Augusto Munaro: Sentido crítico

Augusto Munaro (crédito Triana Leborans)

Hace alrededor de veinte años que Augusto Munaro comenzó a escribir notas literarias en diversos medios. Y ahora se decidió a hacer un balance y reunir las reseñas y ensayos sobre poesía en Ficciones supremas, libro publicado por Griselda García Editora. El autor se ocupa de títulos publicados tanto en Argentina como en España y América Latina, y también de obras reunidas, como las de Porfirio Barba Jacob, José María Eguren, Miguel Ángel Bustos, Arnaldo Calveyra. 

A su vez, con Ficciones supremas Griselda García Editora inaugura su colección Ensayo, un espacio de reflexión sobre la escritura literaria. “Somos muchos quienes a lo largo de los años hemos leído reseñas de obras que nos han fascinado y enriquecido. Nos hemos servido de análisis que lograron acercarnos a determinados autores, allanándonos caminos a veces arduos. Ofrecer un espacio en nuestra editorial para este tipo de trabajos es cumplir un deseo que no sabíamos que teníamos”, señala la editora. 

Barbaria conversó con Augusto Munaro sobre la pasión de la poesía y sus derivas; un canon bastante particular. Lejos de hacer del ensayo un acto de exhibicionismo de la erudición del autor, la idea sería acercar, hacer un lenguaje más sencillo pero no menos riguroso. Quizás, de esta manera, cada vez haya más lectores de poesía y el género deje de tener un halo de misterio, de inaccesibilidad. 

William Carlos Williams

En Ficciones supremas ha reunido a líricos notables, ¿prefiere alguno en especial?

¿Teillier?, ¿William Carlos Williams?… Picabia, si bien se lo recuerda, ante todo, como un genio de la pintura, su poesía es extraordinaria. Es una pregunta imposible de responder. Pienso que cada uno vale por igual. Cada autor permite que el lector descubra sensaciones y que no deje jamás de asombrarlo. La poesía es asombro, hambre de búsqueda. Algunos tuvieron vidas difíciles. Pienso en Papasquiaro, o en ese genio olvidado que es Joaquim de Sousandrade. Por otro lado, están esos autores oscuros, casi secretos, como Rosamel Del Valle, Glauce Baldovin, Ricardo Carreira, Volker Braun…

¿Cómo fue el trabajo de selección de las reseñas que componen el libro? 

Hubo mucho material descartado. Originalmente el número de reseñas era casi el doble. De modo que el desafío estaba en no repetirse, en buscar lo esencial del modo más sintético y claro posible. Creo que los textos que alcanzaron el corte final del libro son los mejores. Ilustran un muestrario que invita a la reflexión, a querer leerlos y releerlos. 

Vicente Huidobro

Dado que las reseñas fueron publicadas hace varios años en medios diversos, ¿qué criterio utilizó a la hora de editarlas o corregirlas?

El criterio fue el equilibrio, el buen gusto del sentido crítico. Cierto justo medio entre lo didáctico y el sentido hedónico de lectura. Creo que se alcanzó. Me gustaría imaginar Ficciones supremas como una guía a los tesoros ocultos de la poesía. 

¿Por qué privilegiar reseñas de libros de poesía sobre otros géneros?

Por la razón, tal vez, de ser el género por antonomasia. En la historia de las literaturas, la poesía fue cronológicamente la primera. Luego entrarían en juego el cuento y la novela. Pero es en la poesía donde la lengua adquiere el espesor que nos importa. Donde mejor cuestiona sus aptitudes. Si bien llevo publicados casi treinta libros, casi todos corresponden a narrativa. Soy un lector voraz de poesía. Siempre lo fui. Mis autores dilectos son poetas. Si debo elegir entre William Faulkner o Rodrigo Lira, no dudo de quedarme con el chileno. Siento que todo Faulkner está en un poema de Lira. Paulo Leminski antes que Proust, Osvaldo Lamborghini antes que Aira, y así… Que quede claro, no digo que valgan más en términos literarios, sino que dicen mejor con menos. En literatura no hay buenos o malos autores. 

¿A qué se debe que el género tenga fama de difícil, hermético, inaccesible?

Pienso que se debe al nivel de abstracción, de elipsis, de condensación que el verso implica. Y temo, además, que sea un prejuicio bastante generalizado y lamentablemente arraigado. A los lectores les gusta el ripio de la prosa. Y si es periodística, tanto mejor. Uno debe leer a José Lezama Lima, a Luis de Góngora, a José Kozer, a Eduardo Espina. Salir del área de confort. Subir la vara. Apostar por el lector activo. 

Glauce Baldovin

¿De dónde surge el título?

El título se desprende de una cita del poeta norteamericano Wallace Stevens, de El ángel necesario, acaso uno de los mejores libros de ensayos escritos sobre poesía. Es un autor a quien admiré siempre, el poeta más querido. Vivo releyéndolo porque encuentro en cada lectura nuevos caminos de búsqueda. En Stevens hay búsqueda. El misterio de la búsqueda. Algo análogo me sucede con Alberto Girri, en la poesía argentina. Girri es un poeta insondable y lamentablemente muy relegado. Cada poema suyo tiene infinidad de interpretaciones. 

¿Por qué “relegado”?

Si pensamos que Juan L. Ortiz, en sólo 25 años, cuenta ya con tres ediciones aumentadas (y comentadas ad absurdum) de sus obras completas, pero que autores como Girri, o Leónidas Lamborghini aún no las tienen… deja mucho que pensar, ¿no? Por otro lado, hay otros autores que merecen ser rescatados del olvido más abyecto. Y son igualmente de notables que los mencionados. 

¿Como cuáles?

Sólo en Argentina, sin ir más lejos: la surrealista Carmen Bruna; el inclasificable Romilio Ribero; Jorge Santiago Perednik; el caso límite que fue Emeterio Cerro; Luis Lucchi; el olvidado Mario Porro; la querida y siempre lúcida Elizabeth Arcona Cranwell; Jorge Smerling; Antonio Aliberti; Juan Ramón Couchet; otra surrealista notable: Celia Gourinski… Muchos, demasiados, como podrás notar. Y la lista sigue. 

¿A qué tipo de lector está dirigido el libro?

Al especializado y al no especializado, desde luego. Aquel que desee adentrarse en la poesía encontrará poetas de todas las épocas y latitudes. Su heterogeneidad es una de las virtudes, creo. Hay autores decididamente de ruptura, de vanguardia (Apollinaire y Huidobro, a la cabeza, pero también Carreira o Roberto Piva), y otros canónicos como Fernando Pessoa, Conde de Lautréamont, Gottfried Benn o el propio Enrique Banchs. Cada libro está meticulosamente comentado a través de un estilo limpio, sin rebuscamientos. Me interesó siempre rescatar el concepto antes que cualquier otro atributo. 

 


Ficciones supremas 
Augusto Munaro
Griselda García Editora
108 páginas
$750

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