínculo con su madre.

  • Italiana, de Verona. Interesada en teatro, filosofía y poesía. Participó en varios grupos teatrales: La Ciotola con los LTL, Madamadoré, además de un grupo con Graciela Ferrari y en Poetria, dedicado a la difusión de la poesía contemporánea popular italiana, en eventos colectivos y públicos, en lugares icónicos de Verona al aire libre y en tratorías populares. Es asesora de Roberto Videla en sus escritos.

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