:Tomá 5: Talismanes de la infancia (Nicolás Jozami, escritor)

1- Todo Kafka

 

Al principio hay la portada de un libro con un hombre que camina sosteniendo una escalera; a lo lejos, con una bruma engañosa, se logra distinguir una montaña omnisciente. Es la imagen de una edición de Losada de El Castillo, de Franz Kafka. ¿Qué sentí cuando comencé a leer ese libro, y a buscar después sus escritos como una jaula sin pájaro? Este tipo no buscaba ni ser ingenioso, ni contar algo para que no me aburriera, ni buscaba cambiar la forma de escribir. Este tipo inventa -con una carcajada absurda- lo humano, me dije. Nunca dejo de sentir eso cada vez que lo leo. Loas, querido Franz.

2- Peligro en la selva, de Horacio Quiroga. Ediciones del Quirquincho

Escondido entre las sábanas, leía de niño estos cuentos de Quiroga, que me había comprado mi mamá. No sé si me daba cuenta, pero el modo de hacer florecer el miedo, las sensaciones, la “lectura” estaba en lo que escribió este uruguayo que adoptamos y que -por envidia- algunos denostaban. Si me apuran, diría que los mejores cuentos de Quiroga son mejores que los mejores de los popes de la revista Sur.

3- Socorro, de Elsa Bornemann, ediciones REI

Vacaciones en Uruguay con mi familia. Me compraron Socorro, 12 cuentos para caerse de miedo. Frankenstein en la tapa. Un Frankenstein bonachón, que no pegaba con lo que había adentro. No sé si Bornemann llegó a dimensionar lo que consiguió con estas creaciones: infundir tan perfectamente el miedo en tantas generaciones de niños y adolescentes no es cosa fácil, porque el verdadero miedo es el que tienen los niños y adolescentes. Si hay reencarnación, me anoto para ser por un tiempito Elsa Bornemann, precisamente en el momento en que pensó, elucubró y escribió “Manos”. No puedo pasar por una pieza de campo o sierras sin pensar en ese cuento y en esas niñas. Loas a Bornemann.

4- He-Man/Superman

Me marcaron con un sello indeleble. El melenudo de Eternia conjuga esa fuerza universal con la mesura de sus reflexiones atemperadas y su cadencia nada impostada. Como suele suceder, me atraía también por los enemigos a los que debía enfrentar. Por su parte, el kryptoniano me metió en su bolsillo con la película de 1978, precisamente con la escena final,aquella donde mueve la Tierra en sentido contrario para volver el tiempo atrás y -entre otras cosas- “revivir” a Luisa Lane. Quién pudiera.

5- Videojuegos

Arcade, juegos de pelea. Street Fighter II, Mortal Kombat, Fatal Fury, King o Fighters, Final fight, Street Smart, Art of fighting, entre tantos otros. No es falsa modestia (pueden acreditarlo mis amiguitos de esas épocas): era un muy buen jugador y aprendía rapidísimo los trucos. Tras pedir unas monedas a mis abuelos, podía pasarme unas 6 horas jugando con unas poquísimas fichas. Fue una vida paralela (la lectura fue la perpendicular). Las pesadillas no son solamente sueños feos: cuando soñé de niño que me esperaba en el living de casa un hermoso Arcade con un juego de pelea, me levanté de un salto y fui a buscarlo; al encontrar el espacio vacío, supe que la vida tendría esos sinsabores, a veces tan unidos a las alegrías que es difícil distinguirlos, la pucha.

  • Nació en Santa Rosa, La Pampa, en 1979. Es Licenciado en Comunicación Social y en Letras Modernas (UNC). Ha publicado los libros de cuentos: La quimera(2009), El brillo gemelo (2016), La joroba del Edén (2018) y Hueso al cielo (2018).

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