Tramas urbanas (4)

Javier Ferreyra recorre la ciudad de Córdoba en calidad de reportero gráfico. Como un efecto indirecto de ese trabajo, fue sacando fotos de gente muy distinta. Esos disparos captan la curiosidad de un vestimenta, de un accesorio o de un porte. A cada una de esas fotos, a su vez, le ha añadido un texto que pone en relación la imagen con algún episodio, costumbre o hábito del pasado.  


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En una entrevista, Borges rememoraba su juventud en Palermo recordando las familias que, para parecer refinados, se pasaban el caluroso verano encerrados en sus casas sin salir, con la intención de hacer creer a los vecinos que estaban pasando las vacaciones en una supuesta estancia. Parecer gaucho se había convertido en un ideal de clase. El disfraz de gaucho era una estética señorial, ilustre y  noble, sólo posible una vez que los verdaderos gauchos habían desaparecido de las pampas. Lo sugestivo de esta anécdota es comprender que ahora que no resulta aristocrático disfrazarse de gaucho, se puede asegurar (salvo en el festival de Jesús María) que detrás de todo gaucho, hay un gaucho. (Deán Funes y General Paz, mayo 2019)

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Daniel Day Lewis, para entrar en clima antes de la filmación de La Edad de la Inocencia, decidió caminar por las calles de Nueva York vestido como en la época que debía representar: la de las aristocráticas familias bostonianas de finales del siglo XIX con su rígido e intrincado conjunto de reglas de comportamiento. La novela de Edith Wharton es una insuperable muestra de sensibilidad y exposición de un mundo severo y mortecino: “No puedo amarte a menos que renuncie a ti”. Parece melodrama, pero la novela es de una refinada intensidad que la película de Scorcese recrea de manera vibrante y seria. El tema de la película es como vencer las tentaciones en un mundo tan estricto y riguroso. Pero vencer las tentaciones es no ser auténtico con uno mismo: “En realidad, todos vivían en una especie de mundo de acertijos, donde lo verdadero nunca se decía, ni se hacía, ni se pensaba.” Daniel Day Lewis se enamora locamente de la condesa Olenska (cualquiera lo haría teniendo la mirada de Michelle Pfeiffer) y en la inquietante escena de la carroza, en la que le quita el guante y besa la piel de la condesa, porta una galera deslumbrante, la misma con la que paseaba por las calles de Nueva York mientras preparaba su personaje. ¿Habrá una escena similar en lo que sea que esté preparando este joven? (Illia al 300, octubre 2018)

 


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  • Licenciado en Letras Modernas de la UNC, fotógrafo del diario La Voz del Interior, docente en varias instituciones y de diversas materias.

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