El arte de bordar

En unos de los tantos vivos en las redes que vi en esta cuarentena escuché a Patricio Emilio Torne leer su poema “El arte de bordar” y me maravilló, luego de contactarme con él me envió, generosamente, su libro Frenesí donde está el poema tan deseado. Patricio me contó que lo escribió luego de ir a una muestra de Jazmín Berakha, artista visual porteña, cuya obra es bordada, y esas texturas y colores inspiraron el poema. Jazmín soñó una noche que bordaba unas flores gigantes, nunca había bordado pero por esos días, obra de la magia o el azar, le llegó la invitación a tomar clases de bordado y se enamoró de esa técnica. El bordado del poema de Patricio Torne se revela como símbolo que anida en los delicados manteles de los poderosos pero también en las bolsas de azúcar de arpillera que desechaba una empresa azucarera inglesa y que su madre bordaba para usarlas como mantel, y, para sembrar, en esa urdimbre de animales y flores de múltiples colores el germen del amor por el arte y también la conciencia de la dignidad.
Mariana Robles vive en las sierras de Córdoba y trabaja de manera fluida la escritura, el dibujo y el bordado, y trama con palabras los bellos tapices ancestrales de Perú que cuentan la historia del hombre unido a la naturaleza, el trabajo y el arte.
En el último y bello libro de la bielorrusa, radicada en Argentina, Natalia Litvinova descubro dos poemas que hablan del bordado como oficio que es tradición oscura, de encierro y sumisión, de espera resignada, que la poeta conjura de alguna manera.
Y los poemas son manos que dibujan con hilos un destino, hilos que son también voces y palabras, y entonces recuerdo el poema de Edith Vera que remite a la infancia y a la distracción de una niña que se pierde en la belleza de los pájaros y olvida con qué hilo bordar el centro de los jacintos.
El bordado, tarea de mujeres que saben de paciencia, de espera, de memoria y también de epifanías, luchas y transmisiones, es el tema que elegí o me eligió. Y por supuesto, en la experiencia íntima del lenguaje la construcción del sentido es imprevisible e insegura, por eso, aunque les conté apenas el camino lector que me llevó a estos poemas dibujados con palabras e hilos de colores, sé que ustedes encontrarán otros que multiplicarán de manera infinita. (todas las ilustraciones corresponden a bordados de Mariana Robles)

El arte de bordar
Joan Cleeford bordó los 30 manteles
que se usaron en el casamiento de su hija Nancy.
Blanco sobre blanco la textura encantaría a los invitados,
después, los mismos se usarían en la película
El Gran Gatsby de Jack Clayton en 1974.
Por estos días de diciembre del 2014,
la artista y diseñadora argentina Jazmín Berakha,
después de encontrar las telas que quería
en una tienda de Tokio y bordar durante todo un año,
presenta su muestra “Encantamientos”.
Dice ella que más allá del encantamiento instantáneo
con el material, lo que fascina es la entrega
de trabajar con el bordado, una técnica poco inmediata
que requiere de muchísimas horas diarias
para poder generar una sola forma.

Mi mamá se crió trabajando para las familias inglesas
que tenían la administración de la Forestal
en el chaco santafesino, allí conoció los preciosos manteles
de hilos bordados con los que se cubrían las mesas
donde comían sus patrones.
Ella misma aprendió a bordar y las grandes bolsas
de azúcar que trasladaban en los trenes de la forestal
eran los manteles de mi casa.
Dos bolsas unidas bastaban para la mesa grande.
Sobre su madera, por dos veces
podía leerse en letras azules:
ZUGAR – The Forestal Land, Timber
and Railways Company Limited-
y a su alrededor, flores de intensas tonalidades,
o una extraña fauna que nos miraba y se dejaba mirar
sin que sepamos nunca de donde aparecían
esas cebras lilas y naranjas, o las jirafas de cuello corto
y manchas azules sobre fondo rojo,
para que los dedos y los hilos de colores de mi madre
los copiaran como quien dice voy a dibujar
las vacas o las gallinas del corral.
Uno comía, sin saber en aquellos años,
que ya tenía para sí, la idea de lo exótico,
ya éramos hijos del encantamiento.

Cuando la oración, a la luz del sol de noche,
mamá embellecía aquellas arpilleras blancas
que los ingleses desechaban, mientras mis hermanos
hacían la tarea bajo la tierna vigilancia de esa mujer bruta.
Sin saber -no podía saberlo-,
ella ponía ante nosotros, más que un arte,
la dignidad con la que nos iría educando.

Patricio Emilio Torne

Cuando cumplí ocho años
mi madre bordó una blusa,
para cuando te cases, dijo.
A los veinte la encontré en el placar
bajo un montón de ropa.
El bordado parecía nuestro jardín
y las flores blancas se habían marchitado.
Ahora que cumplí 33
la uso para envolver un cuaderno
lleno de historias que escondo.
Esta blusa es piel para el olvido.

Natalia Litvinova

El bordado familiar
me pone a prueba,
no sé a dónde clavar
las agujas que heredé.
Aquello que sería
mi vestido de boda
hoy es un trapo
donde duerme mi gata.

Natalia Litvinova

Antiguos textiles

Los tapices antiguos de Paracas
tejen códigos ancestrales; músicas
alucinadas de la tierra. Las cosas
que allí se nombran estrechan
al hombre con la naturaleza,
las palabras con las imágenes
y la poesía con la pintura.

La urdimbre perfecta
imita las sílabas del trabajo.
Una a una las consonantes
del alfabeto eterno
que nos aguarda.

Mariana Robles

Cientos de aves azules
conciertan en el cielo
su unión.
Es entonces que yo escribo en pequeños caracteres.
Se llevaron la luz y mi memoria
y ya no sé distinguir
cuál es el color de la hebra de seda
con que debo bordar el centro de los jacintos.

Edith Vera

Notas:

Los poemas son de los siguientes libros:

Torne, Patricio Emilio. Frenesí. La gran Nilson. Buenos Aires. 2017
Litvinova Natalia. La nostalgia es un sello ardiente. Llantén editorial. Buenos Aires.2020
Robles Mariana. Los niños de Renoir. Editorial Nudista. Córdoba. 2016
Parodi Marta. Con trébol en los ojos. Vida y obra de Edith Vera. Editorial Plus Ultra. Buenos Aires. 1996

Silvia Giambroni
Julio 2020

 

Autor

  • Silvia Giambroni es profesora de Lengua y Literatura, pedagoga, pero por sobre todas las cosas, lectora. Trabajó 32 años en la docencia. En Barbaria hace lo que más le gusta que es seleccionar poemas porque sí, con la intención de compartirlos, darlos a conocer, donarlos a quien quiera, para hacer de este mundo un lugar, aunque sea por un momento, más habitable.

4 comentarios

  • Mi madre era de época de la Bernard, nos recitaba y cantaba con su voz de soprano ,con la frustración de no haber logrado vivir cantando.Me enamoré de la palabra del decir con rima o sin ella. Creo que la poesía es una caricia al alma. Gracias Silvia.

  • Siempre me encuentro con la belleza de los poemas…de la mano de silvia!!! Precioso texto!

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