La aritmética de la espera (sobre Un corazón gorila de Leticia Ressia)

En uno de sus stands up el periodista y escritor Emanuel Rodríguez recrea una estadía y espera en el banco. Al hablar de las pantallas con los turnos alfanuméricos, resalta que esas inscripciones digitales -que cambian tras un sonido monocorde- rara vez coinciden con el papel que tiene el cliente en la mano; Rodríguez jocosamente dice que la numeración “parece una batalla naval indescifrable” para cada cliente. Esperar el B13 y que aparezca luego el G9 no tiene ninguna lógica o explicación.

El último libro de Leticia Ressia contesta a ese gag de Rodríguez: en Un corazón gorila asistimos a la descripción del modo en que se ejerce el control y el cosmos dentro de las instituciones bancarias, donde los “simios” aguardan con su papelito como si de idolatrar a un dios detrás de una ventanilla se tratara. La clara alusión del título (a “clara” se la llevaron presa en esta época de absolutos relativismos y posverdades) es una puerta de ingreso, aunque las hay variadas. Asistimos en el poemario a títulos que son letras con números, y algunos otros marcan una hora. En el inicio del libro, en E136, leemos lo siguiente: “Cuando un poeta entra al banco/su astral se desprende/y espera afuera”, donde economía y hermetismo se dan cita, una demasiado extraña y sin embargo obligada.

Acudimos en el poemario -como señala en el prólogo la escritora Claudia Huergo- a una obra de teatro: hay escenario, personajes-clientes, didascalias y voz en off tras bambalinas de la poeta que escruta y dimensiona la espera y lo que sucede en una de las sucursales bancarias locales más conocidas. “Hay silencio en lo que se derrumba” leemos en E222, macerando el odio que la espera en este tipo de instituciones propina a sus incondicionales acólitos, es decir a cada uno de nosotros. A diferencia del registro de sus volúmenes anteriores, la poeta aquí mixtura irónicamente una semántica del Dios dinero (no olvidar el “In godwe trust” de los billetes verdes) con el tono de sermón y diatriba religiosa: “Soy esta oveja que pasta en yuyos radioactivos/obedezco a una oscuridad más grande/Dios es mi pastor/nadie me puede embargar”.

Si bien hay un intento de provocación con ese “corazón gorila” (slogan que Córdoba ha refrendado y refrenda muchas veces en los guarismos de las elecciones presidenciales), se cuela también una escenificación a la manera de los frescos de Daniel Santoro, hasta del Quinquela Martín del movimiento social, aquí claro que alrededor de la institución bancaria: “los albañiles, este edificio/ángeles mestizos traídos de las márgenes/erigieron con su alegría la ironía de la felicidad/y pintaron sus paredes con la sangre de los toros/escudo taurino contra el enemigo/nadie atacará este templo ni violará sus puertas…”. El hombre se convierte en un engranaje de esos numeritos para que luego un aletargado animal se prosterne en la ventanilla. “Pero todavía no ha entrado a este banco/el Santísimo capaz de predicar/la dignidad del hombre por encima de las cosas…”, en una reversión irónica de la griega sentencia “el hombre es la medida de todas las cosas”.

La idea de la inminencia, del cambio por insurrección sobrevuela el poemario, aunque Ressia no deja de inocularle el virus de la ironía: “¡Ah!, pero la espera es la esperanza/el fin del mundo tiene cinco minutos de demora” aunque más adelante diga, en el poema A128 que “El sueño es una posibilidad feroz”. En la sección final los títulos están marcados por horas, que van desde las 22 a las 3 de la madrugada, horario en que los bancos no funcionan al público. Ressia plasma una ensoñación reconcentrada que se erige desde la Plaza San Martín, cambiando la perspectiva espacial, ahora frente al banco donde se ha desarrollado la trama anterior: “De día, la jaula de los monos/simula una campana. Capricho/de la arquitectura bancaria/artesanía abstracta de la herrería”. La poeta conjura lo sucedido en la mañana y lo transmuta: “¿Es redención esperar?/¿Escuchas crujir nuestros errores?”; a las 1:13 de la madrugada encontramos  “…sea mono/haga lenguaje con poco/acaricie sus rejas/pida un crédito/vote a su herrero/póngale un dueño a su hambre”.

No es este el tono ni la temática que más me gusta leer de Ressia (La selva oscura, El hielo de la guerra captan mejor su voz en mi opinión), aunque hay un evidente trabajo de composición para forjar el latido propio y teatral del volumen. Una muestra más de ello, en un mandamiento de estas instituciones monetarias: “Ninguna escritura o documento sale del suelo santo/si la luz lo alcanza se convertirá en cenizas/nada que hayan planificado los vampiros sobrevive al día/La mujer jadea hasta la puerta, le piden disculpas los querubines/el banco es así, la vida es así, el cáncer también/Dios está en todos lados y solo atiende con número”.

 

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A517

138 personas en espera

Una mujer enferma pide que le lleven los papeles al auto
dice el banco que no. Ninguna escritura o documento sale del suelo santo
si la luz lo alcanza se convertirá en cenizas
nada que hayan planificado los vampiros sobrevive al día
La mujer jadea hasta la puerta, le piden disculpas los querubines
el banco es así, la vida es así, el cáncer también
Dios está en todos lados y solo atiende con número

 

* * *

A128

70 personas en espera

Envidio a los pocos que duermen
son inalterables
son el ciudadano promedio
los que pueden algo

A128
El sueño es una posibilidad feroz

A128
20 personas en espera

Un aliento les recuerda donde están y sacuden
el cuerpo cuando despiertan
como si la electricidad de una vida entera les diera en el alma
o una ráfaga de plomo les partiera el pecho
o el ángel de la muerte les soplara los ojos.

 


Un corazón gorila

Leticia Ressia

Buena vista editora

2020

 

Autor

  • Nació en Santa Rosa, La Pampa, en 1979. Es Licenciado en Comunicación Social y en Letras Modernas (UNC). Ha publicado los libros de cuentos: La quimera(2009), El brillo gemelo (2016), La joroba del Edén (2018) y Hueso al cielo (2018).

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