[Testimonios] Roberto Videla: Cine paraíso

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Ayer Eugenia Monti y Santiago Sein me hicieron una larga entrevista virtual sobre mi paso por Cine y la Escuela de Artes de la UNC. Ellos están haciendo una investigación para el Centro de Conservación y Documentación Audiovisual, o sea la historia del cine en Córdoba.

Roberto Videla (1971)

Era la primera vez, si mal no recuerdo, que gente apasionada me entrevistaba sobre ese período de mi vida, que quedó medio borrado de la historia oficial porque los militares cerraron el Departamento y muchas películas se perdieron o aparecieron luego medio arruinadas en armarios polvorientos. Ahora parte de ellas fueencontrada y rescatada. Entre otras El sitio -nuestra tesis del grupo Psico/Cine- y también mi primer corto en 16 mm, que se llama ¿Volvés a las 12? y en el que actuaban-actúan Luisa Núñez y JorgeMassucco.

Fue divertido, muy emocionante. Pasé revista a muchas personas, anécdotas y películas filmadas por mi grupo. Éramos de la primera camada del Departamento de Cine, los que entramos cuando se abrió en 1967–toda una vida. Yo era un pichón -19 años- al lado de mis compañeros, que venían de estar cerca del cine y esperaban una oportunidad/encuadre más formal. Éramos alrededor de 10 los que hicimos todo el recorrido universitario. De 60 en la selección para primer año quedamos 25 y luego muchos abandonaron.

La entrevista también abarcó la situación social, la progresiva politización del movimiento universitario y nuestra, los grandes maestros que tuvimos -entre ellos Bonona Larrauri, Enrique Lacolla, Juan Oliva, Esteban Courtalón, María Escudero, Clara de Espeja-, las discusiones sobre las metodologías de enseñanza, los acercamientos y enfrentamientos entre nosotros mismos. Fue una etapa estupenda, en donde me templaba para lo que la vida me reservaba.

La verdad es que desde la entrevista estoy en un viaje muy íntimo, del que quiero hacer partícipes a quienes lean esto, un viaje que no es exactamente al pasado, sino a las cosas y gentes que hicieron lo que soy ahora. Luego seguiría mi recorrido por el LTL, Libre Teatro Libre, que está entrelazado con mi paso por Cine.

 

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Fue un deslizarse algo accidentadoen trineo: yo iba saltando en los tiempos, recordando historias, redescubriéndolas y, a veces,encontrando lo que entonces se me había escapado, como que mi primer corto era, casi sin darme cuenta, una copia ingenua de Vergüenza de Bergman -película adorada.

Me acordé también que un compañero me había invitado a actuar en un corto y mi pareja no me dejó hacerlo porque tenía que aparecer desnudo. Yo obedecí.

Eugenia había visto al LTL. Me acordé de cuando dimos El fin del camino, creación colectiva sobre los ingenios cerrados en Tucumán, en 1974 en el Teatrino, unos meses antes de partir a un exilio anticipado que duró 10 años. Algunos militantes armados nos protegían desde los techos para que no nos pusieran una bomba.

Me olvidé de contarles que ya de vuelta del exilio y en democracia, en 1992, hicimos para Salud Mental un video con Santiago Loza, Noche y día, que fue premiado en la Bienarte Córdoba 1993 y fue mi última incursión como director en cine, aunque en verdad Santiago hizo casi todo.

Sein me dijo que para él y su grupo de estudiantes yo había sido una persona que querían y respetaban como profesor. Eso me alegró, porque en realidad mi paso como docente en Dirección de actores en Cine, de 1989 a 2017, había sido complicado, trabajoso y poco gratificante dada la inmensa cantidad de alumnos y la poca disponibilidad de espacio y tiempo -también de interés en muchos estudiantes.

Fui echando luz sobre todo aquel período. Mi luz.

En un momento, después de la entrevista, me di cuenta de que había estado hablando de la vida, pero que un sinnúmero de las personas que nombraba y que habían sido importantes para mí -amores, amistades, conocidos, Maestros/as- habían muerto ya y que yo era/soy uno de los pocos sobrevivientes, el que de alguna manera -y a su modo- cuenta la historia.

Esto tuvo una especie de cierre de círculo perfecto, un broche de oro. Cuando terminamos la entrevista les pregunté cómo se hacía para cerrar la cámara, me dijeron que se iba a cerrar sola. Ellos desaparecieron y de repente yo, que me veía en un recuadrito pequeño a la derecha arriba, aparecí en todo el plano de mi computadora. Y el chico que había creído volver a los 17 en medio del entusiasmo de los recuerdos se reveló como lo que soy ahora. Durante unos segundos quedé inmovilizado, sorprendido y asustado. Después, con una sonrisa, apagué la vaina.

 

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El tercer día. Aún conmocionado por la entrevista.

Sueño.

Estamoscon un grupo de turistas en un país comunista, parecido a lo que era Polonia o Checoslovaquia. Hacemos cola para conseguir un taxi para ir a visitar la vieja Escuela de Cine. ¿Será la de Lodz? La cola es desordenada y no entendemos el idioma. Al final nos ponen junto a una madura pareja sonriente.

Filmación de El sitio. Eduardo Sahar de espaldas, Ernesto Ascheri, Clara de Espeja, Roberto Videla (1971).

Vamos. Llegamos. Es un largo paseo. El lugar, que está en la universidad, es lindo y colorido, edificios cálidos, mucho verde, un campus. Pero hay algo siniestro, el sitio tiene una sombra oscura. En un momento veo caer de una ventana de un segundo piso a la pareja que nos acompaña. Caída libre de cabeza, los zapatos blancos y el vestido celeste de ella destacándose. Pero luego aparecen a nuestro lado, intactos. Les digo que los vi caer. No reaccionan, hablamos otro idioma.

Alguien, una mujer -una burócrata de película- nos guía y dice, displicente, abriendo una puerta medio escondida: Esto es lo que queda de Cine. Entramos a un agujero olvidado e inmundo, lleno de herramientas colgadas de la pared, envueltas en una capa de grasa y moho verdoso y oscuro. Hay un muchacho vestido con un delantal mugriento, la cara sucia sin afeitar, los ojos verdes como escondidos. Tal vez sea hermoso. Junta algo tirado en un lavabo, son enchufes y cables, y dice, mientras los arroja al piso en un gesto que intenta resumir lo que vive: No nos dejaron nada de nada, arruinaron todo.

Me desperté… cómo se dice, consternado. Anoto esto inmediatamente, después de un café.

Leo alguien que me escribe con amor sobre mi posteo anterior relacionado con la entrevista: ¡Te pusieron a viajar hacia atrás y hacia dentro, bravo por ellos y la apertura de tu corazón!

Este sueño parece más bien un viaje a alguna de las sensaciones que tengo sobre mi país: algo que no tiene sentido y condenado al fracaso, que no tiene explicación, que es puro azar, como las películas nuestras tiradas, olvidadas en los armarios del Departamento de Cine esperando ser rescatadas.

Tiene que ver también con ese momento dorado y tenebroso de índole privada que viví en aquellos años y del que, en El chico, ya escribí.No dejaré a nadie atreverse a decir que 20 años es la edad más feliz de la vida -Paul Nizan.

No entiendo tanta oscuridad, que comenzó en la entrevista como un divertido viaje hacia las cosas lindas. Debe tener que ver con la pandemia y el terror.

 

 

 

Autor

  • Licenciado en Cine UNC, luego integrante del LTL. Vivió exiliado 10 años y a su regreso, en 1984, fue director de teatro de varios grupos reconocidos y docente en Cine y Teatro de la UNC, de donde se jubiló en 2017. Desde 2008 escribe novelas y relatos autobiográficos. Ya tiene 16 libros publicados, entre los que se destacan El chico y Perla, un retrato del vínculo con su madre.

Un comentario

  • El repaso de lo vivido trae consigo alegrias y tristezas. A veces ni siquiera sabes si los recuerdos son reales si eran tan duros o tan inmensamente felices. El cerebro hace una pelicula personal. Lastima que el unico con habllidad para contarlo y hacerlo tan fantastico sos vos. Sana envidia

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