De ropas, cuerdas y vientos

En los poemas elegidos son mujeres las que cuelgan, recogen, miran la ropa en la soga. Recuerdo escenas de películas de amor en terrazas llenas de sábanas tendidas que esconden y reencuentran a los personajes.
La ropa cuelga de la cuerda y es espejo de vidas, de historias, de recuerdos. La ropa que la lluvia moja, que el viento hace danzar como escritura de la luz, de la nostalgia, de la decisión de no olvidarse. De la soga cuelgan versos y amores, la vida y la muerte, la claridad y la ilusión de lo que tal vez no es.

 

Descuelgo la ropa,
la doblo,
la guardo
con el sol adentro.

Giselle Aronson

Suzuki Harunobu (1725-1770), ‘Joven en lluvia de verano’

***

He corrido bajo la lluvia hasta la soga
con la ilusión de un náufrago.
He dado el tirón para acercar
la camisa blanca, las sábanas.
Algunos broches han saltado al suelo,
y no me importa porque he corrido
bajo la lluvia hasta la soga
y ahora intento
recoger
la funda de la almohada,
dos remeras, un corpiño,
estos repasadores que no llegaron a secarse.
Es curioso lo que sucede con la lluvia:
nos hace creer que existe una familia.

Valeria Pariso

***

La lluvia de cinco días

La ropa lavada cuelga del limonero
en la lluvia
y el pasto, largo y descuidado.

Secuencia rota, rota
Tensión de luz solar.
Lluvia tan tenue

finos jirones
cuelgan sobre las hojas tiesas.

Vístete de colorado! ¡Arranca los limones verdes
del árbol!                    No quiero
olvidar quién soy, lo que dentro de mí ardió,
y colgar, lánguida y limpia, una falda vacía—

Denise Levertov
(Versión de Cinthia Mansfield)

Harunobu Suzuki 1724-1770 ‘Día de lavado‘

***

Mi vecina ha lavado ropa oscura
Y la ha extendido en una cuerda al sol.

Admiro la coherencia del conjunto.

Me regocija la pulcritud
de mi vecina:
la economía con que ordenó el tendido
y dispuso los broches de madera
sin encimar las prendas
ni estirarlas.

Solía tender cuando tenía un patio,
un hijo pequeño, un compañero.

Fui dulce y cuidadosa con sus ropas.

Carina Sedevich

***

Mi vecina no ha lavado hoy.
Pero ayer sí:

sábanas blancas,
casi transparentes.
Cómo mojaban el viento.
Cómo crujían liberadas
de los cuerpos cansados
y calientes.
Saludos, sábanas piadosas,
que abrigan a la vida
y a la muerte.

Carina Sedevich

***

Esta mañana
los árboles alumbraban
una primavera perfecta.
Pero era otoño
templando el amarillo,
secando el tiempo
como una ropita estirada
en la soga.

Julieta Lopérgolo

***

Por última vez
había que subir a la terraza a destender
tu ropa.
Había que ver cómo algo tan simple
nos hería.
Esa mañana contraria a las demás
la forma de tu cuerpo ondulaba en la soga,
el aire envejecido,
empastado de nada,
todo lo que no.
Queríamos decir mañana y no,
cielo celeste no,
ni vamos,
ni en un rato.
Lo único importante era esa ropa paralela
a la certeza enorme de tu muerte
en los oídos
Podríamos haber velado directamente
la ropa tendida,
abrazados,
mientras soplaba ese viento desacostumbrado de junio
sobre el techo inocente de tu casa.

Julieta Lopérgolo

 


Los poemas se extrajeron de:

El de Giselle Aronson de su muro de Facebook.
El de Valeria Pariso también de su muro de facebook
Los de Carina Sedevich de su libro Klimt, publicado en 2016 por Club Hem Editores, también pueden leerse en Los Budas y otros poemas de Editorial Eduvim, publicado en 2017.
El primero de Julieta Lopérgolo es de su libro “Más lento que la noche”, editado en Córdoba por Postales Japonesas en 2019.
El segundo de Julieta Lopérgolo es de su libro “Para que exista esta isla”, Postales Japonesas, editado en 2018 en Córdoba.
El de Denise Levertov fue copiado de Antología poética, editado por Alción Editora en 2001 en Córdoba.

Autor

  • Silvia Giambroni es profesora de Lengua y Literatura, pedagoga, pero por sobre todas las cosas, lectora. Trabajó 32 años en la docencia. En Barbaria hace lo que más le gusta que es seleccionar poemas porque sí, con la intención de compartirlos, darlos a conocer, donarlos a quien quiera, para hacer de este mundo un lugar, aunque sea por un momento, más habitable.

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