De madres y memorias

Muchísimos poemas nombran a las madres, en este caso muchas están muertas y son recordadas o soñadas desde el amor o la ternura, otras están enfermas y requieren de protección. Algunas construyen límites que no se comprenden y otras protegen de la soledad y la pobreza. Una, según el cantante popular, tiene las manos como pájaros. Para bien o para mal, las madres tejiendo vida, están presentes en la obra de muches poetas. Esta es una pequeña muestra de ello.

Reencuentro

Acaricio
la caja que contiene
las cenizas de mi madre

la perra huele mis manos
y ahoga su ladrido
escucha
el golpeteo del corazón
que socava la madera

si soplo
si me transformo en viento
podemos volver a verla.

Alejandra Pérez Tujague

IX

Cuando mi madre era una niña
se trepaba a la copa de una higuera
y desde allí,
como un pájaro
de palidez lunática,
defendía su infancia
de los dolores de la vida;
sus ojos verdes
la ayudaban
a mimetizarse con las hojas
y a través de su pelo rubio
pasaría el sol
atado en rayos a su espalda,
mientras su risa
caía desde lo alto
burlando todas las maldiciones.

Sonia Scarabelli

Una canción

Cuando mi madre muerta viene
y me pide que le dé mis zapatos
me quito los zapatos.
Cuando mi madre muerta viene
y me pide que la levante porque no tiene pies
me quito los pies.
Cuando mi madre muerta viene
y me pide que le dé, le dé
hasta me arranco el corazón.
En el cielo, las montañas se alzan, los caminos suben.
En un lugar donde no hay nadie
dos redondas lunas ascienden.

Kim Hyesoon

La canción más linda del mundo

Anoche mi mamá se me apareció
en un sueño. Alegre como una muchacha
de veinte, y ya había pasado los setenta.
Me dijo: Vine a decirte que estoy bien.

Que los muertos no nos pasamos
la eternidad echados panza arriba
mirando la noche. Que trabajamos
mucho, me dijo, para que allá en

la tierra no falte el pan, ni un techo
digno, para los que menos tienen.
Y donde se abre un corazón herido,
ahí estamos, para barrer la oscuridad.

Ya no limpio casas, mugre ajena, para
sobrevivir, pero abro todos los días
una cocina de luz donde amasamos
el pan. Es que en el cielo no hay injusticias.

Se terminó. Acá en el cielo somos todos
peronistas, Os. Creéme. Ni los ricos ni los gorilas,
como dice la profecía, entran. Solo los de buen
corazón. Los de buen corazón… repetía

mi mamá. La voz amplificada, como en una
película de Leonardo Favio. Qué hermoso
todo lo que me decís, mamá. Qué hermoso.
Le decía yo, llorando. Qué hermoso. Pero no

llores, me decía ella. Pronto voy a volver.
Ahora tengo que hacer unos guisitos para
los chicos del barrio. Y vos sabés que hago
unos guisos fabulosos. Sí mamá, siempre

me acuerdo de tus guisitos, le decía yo
a mi mamá, llorando, mientras ella
cruzaba el cielo a toda velocidad, cantando,
como no podía ser de otro modo, la marcha

peronista. La canción más linda del mundo,
según Dios y según mi mamá, que picaba
la cebolla y cantaba, cantaba, como una loca,
todos unidos triunfaremos, muerta de risa

como ahora, en su panadería de luz.

Osvaldo Bossi

 

Como pájaros en el aire

Las manos de mi madre
parecen pájaros en el aire.
Historias de cocina
entre sus alas heridas de hambre.
Las manos de mi madre
saben qué ocurre por las mañanas
cuando amasan la vida
horno de barro, pan de esperanza.

Las manos de mi madre
me representan un cielo abierto
y un recuerdo añorado
trapos calientes en los inviernos.
Ellas se brindan cálidas
nobles, sinceras, limpias de todo.
Cómo serán las manos
Del que las mueve gracias al odio.

Las manos de mi madre
llegan al patio desde temprano
Todo se vuelve fiesta
cuando ellas vuelan junto a otros pájaros.
Junto a otros pájaros que aman la vida
y la construyen con el trabajo.
Arde la leña, harina y barro.
lo cotidiano se vuelve mágico.

Peteco Carabajal

Nos mata lo mismo

mi madre
que vendió mi escopeta para
comprar una máquina de escribir
nunca me pidió perdón

la perdoné
cuando entendí
que una máquina de escribir o una escopeta es
ese tipo de herramienta
que desconoce la mano
de sus amo y mata

solo cambia
la permanencia en lo estéril
y el tiempo
que dura la agonía

Fabio Cardarelli

Su madre…

Su madre calentaba el baño
con alcohol de quemar en una olla,
colgaba una sábana de dos clavos
como un cristo desnudo y sin brazos,
y llenaba un fuentón
con agua caliente de la cocina.

El niño miraba el fuego
en la epifanía de una soledad apenas suya,
hasta que unos pasos abrían su mundo,
y caía el invierno derrotado y aturdido,
bajo una toalla envuelta en su cuerpo mojado.

Juan Pablo Abraham

Un limón del patio
de mi madre enferma.
Ella lo recoge
en una tarde lenta.

Yo no he sido nunca
la hija consentida.
Pero me ha entregado
muda, ese limón.

*
Yo soy, en cambio, la hija que se ocupa
de los pequeños trances familiares.
Mirar a los ojos a la perra
que un extraño va a sacrificar.

Mirar a los ojos a las gatas
que se quedaron sin su cría.
Mirar a los ojos al bebé
que no volverá a ver a su padre.

Lavar a la madre
con un jarro viejo
una tarde de invierno
sin hablar.

Mis hermanos son seres
de piadoso corazón.
No soportan
ese tipo de cosas.

Carina Sedevich

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El poema “Reencuentro” fue copiado del muro de Faceboock de Alejandra Pérez Tujague.
El poema de Sonia Scarabelli se copió del libro La memoria del árbol (Los lanzallamas).
El poema coreano fue traducido del coreano al inglés por Don Mee-choi y del inglés al castellano por Jonio González. Extraído de campodemaniobras.blogspot 
El poema de Osvaldo Bossi fue copiado del muro de Faceboock de Claudia Masin.
La letra de la canción de Peteco Carabajal fue copiada de un cancionero popular.
El poema de Fabio Cardarelli se copió de su libro Truco de espejos (Lago Editora).
El poema de Juan Pablo Abraham de su libro La soledad del pan (Borde Perdido Editora).
El poema de Carina Sedevich se extrajo de su libro Lavar a la madre (Buena Vista).

Las ilustraciones son detalles de fotografías de  Alfred Stieglitz (1864–1946)

 

  • Silvia Giambroni es profesora de Lengua y Literatura, pedagoga, pero por sobre todas las cosas, lectora. Trabajó 32 años en la docencia. En Barbaria hace lo que más le gusta que es seleccionar poemas porque sí, con la intención de compartirlos, darlos a conocer, donarlos a quien quiera, para hacer de este mundo un lugar, aunque sea por un momento, más habitable.

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