—Rescate— Diego Cortés: Fragilidad imparable

Voy a decir algo importante, debido a que reseñaré el libro de una persona que no está, y que ha sido faro ineludible en la cultura editorial cordobesa de los últimos más de 20 años: casi no conocí personalmente a Diego Cortés. Espero, dicho esto, que lo escrito acá pueda hacerle algún honor, sin estar mediado en mi caso por la larga y arremetedora influencia directa que Cortés tuvo en quienes formaron parte permanente de su órbita creativa, estética y editorial. 

Dije que reseñaría el libro de una persona, pero prefiero imaginarlo como un mamut irrefrenable, titánico, cuya relación con la realidad –desde su escritura- era tan veloz como de una alerta fragilidad. El altruismo, la potencia, o “prepotencia de talento”, como dice Iván Lomsacov en la reseña de Poema estúpido y otras canciones, hacen de esta poesía reunida, un tránsito completo por una senda que denominaré oriental de Cortés. Los volúmenes, a lo largo de su historia de escritura (desde 1995 hasta 2012), pese a variaciones simuladas en cuanto a extensión y algo de temática, son haikus elásticos, modelos breves a lo Basho o Shiki sobre la cotidianeidad del ser que vivencia e intenta contener ese vivenciar: “todavía veo / mi mano / estirándose / para atrapar / reflejos de luz”(«Pan»). 

Diego Cortés por Pablo Peisino

El autor deja en suspenso lo que convertiría (desacertadamente, en mi opinión) la poesía en profecía. Es poesía. Como en el I-Ching inmemorial, que describe los ruedos del alma pero sin arrogarse el tono predictivo, ni ajustar la vida del que lee hacia algún tránsito demasiado específico. Cortés se muestra ético en su fragilidad imponente. No es poesía social, es humanitaria, con la oscura agudeza de observación del Blake de los Cantos de experiencia, mezclada con la impronta de la generación beat, rasgo marcado por algunos de sus prologuistas y lectores. Parte de ello es Extraviado, uno de los mejores libros del volumen, de 2005: “a los que mienten / les muestro / mis manos vacías / ¿qué creés / que podés llevarte / aparte de este día / que se oscureció / con tu primera palabra?”. O esa otra pirueta chaplinesca (porque en el fondo hay de Chaplin, mucho), con ese “tratar / de ser feliz / sólo me entristece / así que /se lo dejo / a ustedes”.

Embriaguez aturdida, destrucción por ocupación corporal, con cierta inocencia, como es quedarse sin aire por no poder parar de reírle a la vida que se nos escapa; el poeta nos la descorre en su velo, con versos límpidos y sin ambages. Sus libros Piedra bajo el agua y Poema estúpido y otras canciones, son letanías, mientras que El evangelio de los débiles es monumento de esa –reitero- implacable e imponente fragilidad, con cierta toma de posición, que fulmina “este lugar para los que están huyendo”.

Existe así una fe en la piel, en el tembladeral que es el propio cuerpo latiendo: “¿Por qué / no podés / imaginar que el día / amanece a través de mí?” Y poco más adelante: “No quiero la verdad / si es sólo dolor”. («Acá no está la noche»). O “Choco / contra todos / y olvido. / donde están/mis manos / no está el cielo / donde están / mis huellas / hay sólo /polvo. / tierra fina / suave / y traidora. / tierra, / no polvo de oro. («Infierno envuelto en un pañuelo»). 

De “canciones”, incluido en el mencionado Poema estúpido y otras canciones, la imagen es un poster amoroso de nostalgia campestre: “la distancia / entre las cimas / es la caída / Y ya sabía yo / que lo mío / no era ascender / me cansa demasiado / pensar / cómo llegar / y permanecer, / me cansa demasiado / soñar / noches distintas / a las que compartí / con tu cuerpo saltando / en la oscuridad / abismo / sobre abismo.”

La poética de Cortés cumple materialmente con algo tan frágil como majestuoso, la posibilidad de un derrumbe. Dice en Poemas sueltos: “Soy una palabra/tallada en la pared/que vas a demoler”. Una última porción de la maestría breve, de esos haikus estirados, inscriptos en la cotidianeidad temblorosa y dignamente gastada hasta el último minuto, porque Cortés parece gastar la vida, transformando el conocimiento en bella pulsión arrebatadora. En Hijo (canción), escribe: “la belleza se queda/el significado se pierde/”.


Poesías

quizás
sólo merezca
el asco

quizás
nunca me han lastimado
y todo es mi culpa

quizás
sólo sea un maldito loco
que odia
que ama
que calla
demasiado

quizás asesino todo lo que amo

quizás me esté suicidando

pero sé
que este estúpido rostro que se
                                  estrella en el espejo
que estas manos manchadas
y esta terrible necesidad de
cambiar
son lo único
que me pertenece

lo
único
que puedo
perder.

                                   de Habitación vacía


el día
abre
mi cabeza al ruido

y vibro por las calles
junto a las ruedas
a las puertas
y ventanas

el día
es sólo eso

ruido sobre ruido.

Y esa
es la única música
que sé bailar

la única música}
que acompaña
mi torpeza.

                                   de Infierno envuelto en un pañuelo

a los que mienten
les muestro
mis manos vacías

¿qué creés
que podés llevarte
aparte de este día
con tu primera palabra?

                                  de Extraviado

                                 


Ruido sobre ruido. Poesía reunida  
Diego Cortés
Caballo negro editora
2018

Autor

  • Nació en Santa Rosa, La Pampa, en 1979. Es Licenciado en Comunicación Social y en Letras Modernas (UNC). Ha publicado los libros de cuentos: La quimera(2009), El brillo gemelo (2016), La joroba del Edén (2018) y Hueso al cielo (2018).

Un comentario

  • Gracias Nicolás por pintar los rasgos poéticos de Diego,puede conocerlo sin haberlo visto .Abrazo

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