Felipe Pez: La inmersión en el monte

Monte. Arte textil 20×30 cm (2020)
«Sofía». Serigrafía 36×45 cm (2019)

En días de pre-pandemia Felipe Pez (Río Tercero, Córdoba) presentó su última obra, Delirio Místico. Fernanda Juárez estuvo allí y en este artículo describe y analiza las constantes y variaciones en su indagación a través de las imágenes.  

Delirio Místico, último trabajo del artista plástico riotercerense Felipe Pez, llega como continuación de una búsqueda más profunda que incluye momentos y experimentaciones previas en las que está presente – siempre en clave introspectiva- una invocación a la naturaleza y al vínculo que los seres humanos establecemos con ella. La continuidad con su anterior intervención, titulada Transformaciones, es explícita, a partir de la incorporación de algunas obras que llevan ese mismo título y la referencia a técnicas, colores y materiales que recuperan el misticismo del monte, como lugar sagrado y de metamorfosis. La propuesta da cuenta de un proceso de creación sostenido en el tiempo en torno a los estados mentales y la relación que establecemos con el entorno a partir de la representación de procesos internos signados por la pérdida del autocontrol y la recuperación de la conciencia.

«Damian». Serigrafía 36×45 cm (2019)

La propuesta de Felipe Pez se estructura en dos dimensiones: arriba y abajo. También podría leerse como adentro y afuera. En el orden superior, en el plano de la luz, vemos obras figurativas trabajadas a partir de fotografías de santos creadas por el propio artista. El delirio místico en este caso aparece representado y contenido por los límites de la figura humana en una serie que nos recuerda el formato de las “estampitas religiosas”. Las imágenes conducen hasta la figura de San Sebastián – reconocible por llevar sus manos atadas y estar caracterizado como mártir- y otras imágenes religiosas femeninas que si bien evocan la clásica figura de la virgen también podrían estar emparentadas con personajes que provienen de la imaginería popular, como Gilda o la Difunta Correa. Estas fotografías recibieron distintos tratamientos por parte del artista hasta ser transformadas-por medio de la serigrafía- en una suerte de “fotocopia”. Esa técnica le garantiza al artista un efecto de “suciedad” en la imagen, que acompaña su actitud desacralizadora, a la vez que sitúa las obras en el mundo de lo efímero y lo obsoleto, propio de las formas de consumo actual.

En el plano inferior podemos apreciar múltiples representaciones de carácter abstracto que podrían dar cuenta de una visión interna perturbadora: la inmersión del hombre en el monte, reconocible por logradas texturas, trazos y colores que dan cuenta de ese proceso. La tierra, los pajonales, los incendios, las suaves elevaciones y unos posibles cielos con nubarrones y remolinos provocados por el viento, reflejan el interés del artista por situar su obra fuera del contexto urbano. Pero esto que vemos también representa un interior del delirio, aquello que aparece con furia y descontrol, y que se manifiesta sin forma definida ni se ajusta a coordenadas de espacio y tiempo cuando entramos en trance. Es la evocación de un estado de ánimo vinculado, quizás, con los componentes místicos que le atribuimos al monte: magia, energía, hechizo, sanación y, por qué no, lugar de protección para conectar con aquellas contradicciones profundas de nuestra existencia. El monte seco, y quemado, aparece en estas obras como un entorno sin vida que nos advierte sobre un mundo en posible extinción.

«Monte». Collage 27×35 cm (2020)

La aparición insistente de una figura extraña, una abertura en la tela con forma de boca o portal, funciona como una presencia que se repite en la propuesta del artista. La figura con reminiscencias geométricas, atravesada por una línea negra inclinada, tiende a romper con el desorden del monte. Es un elemento clave para guiar al ojo del espectador hacia una posible salida. La abertura sugiere la presencia de otros mundos, una vía de escape, tal vez un artefacto mágico que permite transportarnos nuevamente hacia ese estrato superior donde habitan los santos. El efecto también sugiere un límite al estado de trance y el cese de las fuerzas arbitrarias que dominan la escena.

 

La obra de Felipe Pez asoma por partes. No la vemos completa. Podemos encontrarla de manera fragmentada en distintos momentos y soportes. La base de la formación del artista -su experiencia con los materiales textiles- está presente en todos sus procesos creativos. Trapos enterrados para luego ser reutilizados en sus trabajos. Una experimentación basada en el reconocimiento de inesperados efectos de descomposición y alteración de la materia producidos por la intervención de organismos que habitan en el subsuelo. La aparición de pequeñas grullas de género cosidas a máquina sobre la pintura y la presencia de formas que nos recuerdan el origen mismo de los materiales textiles: las plantas, los yuyos, la tierra, la semilla, el viento. Todo remite a una búsqueda de estados intermedios, entre lo vital y lo inerte. Es decir, de aquello que está dispuesto a renacer.

 

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Instagram: @felipe.pez

 

Autor

  • Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea (Universidad Nacional de Córdoba). Docente en la UNC y en la Universidad Provincial de Córdoba. En 2018 publicó Al rescate de lo bello (Caballo Negro Editora), una compilación de textos del escritor y periodista Jorge Baron Biza, con quien colaboró en trabajos de crítica de arte. Participó en diversas publicaciones universitarias como Hoy la Universidad, revista Alfilo, Interferencia, entre otras. 

3 comentarios

  • Muy interesante lectura del proceso de la obra, la cual está interesada en nuestras relaciones y con la naturaleza.

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