Paranoia pop: sobre “Entre hombres”, de Germán Maggiori

“Este es el único país en que la historia la escriben los que pierden”, dice un general en Cría terminal, la segunda novela de Germán Maggiori. Un coro de voces derrotadas, la de los que perdieron durante los años noventa, está presentes ya en Entre hombres, la primera obra del escritor, contando sus historias. Veinte años después, el informe de los vencidos continuará, transformado en una esperada miniserie.

En 2001, un jurado compuesto por María Fasce, Juan Villoro, Nuria Barrios, Alberto Fuguet y Rodrigo Rey Rosa premió, en México, la obra del escritor nacido en 1971. El libro se publicó sin llamar demasiado la atención, meses antes de la revuelta política, aunque a su modo, la anticipa: en una carnicería de barrio su propietario se dispone para un próximo estallido social. “Están preparando el campo para incendiar el país”, anuncia el comerciante. En 2013 volvió a imprimirse, y esta vez fue leído con mayor entusiasmo. Un par de años antes, en Los prisioneros de la torre, Elsa Drucaroff lo situaba en la cumbre del nuevo policial negro. Las villas, el narcotráfico, la prostitución y la corrupción seguían en donde el autor las había dejado, en una ciudad monstruosa, que continuaba devorando y reproduciendo a sus ciudadanos.

La palabra de James Ellroy inaugura Entre hombre: “No se puede perder lo que no se ha tenido nunca”. La cita fue extraía de la primera página de América, que comienza con una sentencia que también podría haber empleado Maggiori: “El país nunca fue inocente”. Las invenciones del norteamericano pueden sentirse en las historias cruzadas que la novela aprovechará   para narrar las peripecias de un intento de extorsión. Una noche loca, un conurbano demencial, la mano dura de la policía y la mano rápida de los funcionarios estatales impulsan el relato salvaje que el poder masculino monta con las vidas del amo y del esclavo.

En un amanecer de marzo de fines de la década del noventa, en la zona de Retiro, una planificada reunión entre tipos influyentes(un juez federal, un senador, un empresario) y prostitutas de Palermo termina mal: “La calle no da segundas oportunidades y aquella noche, que ya era día en realidad, no parecía ser la excepción”. Así, con un ritmo fulminante, comienza el policial. La prosa visual del autor de los cuentos de Poesía estupefaciente interrumpe en las esquinas marginales que el cine argentino filmó durante la época de la convertibilidad y observa sus residuos. La televisión, por su parte,instaló los fenómenos escandalosos en la imaginación pública. La cultura audiovisual parecía haber captado antes y mejor lo que la literatura, con sus pausas, no lograba entender. Pero no. “El estado de cosas al que refieren Maggiori y Fogwill, por la maestría misma con que lo refieren, parece harto conocido”, reflexiona Silvia Shwarzböck, pero lo parece porque la clandestinidad devino explícita, en una manifiesta coyuntura neoliberal, “una especie de post-respiración artificial, de postparanoia, de postarltismo”.

La (post)paranoia pop de Entre hombres fue adaptada a la pantalla chica. Dirigida por Pablo Fendrik y producida por HBO y Pol-ka, cuenta con guion del mismo novelista. Dividida en cuatro capítulos, la miniserie fue presentada recientemente en Berlín, sede de uno de los festivales de cine más prestigiosos. “Si las películas de Quentin Tarantino tuvieran un narrador omnisciente, éste hablaría como el de Maggiori”, opinó Elsa Drucaroff. En todo caso, podría agregarse, habría que averiguar cuánto le debe el director a la literatura policial, a esas tramas violentas que Ricardo Piglia leyó como piezas constitutivas de lo contemporáneo.

  • Licenciado en psicología, Ha dictado cursos y escribe para diferentes medios de comunicación sobre libros, series y cine.

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