[Testimonios] I Want Your Love (el sexo explícito -o casi- en el cine)

1

Fotograma de El último tango en París, de Bernardo Bertolucci

Casi nunca el sexo en escena, insinuado o explícito, de todo tipo, me ha convencido en las películas normales o en las de vanguardia, cinearte digamos.

El diablo en el cuerpo de Bellocchio era osada, pero parecía hecho todo a propósito para dar vuelta las normas y hacer algo «por primera vez».

También Los amantes sorprendía, pero se veía la mano de obra.

El imperio de los sentidos era una carnicería.

Último tango en París armó un gran revuelo, pero no se veía casi nada, era pura mímica, digan lo que digan, y lo sé de buena fuente –gente amiga mía y muy amiga de Maria Schneider en aquellos años.

Pero eran películas valientes, que se atrevían a empujar los límites, como Perdidos en la noche, que se atrevió a mostrar lo que pasaba en un cine porno gay solo insinuando.

Últimamente en La vida de Adele se supo que se habían usado vaginas de utilería y El desconocido del lago era tan mala que algunas escenas fuertes ni me mosquearon.

 

Fidelidad, de Nigina Sayfullaeva

2

La primera vez que vi las manos de un marido sobre los pechos de su mujer fue en Los 400 golpes: ella estaba vestida, en la cocina abriendo un aparador, y él la abrazó por detrás. Quedé impactado, azorado, me parecía el colmo de la audacia. Otra vez recuerdo mi confusión y vergüenza con La ronda de Roger Vadim y las escenas de cama de Jane Fonda. Había ido con mi mamá, me dejaron pasar porque llevaba puesto el uniforme del liceo militar, pero tenía solo 16 años. No aguantaba ver semejante cosa al lado de mi madre, casi cerré los ojos, cuando en realidad no pasaba casi nada. Es que para aquellos tiempos, los primeros 60, era demasiado.

Además de Warhol o John Waters o Chantal Akerman, que son casi excepcionales en su audacia y en quienes se nota gran libertad, casi nunca luego vi el sexo tratado con desparpajo. Ah, en Shortbus también. Y en algunas películas coreanas o de Taiwan, pero bueno, no pretendo incluir todo el cine que se salva en este escrito.

Las cosas por su nombreLes Valseuses o Las que cuelgan– de Bertrand Blier, fue casi una maravillosa excepción, mostraba el sexo como puro juego y regocijo y placer –no escapaba de la pulsión de muerte, representada por Jeanne Moreau–, y aunque ahí tampoco se veía casi nada, te daba vueltas la cabeza por su desenfado y sensualidad. Que es lo que vale.

 

3

Durante muchos años, inspirado en mi vida amorosa, pensé hacer una película que solo describiera, en toda su extensión, un encuentro amoroso/sexual entre dos hombres. Los escarceos, la excitación, la piel de gallina, los suspiros, los gemidos, las negativas, la sumisión, el placer, el no placer, los descubrimientos, la entrega, las desilusiones, los desencuentros, el orgasmo, el después. Una vez hice la versión de una obra, La ronda, de Arthur Schnitzler, y la llamé Post Coitum Animal triste. Se ve que aquella experiencia con mi mamá me había marcado. Pero en mi película solo quería rescatar el placer. En 90 minutos.

 

4

I Want Your love, de Travis Mathews

I Want Your Love de Travis Mathews cuenta una historia creíble, de alguien, un diseñador gay –de más de treinta o por ahí– que se tiene que ir de San Francisco a su pueblo natal por problemas de plata y hace una fiesta de despedida en su casa. Es todo casi puro sexo gay, mostrado sin problemas, como parte de la vida. Y lo muestra de principio a final.

La película fue producida por una compañía porno, NakedSword, arriesgando y sabiendo que hacía algo diferente. James Franco protestó por las prohibiciones que tuvo en distintos festivales y realizó algún film con su director.

Es una película, aparte de la crudeza, muy humana y con una gran actuación –Jesse Metzger–, con los actores usando su propio nombre y colaborando en el guion. El director se propone también, en su vida fílmica, reflejar y contar las historias íntimas sin vuelta, incorporando al sexo como lo que es: parte de la vida. Una serie que dirige desde hace varios años en distintas ciudades se llama In Their Roomy muestra lo que sucede en la intimidad entre hombres con naturalidad.

Esto es lo contrario de lo que pasa en la película rusa Fidelidad –Vernost–, con una actriz bellísima y muy buena –Eugenia Gromowa–, que se la pasa mostrando su cuerpo desnudo y adoptando poses eróticas al borde de lo explícito y a veces dentro, pero donde la luz y los encuadres exquisitos desnudan el refinamiento y preciosismo cinematográfico, que aleja la vida y la sensualidad.

Creo que he dejado pasar mucho de la historia del cine, Louise Brooks por ejemplo, y espero no haber cometido grandes errores simplemente porque me entusiasmé con una película. Es que I want your love.

 

 

 

Autor

  • Licenciado en Cine UNC, luego integrante del LTL. Vivió exiliado 10 años y a su regreso, en 1984, fue director de teatro de varios grupos reconocidos y docente en Cine y Teatro de la UNC, de donde se jubiló en 2017. Desde 2008 escribe novelas y relatos autobiográficos. Ya tiene 16 libros publicados, entre los que se destacan El chico y Perla, un retrato del vínculo con su madre.

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