El oficio de manipular

Mauricio Martínez es parte de Barbaria  desde el inicio. Artista plástico, docente, director de arte, actor, y por supuesto: marionetista. Hoy, con palabras y pintura, nos invita a reflexionar sobre el arte de «manejar una cosa o trabajar sobre ella con las manos o con algún instrumento»

Oficio de sutileza, donde se pretende vivificar a través de gestos imperceptibles. Esa es la esencia de esta práctica.

Un marionetista es torpe en sus comienzos y esto hace que el espectador de su puesta en escena advierta su presencia. Imposible creer su historia, seguir su trama, amar u odiar a sus criaturas, sólo nos incomoda su notorio esfuerzo por hacer que el espectáculo nos convenza.

El gran titiritero, el marionetista excelso, a medida que avanza en su maestría desaparece.  Puede estar ante su público a cara descubierta y continuaremos sin verlo porque ha logrado que sus seres tengan vida, su propia y compleja existencia. De la brillantez del manipulante, depende que nuestro foco sólo pueda captar el drama o la comedia que sus personajes comparten con nosotros.

En el próximo nivel nadie advertirá las cuerdas, hilos o varas que operan a las figuras y tendremos la ilusión completa de que son semejantes a nosotros o que incluso nos comprenden y aconsejan como seres capaces de mayores virtudes que las nuestras.

Entonces, el maestro comenzará a manipular más allá de su objeto, a su objetivo. Hará que nos gobierne la emoción y si éste domina cabalmente su arte, creeremos en su propuesta como si fuera propia.

El espectador atento  crece en la medida que la propuesta se vuelve más sutil o decrece si se le ofrece sólo una burda representación. En este último caso, el manipulador carecerá del conocimiento necesario e incluso despreciará las bases de su oficio, puesto que su intención nunca fue dignificar a su público, empobrecido ante tanto espectáculo denigrante.

El falso titiritero, el manipulador inhábil y deshonesto, nos arrebata algo muy valioso, nos despoja de toda ilusión.

Autor

  • Mauricio Martínez es pintor, escultor, director de arte y marionetista. Publicó sus primeros dibujos en la revista Hortensia a los 15 años y para Barbaria, con gran placer, vuelve a ilustrar como en sus años mozos.

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