Me levanté con el pie izquierdo

En el día de lxs zurdxs, Barbaria te invita a leer este texto de Mónica Melo. Con nuestra mano izquierda copiamos algunos fragmentos abajo, pero al final tenés el enlace para descargar el pdf del libro completo (ilustrado por Ana Luis Burroni, Katana). Un libro hecho con ESTA mano:

 

En este preciso instante, hay millones de personas encerradas en sus casas, en cuarentena, escribiendo libros, pensando sus vínculos, ofreciendo milagros sin forma en nombre de sus dioses, de sus manifestaciones de amor, en maneras diversas de vivir zurdamente la paz.

Nuestro día es el 13 de agosto debido a que ese día, en la ciudad de Topeca, –Kansas– se fundó en 1975 la Organización Internacional de Zurdos.

Click en la imagen para descargar el libro completo

No todos los zurdos somos iguales. Hay quienes lo son para escribir, pero no para patear, tomar las servilletas o besar. O al revés: hay zurdos para defenderse de un golpe pero escriben con la diestra. Hay personas totalmente zurdas y algunas se adecuan a través de los años a hacer ciertas acciones como el mundo diestro lo impone.
En un universo bosquejado por derechos y para derechos, la odisea empieza desde que agarramos el chupete y sigue con la mamadera, la tacita, la cuchara y el lápiz, para continuar toda una historia de dificultades con los instrumentos, las máquinas, los caminos por donde transitamos las brújulas de la vida.

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La moto elegida para el viaje más famoso del Che, fue una vieja Norton 500 cc ES2 de 1939 propiedad de su compañero de viaje, Alberto Granado, a la que llamaron “La Poderosa II”. Cuando lo supe, pensé que lo más difícil para el Che habría sido lidiar con el equilibrio y el arranque de su máquina. Al ser zurdo todo estaría dado vuelta entre sus extremidades inferiores y los caminos de tierra, sangre y poesía por conocer. Pero no, lo más complicado fue lidiar con un chasis rígido y una suspensión delantera en paralelogramo, nada ideal para llevar equipajes por carreteras no asfaltadas.

“¡Póngase sereno y apunte bien! ¡Va a matar a un hombre!”, gritaría más tarde, Ernesto, con la vista nublada por el dolor y la derrota un mediodía del nueve de octubre de 1967 en la escuelita de “La Higuera”, mientras divisaba borrosamente a su verdugo, el soldado boliviano Mario Terán. Al mirar los ojos sin fondo del Che, dio un paso hacia atrás, cerró el dolor y apuntó con una mano izquierda mareada, ciega… absurda.

 

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Hasta 1921 se nos consideraba locos y en 1960 se relacionó la zurdera con la dislexia.

Les zurdes debemos usar nuestro reloj y nuestra alianza en la mano derecha, así como les diestres los usan en la mano izquierda. Nuestra mano hábil siempre debe permanecer despejada, libre de objetos que puedan provocarnos un accidente.

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Mantel rojo, sándalo y agua fresca, una vela blanca. El silencio en el ojo de la noche. Juegos peligrosos que invocan mi nombre en la senda futura, en las cenizas del pasado que se resiste a perdonar. Preparo las cartas sobre la mesa. Las barajo con los restos de la duda y sus presagios. Corto dos veces con la mano izquierda, con mi mano sabia, la que sabe cómo escribe mis horas el corazón.

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Trabajé en China durante dos años como profesora de español. A las dos semanas quise aprender caligrafía, un arte de belleza que supera todas las letras de todos los abecedarios del mundo, ya que los ideofonogramas no son letras, sino ideas conjugadas con ciertos rasgos fonéticos y semejan auténticas miniaturas bidimensionales. Mi maestro me miró oscuro,  torvo, no me dirigió la palabra por dos clases. Yo no entendía qué sucedía ¿Habría elegido mal los pinceles? ¿No serían de pelo de caballo, como me había rigurosamente encargado? ¿Mi piedra de tinta no era tan negra, tan segura, tan espesa? Nadie hablaba abiertamente con nuestro sabio calígrafo, solo escuchábamos la música de un discípulo que tocaba el erhu. A la tercera clase, luego de que todos se habían retirado –salvo algunos rezagados que secaban sus pinceles– le pregunté al Maestro qué sucedía. Me dijo que no le gustaba mi insistencia en hacer mal las cosas, en escribir con la mano izquierda. Mis perezosos, gorditos, felices ideogramas fueron entonces desviados a la incierta y rezagada grafía diestra.

Podes descargar el libro en Pdf en este enlace.

 

 

Autor

  • Mg. en Tecnología Educativa (UBA), licenciada y profesora en Letras (UBA), Editora (UBA) y escritora. Me dedico a enseñar literatura a adolescentes en la escuela secundaria y enseño Registro y Organización de Materiales Editoriales en la carrera de Edición (UBA). Además, tengo a cargo la cátedra de Semiología en la carrera de Técnico en Edición (UNTREF) y colaboro como tecnóloga educativa en el Instituto Superior de Intérpretes de Idioma Chino (ISIIC). Estudio y practico todo aquello relacionado con doctrinas y filosofías no duales.

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