Nevers, Lucien, dieciocho (Engañapichanga 20)

para Enrique Lacolla

Escribí muchas veces sobre Hiroshima, mon amour en otros libros míos: fue por un comentario que hice sobre la película, en el cursillo de ingreso, en 1967, que me admitieron en la Escuela de Cine. Tenía dieciocho años. Nos la proyectaron y tuvimos que escribir inmediatamente lo que nos había parecido; le gustó mucho a Enrique Lacolla, uno de los profesores del tribunal. Me conmovió la historia de amor imposible y cercenada, el amor prohibido entre los aparentes enemigos, el romper los tabúes, los viajes de ella en bicicleta por la campiña francesa, en Nevers, para ir al encuentro de su soldadito alemán, con la música de Delerue que la empujaba y la hacía volar, ella que a los dieciocho años iba en alas del amor, me asustó la muerte del soldadito alemán y el castigo por colaboracionista al haberse enamorado de su enemigo, cuando la rapan y araña las paredes del sótano en que está encerrada para sentir el sabor de la sangre, para saberse viva… Me conmovió ver cómo la vida se repite y luego se enamora del japonés, y cuando habla del olvido, de la juventud, ¡Qué joven fui un día!, grita en el bar, y tiene treinta y dos años solamente… Yo en 1967 estaba viviendo una situación difícil con mis padres, había abandonado Medicina y les había comunicado mi decisión de estudiar Cine, lo que no comprendían ni aceptaban. En la película son el pueblo y los padres quienes la castigan.

Ayer, viéndola de nuevo, me causaba una emoción tan profunda, después de tantos, tantos años, que me hizo comprender/ver que la película, además de que es de una novedad y belleza deslumbrantes aún ahora, habla de mí, no solamente de lo que estaba viviendo sino de lo que estaba por vivir también con mis padres al año siguiente, cuando me enfrentaría nuevamente a ellos defendiendo con uñas y dientes a mi primer amor. La película anticipaba mi vida, así como el texto de El idiota anunciaba y ordenaba mi malestar físico. Sentí ese golpe repentino del comprender, me di vuelta llorando hacia mi amor, el de ahora, que tiene treinta y dos, después de cuarenta y ocho años de esa primera emoción al ver Hiroshima, y le dije: ¡Claro!, era eso

Una emoción semejante sentí en Caracas, en 1976, cuando con mis amigos Nancy y Eduardo vimos Lacombe, Lucien, de Louis Malle. Cuenta la historia de un joven francés, de dieciocho años, campesino, tosco, que colabora con los nazis de un modo primitivo, animal, obtuso, sin comprender nada de lo que hace, y luego se enamora y salva a una chica judía y a su abuela, las rescata del secuestro de la Gestapo, las esconde en el campo y se abre al amor y la vida. Al final, un final muy abierto, con ellos acostados entre las hierbas salvajes, él mordisqueando una briznita, ella se acerca a él y levanta una gran piedra como para matarlo o amarlo, como si fuera un sueño de amor y de odio y sobre esta imagen se lee la palabra Fin y luego se sobreimprime un escrito: Lacombe, Lucien fue ejecutado por la resistencia francesa por colaboracionista en 1945. Cuando leí eso y se prendieron las luces de cine, me paré pero me volví a sentar como si me hubieran cortado los tendones, me sentí morir de dolor por la injusticia, por la brutalidad de la Historia que no perdona a los culpables inocentes, que no perdona el amor. Volví a sentir, creo sin darme cuenta, todo lo que viví por haberme enamorado, todo el castigo que sufrí y que todavía me determina. Eso no ha cambiado, ahí está, aquí lo llevo.

Autores

  • Licenciado en Cine UNC, luego integrante del LTL. Vivió exiliado 10 años y a su regreso, en 1984, fue director de teatro de varios grupos reconocidos y docente en Cine y Teatro de la UNC, de donde se jubiló en 2017. Desde 2008 escribe novelas y relatos autobiográficos. Ya tiene 16 libros publicados, entre los que se destacan El chico y Perla, un retrato del vínculo con su madre.

  • Ilustrador, artista plástico, humorista. Publica y publicó en todos los medios que vale la pena. Hace buenos asados, vive con Marisa y tiene un perro que se llama Teo.

2 comentarios

  • ay… y ¿qué sería de nosotros sin el amor?
    pareciera una herida siempre abierta…
    y sin embargo es lo que da sentido a la vida misma.

  • Por curiosidad lamento no saber-recordar cuantas veces he visto Hiroshima….- Con mis 88 pirulos es visto, gozado-sufrido todo tipo de experiencias, pero lo de Hiroshima me ha marcado.al máximo, esta traida al cuento me ha causado un gran impacto y como no soy literado,escritor ni nada solo quiero agradecer a Videla por poder generar estas emociones y, como siempre como a brazar a Toul por su reconocido arte.- Gracias, gracias …

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