Sobre Resentida de Esther Pineda

Leer el libro de poemas Resentida de la venezolana Esther Pineda es adentrarse en el llanto y el dolor de lxs desposeídxs y también en un discurso poético que está al servicio de la denuncia de múltiples subalternidades. El poema se transforma en grito, y ese grito se escucha nítido y desgarrado, busca transparentar la injusticia y la desigualdad, dar a conocer la extranjeridad que supone la diferencia, la imposibilidad de acceso de las múltiples diversidades que generan la esclavitud, el maltrato, la separación del resto.


Ser negro es nacer extranjero
ser negro es ser ajeno
a la tierra que te vio nacer.
Ser negro es ser
constantemente expulsado
con el discurso
con los gestos
con la mirada
……………….
El racismo
nos vuelve extranjeros
En nuestro país:
Yo soy extranjera
desde que nací.
Y así persiste el grito poético de Esther Pineda, denuncia el racismo que vuelve a lxs negrxs extranjerxs, denuncia a la América conquistadora y opresora, a las mujeres blancas con su hipocresía, plantea la paradoja de oprimir y silenciar y a la vez temer lo diferente, lo que no se puede comprender:


Paradoja
Tienes miedo
de nuestros rostros y cuerpos negros
pero somos nosotros quienes morimos
en tus manos blancas.


Junto a la denuncia también expresa poéticamente el orgullo de su raza, de su piel negra, de su origen que proviene de la tierra dadora de vida que es África.


En la segunda parte del libro la poeta plantea otra subalternidad, la de ser mujer, con una herida entre las piernas, herida que es marca de opresión, de prohibición, de la imposibilidad de hacer oír la propia voz. Pero justamente este poemario es denuncia y grito y por eso esta mujer no se deja doblegar, y se transforma en hacedora de su destino, se niega a ser reproductora, a vivir para otros, y ese deseo de hacer y crear la deciden a ser escritora, para usar la poesía como arma de lucha contra los múltiple poderes esclavizantes. Ella ha decidido usar su voz, transformar su palabra en denuncia y espejo donde se mire quien castiga y traiciona.
Ser extranjero tiene que ver con no ser parte, con estar fuera, con aislamiento, con soledad y desprecio, y la poeta se sabe extranjera por negra, por mujer que no acata los mandatos de sumisión, por mujer que dice:


No quise conformarme
Y ser reproductora.
…..
No quise conformarme
Con ver la vida a través de la ventana,
De ser abnegada,
De sacrificarme
De vivir para otros
De olvidarme de mí.


La voz lírica no acepta ser silenciada por los hombres, por los mandatos familiares, por los medios de comunicación.
A favor del aborto y la libre determinación de los cuerpos, en lucha permanente contra los abandonos que permiten que cientos de mujeres sean asesinadas y en muchos casos por sus parejas, en contra de un estado cómplice, la poeta grita y denuncia el horror de morir por ser mujer y se libra del miedo y arremete contra todo ejercicio de violencia y exigencia de sumisión.
Cuando describe al patriarcado su poesía se transforma en poesía social, feminista, se convierte en una poesía comprometida:


Cuando a una mujer la matan
el mensaje es para todas,
el patriarcado sigue vivo
y el estado lo perdona.

También denuncia la pobreza, el oprobio de no tener sustento, de no tener la posibilidad de sobrevivir, y de estos dolores y privaciones culpa y denuncia al estado patriarcal:


Mientras unos se disputan
nombramientos y etiquetas
seguimos aquí nosotros
administrando nuestras miserias.

La poeta da voz a los condenados de la tierra, siente el deber de hacer visible la injusticia, el dolor de los sin parte, de los desterrados, de los heridos, de los señalados.


He conocido el infierno
He oído los alaridos de los condenados
He visto los abismos en sus manos
He tocado sus rostros ahuecados…

También aparece el amor como fruto de dolor, de imposibilidad ya la vez de deseo e intensidad.
Por último la posición de la escritora, la que no se llama a sí misma poeta sino alguien que no puede vivir sin escribir y lo hace para aquel que no se aparta ante el diferente, para aquel que se conmueve, para aquel capaz de dar amor:


No soy poeta
no he escrito poemarios,
no soy poeta
no he ganado concursos literarios,
no soy poeta
no he ido a recitales ni menos declamado,
solo siento el fuego de las letras
en mi interior quemando.

Estos poemas son rabia, nombran lo innombrable, se tornan arma letal que exige una transformación social y vislumbra la esperanza de que el mundo se convierta en un espacio más habitable para todxs.
Negra, mujer, pobre, feminista, escritora. Múltiples subalternidades que obligan al grito y la denuncia. Ester Pineda escribe para aquellos que piensan al otro sin condiciones, escritura no pedida, escritura del deber y la responsabilidad de nombrar al otro.
Con un lenguaje despojado, sin recursos retóricos que de alguna manera cubran o disimulen el dolor de ser desechos de una sociedad que no brinda hospitalidad, sino que expulsa y lastima, la escritora manifiesta el resentimiento sin eufemismos, sin máscaras, y logra un poemario que bien podría estar con todo derecho dentro de nuestra poesía social latinoamericana.



Resentida
Esther Pineda G.
Editorial Sudestada

112 páginas
Buenos Aires 2020

Autores

  • Silvia Giambroni es profesora de Lengua y Literatura, pedagoga, pero por sobre todas las cosas, lectora. Trabajó 32 años en la docencia. En Barbaria hace lo que más le gusta que es seleccionar poemas porque sí, con la intención de compartirlos, darlos a conocer, donarlos a quien quiera, para hacer de este mundo un lugar, aunque sea por un momento, más habitable.

Un comentario

  • Excelente artículo para volver a altavoz, parlante, bombo y redoblante a la fuerza de lo que expresa Esther Pineda y que exige ser ampliada. Gracias Silvia Giambroni.

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